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Palabras de Su Majestad el Rey al Parlamento de Jordania

Jordania(Ammán), 13.11.1994

R

epresenta un gran honor y una profunda satisfacción dirigirme a los pueblos representantes de la nación y el pueblo jordanos en el curso de mi visita de Estado a vuestro país. Quisiera aprovechar la oportunidad para transmitiros un mensaje de solidaridad y fraternidad del pueblo español por tantos vínculos históricos y actuales con Jordania.

Somos conscientes de la historia compartida, que no sólo ha dejado una herencia cultural árabe de enorme significación en la historia española, sino que ha contribuido a definir nuestra identidad nacional. Una herencia que aproxima a nuestros pueblos y facilita la comprensión y la amistad entre ellos.

Pero miremos ahora hacia el presente y, sobre todo, hacia el futuro de las relaciones entre nuestros dos países y de su posición en la comunidad internacional.

Empezaré por referirme, con satisfacción, al excelente estado de las relaciones bilaterales, libres de problemas o sombras en lo político y en lo institucional y llenas de convergencias y de visiones compartidas en cuanto al futuro.

Es voluntad de España, y creo que también de Jordania, conseguir aceleradamente que estos vínculos se amplíen, intensifiquen y profundicen en todos sus aspectos y desarrollen todas sus potencialidades en el nuevo horizonte de paz, estabilidad y cooperación que hoy se está levantando en esta región del mundo. La valiente decisión de vuestro pueblo, y el liderazgo y empuje personal de sus máximas instituciones, han contribuido de forma muy notable a hacer posible este nuevo horizonte, que ha de ser el marco propicio de nuestro intensificado diálogo.

En vuestra reciente iniciativa de fortalecimiento de las instituciones democráticas, habéis constituido un modelo de convivencia y de entendimiento que no ha pasado desapercibido a la comunidad internacional y es la pieza esencial del crédito y la confianza de que hoy en día goza la nación jordana en el mundo.

Y lo habéis llevado a cabo en circunstancias difíciles, incluido el terreno económico, y en un momento internacional muy complejo, en que no sólo se intenta trabajosamente cimentar una nueva realidad regional, sino también cuando la propia comunidad internacional sufre mutaciones aceleradas e impregnadas de incertidumbre y de esperanza.

La experiencia reciente de mi país, con sus dificultades y retos, en la que ha predominado, en lo fundamental, el consenso y la solidaridad, nos permite acercarnos con mayor facilidad a la actualidad de Jordania.

En estas Cámaras, que hoy nos cabe a la Reina y a mí el honor de visitar, sé que conviven diversas sensibilidades sobre cuestiones importantes de vuestro devenir cotidiano. Pero sé también que, en lo esencial, predomina una voluntad de fortalecer conjuntamente una realidad nacional y una sociedad orgullosa de sus orígenes, dispuesta a no dar la espalda a los necesarios cambios y reajustes que demanda el tiempo presente y, sobre todo, decidida a que triunfen la tolerancia y la solidaridad, virtudes populares de las que sois directos depositarios.

El marco de la democracia, con partidos políticos reconocidos, pluralismo electoral, respeto de los derechos humanos, medios de comunicación libres y responsables, y los atributos institucionales que conforman un Estado de derecho, son hoy en Jordania la imagen de una indiscutible modernización del Estado. Como lo es también vuestro esfuerzo por que esa concepción de la democracia se extienda cada vez más a todos los ciudadanos en un ejercicio cotidiano que consolide los espacios de libertad, se desarrolle en los diversos órdenes de la vida nacional y se arraigue en las conciencias.

Para esta noble tarea, siempre inacabada en cualquier sociedad, contáis con un bagaje y una ilusión populares, que son vuestro principal activo; y contáis también con el empeño personal de quien se ha constituido en impulsor de esa reconstrucción democrática, Su Majestad el Rey Husseín, quien ha sabido mantener la adhesión de su pueblo al hacerse el valedor de sus más profundas aspiraciones.

Hoy caben holgadamente en este país diversas comunidades, así como diversas sensibilidades religiosas, todas ellas representadas en estas Cámaras. Esa solidaridad nacional y social es uno de vuestros mayores tesoros, es garantía de un futuro de prosperidad y concordia.Ese mismo espíritu de reconciliación y entendimiento es el que ha presidido también los valientes esfuerzos personales del Rey durante muchos años, en favor de una auténtica paz regional, aceptable para las actuales y las futuras generaciones, en la que encuentren satisfacción las justas aspiraciones y reivindicaciones de las partes enfrentadas. Y esto, no sólo en aplicación de la legalidad internacional, sino, al mismo tiempo, con una visión de futuro que permita a pueblos ligados por una geografía y una historia difíciles, pero que deben coexistir en un mismo espacio regional, disfrutar conjuntamente de los beneficios políticos y económicos que se derivarán de una paz justa y valerosa.

