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Palabras de Su Majestad el Rey a la Comunidad Académica en la Universidad de Murcia

Murcia, 05.10.1994

L

a inauguración del curso académico en la Universidad de Murcia, cuyo campus se extiende también a la ciudad de Cartagena nos permite hoy combinar pasado, presente y futuro. Esta Universidad tiene el privilegio de entroncar con los estudios establecidos por Alfonso X para que se enseñara aquí, después de la reconquista, a musulmanes, judíos y cristianos.

Aquellos estudios establecidos por el Rey Sabio eran, a su vez, herederos de la rica tradición cultural árabe, lo que posibilitó en tiempo tan lejano que se impartieran en Murcia, en su más alto nivel, enseñanzas de gramática y lógica, aritmética y música, y hasta de medicina. Pero la historia de las instituciones no sólo está en su brillante pasado, sino que hemos de construirla cada día y hacerla en lo posible, mejor.

Recae sobre nuestras universidades, sobre quienes en ellas trabajan y estudian, la grata tarea y la enorme responsabilidad de acuñar una buena parte del futuro de España. Es en los campus, en sus aulas y despachos, en sus bibliotecas y laboratorios, donde debe producirse la búsqueda del conocimiento, donde surge la pasión por el saber, donde el contraste entre la diversidad de ideas y opiniones se acrisola haciendo avanzar al hombre en pos de una sociedad más libre, más justa y más responsable.

La universidad debe aportar a los ciudadanos que la sostienen los avances de la técnica y los logros de la ciencia, el conocimiento de la historia y el goce de las artes, las razones de la lógica y las bondades de la elocuencia. De ella deben salir las propuestas que mejoren nuestras reglas de convivencia, las soluciones que acallen los conflictos que nos oprimen, las respuestas a las incertidumbre que nos acechan, las luces, en definitiva, que iluminen los oscuros senderos de la ignorancia.

Son muchas las esperanzas que se depositan en docentes y estudiantes y continuos los esfuerzos por dotaros de las mejores condiciones para vuestra labor. Por ello debemos apostar para que el importante crecimiento alcanzado durante estos últimos años se vea acompañado del necesario rigor que requieren las instituciones de enseñanza superior.

En esa apuesta por la mejora de la universidad española estamos todos implicados. Pero es a vosotros, a quienes estáis en la universidad, a quien debemos pediros que os situéis nuevamente en la vanguardia de esta empresa.

Para vosotros, profesores, la obligación es doble, pues al tiempo que profundizáis en el estudio a través de la investigación creando nuevos campos de conocimiento, debéis transmitir y compartir los resultados de vuestro trabajo mediante la docencia. Sabemos que vuestra incontestable vocación os hace superar las incomprensiones, soledades y frustraciones que en ocasiones rodean vuestro quehacer. Pero también presentimos la emoción del descubrimiento, la satisfacción por la aplicación del método adecuado o la alegría por alcanzar la meta fijada.

Debéis ser conscientes de que hemos depositado en vuestras manos nuestra mayor riqueza: el conjunto de hombres y mujeres que habrán de continuarnos. Del futuro de sus acciones y de su capacidad para avanzar en el desarrollo de la sociedad seréis responsables, pues es a vosotros a quienes ha quedado encomendada su formación.

De vuestro magisterio esperamos que les iniciéis en los caminos de la ciencia, que les enseñéis la satisfacción por el trabajo bien hecho, que les alentéis en el afán de superación, que abráis sus mentes a la crítica y a la tolerancia, que les preparéis, en fin, para afrontar las dificultades que encontrarán en su vida, a luchar por la verdad que siempre lleva aparejada la lucha por la justicia y la libertad.

Recordad cuando entréis en las aulas, que sois custodios de un tesoro. Su valor, su brillo y su belleza dependerán de vuestro quehacer.

Vosotros, estudiantes, también os enfrentáis a no pocas responsabilidades. Se os ha otorgado el privilegio de acceder a la enseñanza superior. Un privilegio, no debéis olvidarlo, sostenido solidariamente por el conjunto de la sociedad, que ha depositado en vuestro mérito y capacidad su confianza, y ante la que algún día deberéis responder. Por ello, os pido que desarrolléis el sentido de la responsabilidad y del deber, que seáis creativos, que mantengáis el espíritu crítico y el corazón solidario, y que vuestro civismo sea ejemplo para los demás ciudadanos.

Ante vosotros está el futuro, que es un tiempo que os pertenece. Somos conscientes de las dificultades de un mundo cada día más complejo, pero también somos conscientes de que nunca ha habido una generación de españoles que haya gozado de vuestro nivel de formación.A toda la comunidad universitaria os reitero que el futuro no se logra hipotecando el presente, ni mediante la renuncia anticipada o el miedo a lo incierto. El futuro se forja, se labra día a día, con esfuerzo, con vigor, con ilusión. Vuestra obligación, vuestro compromiso con la sociedad es el de construir ese futuro. El de situar a España a la cabeza de la investigación y de la ciencia, como nación difusora de la cultura e impulsora de la cooperación entre los pueblos.

Queremos hoy, en el inicio de este nuevo curso académico, mostrar una vez más en esta Comunidad de Murcia nuestro decidido apoyo y aliento al mundo universitario.

Queda inaugurado el curso académico 1994-1995.

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