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Palabras de Su Majestad el Rey a los Reyes Carlos Gustavo XVI y Silvia de Suecia y al pueblo sueco

Suecia(Estocolmo), 16.10.1979

M

ajestad, al agradecer las palabras, llenas de afecto, que acabáis de pronunciar, y la generosa hospitalidad con que nos habéis acogido, la Reina y yo queremos expresaros nuestra satisfacción por estar hoy entre vosotros, en esta tierra que un poeta español cantó como remota y fría, y que hoy sentimos tan próxima en el afecto y tan cálida en la amistad.

Hace ya más de medio siglo que mi abuelo, el Rey Alfonso XIII, visitó vuestro país, correspondiendo a la visita que había hecho a España el Rey Gustavo, dando así testimonio de la voluntad de estrechar los vínculos entre dos países situados en los confines de Europa.

Yo quisiera hoy ver en mi visita un reencuentro entre España y Suecia, proyectado hacia un futuro de fructífero esfuerzo conjunto, al servicio del bienestar de nuestros pueblos y de la causa de la paz. Un reencuentro entre dos viejas naciones europeas que, aunque alejadas por la geografía y enfrentadas a veces por los avatares de la historia, han vivido intensamente algunos de los momentos decisivos de nuestro continente y han compartido, quizá, en mayor medida que otros pueblos de Europa, un mismo gusto por la aventura y una misma pasión por la libertad.

Dos países que, a pesar de su diversidad, han experimentado una mutua y a veces poderosa atracción, de la que han dado testimonio Calderón y Saavedra Fajardo, Strindberg y los viajeros suecos que, desde el siglo xix, han buscado en nuestro país el punto de destino en su peregrinar hacia las tierras cálidas del sur.

Dos pueblos de honda tradición marinera, de bien templado ánimo, cuyos navegantes nunca sintieron temor ante las leyendas del mar tenebroso, es un esfuerzo colosal por dominar los secretos del océano y rodear la tierra.

Hoy, estos dos pueblos tienen muchas cosas en común.

España y Suecia son dos monarquías parlamentarias y constitucionales, dos sistemas políticos pluralistas que comparten una misma fe en los principios democráticos y que se esfuerzan por construir y preservar un modelo de sociedad basado en la libertad y en la justicia. Dos pueblos que contribuyen, desde su diversidad, a dar credibilidad y plenitud a Europa y a sus instituciones, y que están llamados a una cooperación más estrecha encaminada al logro de objetivos comunes.

Destaca entre estos objetivos la acción en el seno del Consejo de Europa para hacer la colaboración entre los países del norte y del sur, de la periferia y del centro del continente, un instrumento capaz de eliminar las desigualdades y corregir los desequilibrios entre los países más desarrollados y los menos favorecidos.

En este mismo marco europeo, hemos apoyado la iniciativa del Gobierno sueco para convocar una conferencia sobre emigración, que deberá celebrarse el año próximo en Estrasburgo, y donde se tratarán los problemas sociales, culturales, económicos y humanos de esos trabajadores que, alejados de su patria y de su hogar, están contribuyendo con su esfuerzo al desarrollo y a la propiedad de los países europeos.

Situada en una posición geo-estratégica de primer orden, Suecia ha contribuido de manera singular a tender puentes de entendimiento entre el este y el oeste, poniendo su esfuerzo renovado al servicio de la distensión y de la paz. España considera que la distensión debe ser un proceso en permanente avance y confía en que, con el esfuerzo de todos, la próxima Conferencia de Seguridad y Cooperación en Europa, que ha de celebrarse en Madrid, contribuya a consolidar los esfuerzos en favor del entendimiento, de la confianza y de la ayuda mutuas entre todos los pueblos de Europa.

Creemos que esa decidida voluntad de paz de Suecia y España nos debe llevar a una más estrecha concertación de nuestra acción en los campos donde proyectamos nuestro esfuerzo por crear las condiciones que hagan posible la construcción de un mundo menos conflictivo, y de un orden económico y social más justo.

Estamos a favor de que ese nuevo orden contribuya al desarrollo integral y armónico de los pueblos.

Apoyamos la defensa de los derechos humanos como principio y fundamento de la verdadera paz.

Estamos dispuestos a unir nuestros esfuerzos a los de todos aquellos países que luchan contra la contaminación de nuestros mares y el deterioro de la calidad de la vida, a fin de conseguir para las generaciones venideras una tierra más limpia, más habitable y más humana.

Los lazos a que me he referido y este común esfuerzo en la construcción de la paz, deben constituir las bases para un nuevo y vigoroso impulso de las relaciones bilaterales, en beneficio del bienestar de nuestros pueblos. España y Suecia pueden ensanchar los cauces de su cooperación, especialmente en el campo científico y tecnológico, donde existen alentadoras perspectivas; y deben estrechar sus vínculos culturales, para profundizar en su comprensión mutua y dar a las relaciones humanas y a los contactos que se han ido estableciendo en los últimos años, y a los que os acabáis de referir, una nueva y más fecunda perspectiva.

Son cada vez más numerosos los visitantes y los residentes suecos en España, y son muchos los españoles que se han acogido a la hospitalidad de vuestro país y que desarrollan en él sus actividades laborables. España no los olvida y quiere que unos y otros reciban los beneficios de una acción cultural y una asistencia social que les permita el pleno desenvolvimiento de su personalidad.

También en el campo empresarial y en el de las relaciones económicas, financieras y comerciales, tenemos muchas vías por explorar y buenas posibilidades de incrementar el volumen de los intercambios entre dos economías que, en buena medida, siguen siendo complementarias.

Majestad, he agradecido las amables palabras que habéis tenido para la Reina y para mí. Me cumple ahora, por mi parte, expresar públicamente la admiración que siento por vuestra persona y por las virtudes de este pueblo inteligente y laborioso que ha sabido crear una sociedad moderna, próspera y libre. Una sociedad que, lejos de sumirse en el egoísmo de su estabilidad y prosperidad, se ha proyectado hacia los demás y ha dado pruebas de una solidaridad ejemplar con los pueblos más necesitados.

Por este noble pueblo de Suecia, por su ventura y prosperidad, levanto mi copa, así como por la continuada amistad entre nuestras dos naciones y la felicidad personal de Vuestras Majestades.

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