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Palabras de Su Majestad el Rey en la cena de gala ofrecida en honor del Presidente de Panamá, Sr. Arístides Royo

Palacio Real de Madrid, 27.04.1979

S

eñor Presidente, como miembros de una misma familia, nos reunimos esta noche en Madrid para proseguir el diálogo mantenido en Panamá. Un diálogo que iniciamos hace siglos y que, a través de los avatares de la historia, nos une en un abrazo fraterno de sincera ilusión por el bienestar recíproco.

La Reina y yo tenemos un recuerdo entrañable del pueblo y del gobierno panameños; de los momentos vividos en esa corta e intensa visita de septiembre de 1977; de esa realidad comunitaria, latente y potencial, que supisteis plasmar como ninguno en torno a la festividad del 12 de octubre.

Hemos admirado la tenacidad con que el pueblo panameño ha sabido defender su dignidad nacional, reivindicando, por la vía pacífica de la negociación y del entendimiento, unos derechos y una participación que le eran debidos. España, que en la crisis panameña supo entender las razones de justicia con su respaldo, se solidarizó en el momento de la alegría y felicitó sinceramente a ambas partes interesadas por la forma en que se llegó al acuerdo. En la vida de convivencia internacional hay resultados que ennoblecen a quienes en ellos participan y los convierten en ejemplos a seguir.

Señor Presidente, os damos la bienvenida a esta tierra que sabemos está tan ligada a vuestros recuerdos de estudiante y a vuestros afectos íntimos. Acogemos en vuestra persona a uno de los exponentes insignes de la viva y fecunda tradición de la universidad salmantina. Recibimos al hombre que ha querido plasmar por la vía de la unión personal, esa realidad imperecedera y viva que es la comunión de sangre y de espíritu. Saludamos en vuestra ejecutoria al político preocupado por la formación y el bienestar cultural de las futuras generaciones. Brindamos por el Presidente de un país que ha hecho, en su propia existencia, un ejemplo vivo de solidaridad fraterna, más allá de los márgenes nacionales, asumiendo el papel de bisagra continental que el destino estratégico ha deparado como responsabilidad a la República de Panamá.

El Canal ha sido, a través de la técnica, la culminación lógica de una condición geopolítica, que ha hecho de vuestro país el protagonista singular de una de las encrucijadas mundiales más decisivas de los últimos cinco siglos. Como Rey de un pueblo que sabe profundamente las obligaciones y sacrificios a que obligan tales destinos, situados en otra de las llaves cruciales de la geografía de las comunicaciones y de los intereses codiciados, tenemos títulos y razones para comprenderos y para sentirnos hermanados en vuestras preocupaciones y en vuestro propio destino. A Panamá y al pueblo panameño nos une, pues, no sólo la procedencia común de un tronco consanguíneo hecho de tradición y cultura, sino el peso enaltecedor y comprometido de una similar responsabilidad internacional.

Señor Presidente, España concibe esa responsabilidad como un servicio, cuyo destinatario real es precisamente la comunidad internacional en su totalidad, sin restricciones y sin discriminaciones inaceptables. Pensamos que las vías de comunicación han de quedar libres al tráfico pacífico y permanecer como tales, incardinadas en esa concepción de la libertad que nos legaron nuestros más preclaros pensadores. Quien pretenda atentar contra ese espíritu, atenta por lo mismo contra nuestra propia concepción como nación.

En esa actitud de principio que declaramos, conscientes de contar con la voluntad nacional, partimos de un concepto de independencia exterior, precisamente porque nos mueve el deseo de servir, más y mejor, a una convivencia pacífica, base y fundamento de la comunidad internacional que anhelamos.

Con ello no hacemos sino rendir homenaje a esos teólogos que sellaron el pensamiento del siglo xvi y que sumaron su gloria a la milenaria de esa Universidad que es vuestra alma mater. Con ese espíritu que en gran tradición salmantina prevalece, os damos hoy la bienvenida más calurosa, en compañía de vuestra dignísima esposa, al brindar por la prosperidad del pueblo de Panamá y por vuestra felicidad personal y familiar.

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