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Palabras de Su Majestad el Rey al Presidente de Austria Rudolf Kirschschlager y al pueblo austriaco

Madrid, 03.10.1979

S

eñor Presidente, sumamente me complace tener la ocasión de dirigirme a Vuestra Excelencia con motivo de su visita a España. No podemos olvidar la Reina y yo la que efectuamos a vuestro país a principios de 1978, y durante la cual tantas y tan especiales atenciones y muestras de amistad recibimos.

Austria evoca para un europeo un hecho histórico central, una comunidad y una construcción política sin la cual nuestra historia sería inexplicable.

El Imperio, Viena, los austríacos son conceptos y palabras claves, casi míticos, alrededor de los cuales gira un proceso histórico y una idea de Europa que no ha perdido aún su vigor y vigencia.

Si es así de fuerte la impronta austríaca en Europa, ¿qué no representará vuestro país para mí y mis compatriotas en nuestra doble condición de españoles y europeos?

En el nacimiento de España como nación en los albores de la Edad Moderna, ésta se adentra en la historia unida con Austria bajo el Imperio investido en nuestro Carlos I y vuestro Carlos V. Al separarse, España se encuentra en el pináculo, y es una potencia vigorosa «sobre cuyos dominios no se pone el sol». Más tarde, a lo largo de los siglos, nuestros destinos se entrecruzan de manera constante en la guerra y en la paz y las culturas e intereses de ambas naciones se dan validez mutua y fuerza renovada.

Ahora, tras el largo y azaroso viaje de su historia repleta, rica y compleja, Austria, uno de los países europeos con más tradición y más profundo acervo cultural, es, además un país moderno, joven, una democracia modelo de estabilidad política, de justicia social y de progreso económico que juega un importante y delicado papel en la vida internacional.

Al servicio de la comunidad internacional, es vuestro país puente y punto de encuentro.

La política de neutralidad activa constituye una de las aportaciones más originales e importantes de Austria a las relaciones internacionales. En la ejecución de dicha política, ha puesto a disposición de las Naciones Unidas contingentes militares que desarrollan misiones en lugares conflictivos del globo, está jugando un papel constructivo en oriente medio, particularmente destacado, y participa en los foros europeos siempre de forma muy activa, especialmente en el Consejo de Europa y en la Conferencia sobre la Seguridad y la Cooperación en Europa.

Desde antiguo, el valle del Danubio ha desempeñado un importantísimo papel como vía de paso para lo intercambios comerciales y culturales entre los pueblos del oriente europeo, y aun asiático, y las regiones renanas. El Limes romano centroeuropeo estaba en el Danubio.

Austria, en la actualidad, sigue sirviendo de vínculo entre los países de la Europa del este y del oeste y a través de ella se canaliza una buena parte de los intercambios comerciales y el tránsito de mercancías entre ambas Europas.

Viena es la sede de las conversaciones sobre reducción de fuerzas y en ella han firmado, recientemente, los segundos acuerdos SALT, los Jefes de Estado de la Unión Soviética y de Estados Unidos.

Estas excelentes relaciones de Austria con todos los países del mundo han hecho de ella lugar ideal de asentamiento de organismos internacionales y centro de celebración de importantes conferencias, alguna de ellas de enorme trascendencia en el diálogo entre países en desarrollo y desarrollados, como la reciente sobre ciencia y tecnología para el desarrollo.

Austria y España pertenecen hoy a una comunidad de naciones pluralistas y democráticas que participan de unos principios e ideales comunes: el imperio de la ley, la defensa de la libertad y los derechos del hombre y la implantación de la justicia social.

En el campo internacional, ambas naciones consideran prioritario el mantenimiento de la paz y de la seguridad, dentro de una política de distensión y de cooperación entre oriente y occidente, compatible con la defensa firme del respeto a los derechos humanos. Ambas entendemos también que es necesario superar el desequilibrio que a escala mundial continúa existiendo entre los países industrializados y los que están en vías de desarrollo, mediante un nuevo orden económico internacional más justo y equitativo.

Estos puntos de referencia comunes tanto por lo que se refiere a la organización interna de sus respectivas sociedades, como a los principios que deben regir las relaciones entre los Estados, propician el ambiente amistoso y fructífero que preside los contactos que nuestras dos naciones mantienen en relación con los trabajos de la próxima conferencia sobre la Seguridad y la Cooperación en Europa que se reunirá en Madrid.

Por lo que se refiere a nuestras relaciones bilaterales, óptimas ya en los planos político e ideológico, pueden y deben desarrollarse al nivel que merecen en los terrenos cultural, económico, turístico, científico y comercial en esta nueva etapa abierta por el establecimiento de la monarquía democrática.

Nuestra visita a Viena significó una aportación decisiva para la intensificación de las relaciones, en todos los órdenes, con España. Se han sucedido conciertos políticos, comisiones y acuerdos bilaterales, armonización de intereses en planos multilaterales y de la organización mundial.

Estoy seguro, señor Presidente, de que vuestra visita a España significará un paso más en la acción político-diplomática de nuestras dos naciones, por tantos conceptos hermanadas y partícipes en un pasado cultural e histórico común.

Por todo ello, señor Presidente, deseo agradecer en nombre del gobierno y del pueblo español, su presencia en nuestra patria y desearle de todo corazón encuentre en ella la misma simpatía y amistad con que la Reina y yo fuimos acogidos en Austria.

Levanto mi copa por la permanencia de esa amistad entre nuestras dos naciones, así como por vuestra ventura personal y por la del pueblo de Austria.

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