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Palabras de Su Majestad el Rey al Parlamento de Austria

Austria(Viena), 01.02.1978

S

eñor Presidente, deseo, ante todo, agradecer vivamente la amable invitación que me habéis dirigido para visitar la sede del Parlamento de Austria. Las nobles tareas que se desarrollan en esta Asamblea constituyen el cimiento firme sobre el que descansa la ordenación del Estado, continuando en los tiempos modernos las venerables tradiciones que se preservan y que parecen respirar entre los muros que nos rodean.

Nuestros tiempos son, ciertamente, muy diferentes de los que acabo de evocar. Y, sin embargo, el sentido profundo de la historia vuelve a acercarnos a austríacos y españoles. La Austria de nuestros días, renacida como Estado independiente y democrático de una manera que se ha considerado milagrosa, pero que en realidad se debe a la constancia y la fortaleza de sus ciudadanos, se afirma después del Tratado de Viena de 15 de mayo de 1955 como un país moderno llamado a desempeñar un importante papel en la política internacional. Nuevamente, resurge en el escenario mundial la polarización de fuerzas políticas animadas por opuestas ideologías, en un enfrentamiento que proyecta sus sombras hacia todos los rincones del mundo, y otra vez se encuentran los representantes y los dirigentes de las naciones ante el desafío de tener que crear las estructuras políticas, económicas y sociales que sirvan de puente para superar el abismo que separa a unos pueblos de otros y los abismos de temor, de pobreza y de ignorancia en que una gran parte de la humanidad se encuentra sumida en estos momentos.

En estas exigencias de nuestra época se vuelven a encontrar Austria y España, que profesan análogos ideales. España está completando en estos momentos sus estructuras democráticas y preparando la Constitución que habrá de regir sus destinos en el futuro, y, al propio tiempo, se dispone a incorporarse orgánicamente a las tareas colectivas de Europa, recobrando el puesto que en este quehacer conjunto le corresponde.

Desde la incorporación de España al Consejo de Europa, los parlamentarios de nuestros dos países comparten unas responsabilidades comunes al debatir y adoptar recomendaciones en ese foro elevado de su Asamblea parlamentaria al que incumbe una tarea ciertamente noble y de innegable importancia para la preservación de los ideales que constituyen nuestro más preciado patrimonio colectivo.

Quisiera dejar constancia aquí del agradecimiento de la España democrática al aliento y al decisivo apoyo que ha recibido de Austria en su camino hacia la plena integración como miembro de pleno derecho del Consejo de Europa y de su Asamblea parlamentaria.

Con este testimonio de reconocimiento, formulo mis más cordiales augurios por el feliz desarrollo y el éxito permanente de vuestros trabajos en pro de los altos intereses nacionales que tenéis encomendados.

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