El proceso de paz, que nació en la Conferencia de Madrid hace tres años, entre incertidumbres y peligros, pero fortalecido por la voluntad política de las partes y por el apoyo de la comunidad internacional, es hoy una realidad prometedora y sólida, que va enraizándose en la reconciliación y la voluntad de entendimiento y cooperación de los pueblos.

Está próximo el día en que la institucionalización de la paz que ahora se está poniendo en marcha, sea comprendida y valorada por todos y que la paz, no sólo la de la legalidad internacional, sino también y más aún la paz de las conciencias, abra de par en par las puertas de una cooperación cuyos frutos sean la herencia común de todos los pueblos de esta región del mundo. Una herencia de paz y de prosperidad que la historia les debe hace mucho tiempo, que entierre definitivamente los viejos odios y relegue al olvido los sufrimientos.

Vuestro país ha sabido seguir con adecuado espíritu la sabia recomendación del sagrado Corán cuando dice: «Si tu enemigo se inclina hacia la paz, hazlo tú también y confía en Dios». De esa manera, quedarán atrás viejos rencores y se hará cierto, como señala también el Corán «que aquél de quien te separa la enemistad se convertirá en amigo ferviente».

Jordania, en concreto, ha obrado eficazmente en esta dirección y, tras alcanzar el año pasado una agenda de trabajo operativo sobre todos los puntos objeto de negociación, dio un paso fundamental, el pasado 25 de julio, con la solemne firma de la Declaración de Washington y el encuentro histórico entre el Rey Husseín y el Primer Ministro Rabin.

La firma de los Acuerdos de Paz el día 26 de octubre en Arava, marca el término de un camino recorrido en muy pocos meses, un camino casi inimaginable tras el enfrentamiento de largas décadas. Quiero, en este momento, reiterar mi felicitación a Su Majestad el Rey, al Parlamento y a toda la nación jordana por tan admirable y decidido éxito.

El proceso de paz tiene una dimensión global, en la cual las diferentes partes negociadoras y sus complejos problemas presentan inevitablemente un mayor o menor grado de interrelación.El Reino de Jordania, como todas las partes interesadas en aquel proceso y la propia comunidad internacional en su conjunto, sigue con la mayor atención la pluralidad de cuestiones planteadas, que deben resolverse mediante fórmulas justas y constructivas, atentas a las legítimas preocupaciones de todas las partes.

Jordania, tras facilitar en un primer momento la integración de los negociadores palestinos en una delegación conjunta, tuvo un papel especial para impulsar el proceso surgido en Madrid.

Esta solidaridad y cooperación entre jordanos y palestinos será capaz de responder adecuadamente a los múltiples retos que quedan todavía pendientes en el camino hacia una paz definitiva en la región.

Señor Presidente, la paz no se agota en sí misma. Es esencial que conlleve un componente humano, porque este pueblo que ha sufrido tantas privaciones y sacrificios, tiene derecho a reclamar dividendos tangibles de esa paz que, para ser auténtica, debe asimismo ser solidaria.

En ese azaroso camino recorrido desde Madrid, el apoyo y solidaridad de la comunidad internacional han venido siendo un ingrediente esencial.

España, junto con el resto de los socios de la Unión Europea, ha procurado ayudar, sin afán de protagonismo, tanto en el progresivo esfuerzo llevado a cabo en las conversaciones multilaterales, como en el necesario empuje a la voluntad negociadora de las partes.

Esta región, como toda la región mediterránea, es para España una zona de atención prioritaria. Por eso, mi país viene impulsando en diversos foros y en distintas ocasiones, iniciativas concretas para reforzar la cooperación y la seguridad de un espacio de entendimiento y comunicación mutuamente beneficiosos, tarea que obviamente quedará enormemente facilitada cuando se alcance y se consolide la paz en Oriente Medio. Las propuestas convergentes de la diplomacia jordana y española que tratan de abordar de forma integral los distintos retos de esta región, se inspiran en esta filosofía.

España asumirá la presidencia de la Unión Europea en el segundo semestre de 1995. Pueden contar con nuestra iniciativa para que Europa reafirme su compromiso político y económico en favor de Jordania. En este sentido esperamos que en ese período se pueda celebrar una conferencia de los países de la Unión Europea con los países mediterráneos, entre los que estaría incluido su país.

Majestad, excelentísimos señores, deseo, para terminar, expresar solemnemente ante esta Cámara el compromiso de mi país, no sólo de continuar ayudando a que se alcance una paz justa y duradera, que sea atesorada y cultivada con dedicación por las generaciones venideras, sino también de participar con espíritu solidario en las tareas de reconstrucción y desarrollo que se abren en esta región y en este país. Vuestro reto es nuestro reto, vuestra paz, nuestra paz.

Seamos capaces de aprovechar el tiempo, de convertir en hechos la oportunidad que ahora se nos brinda. Cumpliendo esa tarea con acierto y orgullo, estaremos en el buen camino.

Muchas gracias.

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