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Palabras de Su Majestad el Rey en la entrega de diplomas e imposición de fajas en la Escuela de Estado Mayor

Madrid, 25.04.1979

U

n año más me cabe la satisfacción de encontrarme en esta Escuela para asistir al acto de entrega de diplomas e imposición de fajas a una nueva promoción de jefes y oficiales de las Armas, que han cumplido con éxito sus esfuerzos para capacitarse en el servicio de Estado Mayor.

Mi enhorabuena cordial para todos.

Para los miembros de las Fuerzas Armadas que hoy se ciñen por primera vez la honrosa faja azul.

Para los alumnos de países extranjeros que han realizado aquí sus estudios y a los que deseamos conserven siempre el mejor recuerdo de los días pasados en esta Escuela, con sus camaradas españoles.

Para vuestras familias, que han tenido que participar en vuestro prolongado sacrificio y que hoy comparten vuestra alegría.

Enhorabuena también para el director y los profesores del centro, que han ejercido con dedicación y acierto la elevada función de la enseñanza.

Y enhorabuena, finalmente, al ejército, por enriquecer sus filas con una nueva promoción, que al terminar brillantemente esta etapa de su formación en la vida militar va a aportarle los conocimientos y perfeccionamientos adquiridos.

Vuestra incorporación al ejército como jefes y oficiales del Servicio de Estado Mayor coinciden con el incremento -que cada día tiene lugar- de la necesidad de especialización; de la exigencia de la colaboración a las reestructuraciones orgánicas que requieren los nuevos tiempos; de la demanda de aportación de conceptos modernos que, sin embargo, no olviden ni abandonen las clásicas tradiciones ni las enseñanzas de la historia.

Los medios actuales condicionan enormemente la organización operativa de los ejércitos; pero esto no significa que su esencia haya de cambiar.Porque a lo largo de los años los ejércitos se adaptan a las circunstancias de cada momento, sin que dejen de conservar su profunda y rica tradición histórica.

Por eso debemos tomar ejemplo del viejo planeta que habitamos y que -como dijo un pensador español- «siendo tan antiguo, tiene capacidad para renovarse cada primavera».

Estoy seguro de que vosotros aportaréis al ejército ese espíritu renovador que, enmarcado en la experiencia deducida del estudio del pasado, contribuya al logro de un futuro de unión, de colaboración y de eficacia.

La complejidad de los problemas que se plantean al mando es hoy de tal importancia, que resulta imposible solucionarlos gracias tan sólo a la voluntad o inspiración de una sola persona. De ahí la necesidad del trabajo en equipo. De ahí la necesidad de confrontar las opiniones, los informes y las ideas de los diferentes miembros de un Estado Mayor que, conocedores del problema, lo estudien desde sus diferentes aspectos, desde sus distintos puntos de vista.

Esta confrontación es válida y enriquecedora hasta el momento en que, al adoptar el mando una decisión, las voluntades de los componentes del Estado Mayor han de orientarse única y exclusivamente a conseguir el éxito de la determinación adoptada, prescindiendo ya de los criterios personales en su momento aportados y expuestos.

Esto, en ocasiones, exige sacrificios y renuncias y constituye una de las servidumbres de nuestra misión, pero en ella misma radica su grandeza.

También en el desarrollo de los pueblos es necesario que todos aprendamos a respetar y acatar las decisiones que se toman con apoyo en la voluntad popular manifestada con arreglo a las leyes.

Cada uno tiene ocasión de formular su criterio o de mantener su apoyo a las ideas, a los programas o a los propósitos con los que se encuentra más de acuerdo; pero también es imprescindible que al producirse el resultado mayoritario, todos sepamos aceptarlo y nos esforcemos en conseguir los objetivos beneficiosos para España, sin que se ejerza la violencia o se vulneren las leyes, porque aquel resultado no coincida con los propios deseos.

En la vida de una nación, lo mismo que en unas operaciones militares, es preciso mantener constantemente el conocimiento y el dominio de la situación y tomar la decisión sin demoras ni precipitaciones, sin dejar de contemplar el objetivo final y aplicando un plan de maniobra meditado y acorde con el teatro de operaciones y con las circunstancias de todo orden que en la situación concurren.

Estas mismas circunstancias, variables, pueden motivar en muchos casos la necesidad de introducir cambios, de desplegar con rapidez la imaginación y tener el acierto de improvisar sobre la marcha de la medida adecuada.

Esto es un arte en la milicia y en la política.

Pero también hay posiciones clave, que no pueden abandonarse en modo alguno y que deben defenderse a toda costa _en la milicia o en la política_, porque sobre ellas descansa el resultado final de la batalla o la conservación de unos principios inmutables sin los cuales los pueblos y las naciones pierden su esencia y su razón de ser.

Sobre estas posiciones y sobre esos principios no cabe la transigencia, la negociación o el acuerdo.

Los símbolos que representan a la patria, los principios en que se apoya nuestra historia y nuestra manera de ser, los preceptos que las leyes recogen y que todos hemos de respetar y defender no pueden ultrajarse ni menospreciarse, porque la tolerancia pudiera parecer que se trocaba en indiferencia o en temor.

Yo estoy seguro de que vuestra moral y vuestra técnica, vuestros conocimientos y vuestro espíritu, vuestro patriotismo y vuestro sentido del deber serán de extraordinaria utilidad para las Fuerzas Armadas, cuya misión señala con claridad la Constitución al encomendarles garantizar la soberanía e independencia de España y defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional.

Para terminar, agradezco la asistencia de cuantas autoridades están presentes en este acto, de tan acusada significación para el ejército y en el que hemos tenido ocasión de escuchar la magnífica lección que pone fin al curso.

A los nuevos jefes y oficiales de Estado Mayor, mis deseos de éxito en vuestras nuevas responsabilidades que afectan a esta gran empresa que a todos nos ocupa y que se llama España

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