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Palabras de Su Majestad el Rey en la inauguración VI Coloquio Internacional sobre el Convenio Europeo de Derechos Humanos

Sevilla, 13.11.1985

E

s para mí un placer darles la bienvenida y acogerles en estos Reales Alcázares de Sevilla, escenario del VI Coloquio Internacional sobre el Convenio Europeo de Derechos Humanos, auspiciado por el Consejo de Europa y las cinco universidades de la Comunidad Autónoma andaluza.

Hay una idea eje que preside e inspira los esfuerzos que van a intentarse en este coloquio: la idea de responsabilidad. Incluida expresamente en uno de los temas elegidos para la reflexión, la idea de responsabilidad está igualmente presente en el otro de los problemas a examinar -el de la libertad de expresión y sus límites en una sociedad democrática- desde el momento en que lo mismo el derecho a la libertad de expresión y de información que sus condiciones y restricciones, son considerados, simultáneamente, como exigencias y requisitos de una sociedad democrática.

Las responsabilidades que incumben a los Estados partes en el Convenio y a los órganos en él instituidos como mecanismo de garantía y procedimiento de control tienen, en efecto, particular relevancia para la puesta en práctica del Convenio Europeo de Derechos Humanos, que no busca la protección de derechos teóricos o abstractos sino la garantía de derechos concretos y efectivos.

Por otra parte, la libertad de expresión y de información constituyen sin duda uno de los fundamentos esenciales de una sociedad democrática, aunque quepan injerencias en la misma por parte de los poderes públicos si están previstas en la ley, responden a un fin legítimo y resultan necesarias.

Cualquiera que ejerce su libertad de expresión, en efecto, asume deberes y responsabilidades, que no deberían ser vistas como frenos mecánicos, males necesarios e inevitables, sino como exigencias positivas del ejercicio de un derecho en comunidad, esto es, en una sociedad pluralista y democrática.

La idea de responsabilidad nos sitúa ante una dimensión muchas veces ignorada de los derechos humanos: la de los deberes y responsabilidades que entrañan.

Es explicable que en Estados miembros del Consejo de Europa, que reconocen el imperio del derecho y el principio en virtud del cual cualquier persona que se halle bajo su jurisdicción ha de gozar de los derechos humanos y de las libertades fundamentales, tendamos espontáneamente a poner énfasis en los derechos y libertades.

Así nos diferenciamos en definitiva, y radicalmente, de los sistemas totalitarios de cualquier signo en los que, como la experiencia cotidiana muestra, la retórica evocación de los derechos humanos se hace, ante todo, desde la perspectiva de las obligaciones y deberes del hombre respecto del Estado.

No deberíamos, sin embargo, tener miedo de palabras tan nobles como deberes y responsabilidades, empleadas con pleno sentido en un texto tan esencial como la Declaración Universal de Derechos del Hombre, de la que el Convenio Europeo de Protección de los Derechos Humanos y de las Libertades Fundamentales se proclama como una primera medida para asegurar la garantía colectiva de algunos de los derechos en ella enunciados.

Los Estados partes en el Convenio Europeo de Derechos Humanos, todos los Estados miembros del Consejo de Europa, y los órganos previstos en el Convenio, incluido el Comité de Ministros, tienen responsabilidades y deberes respecto de la plena efectividad del orden público europeo que el Convenio establece.

En un orden de ideas semejante, el ejercicio del derecho a la libertad de expresión y de información tiene límites, que cuando son legítimos y necesarios, son también una exigencia de nuestras sociedades democráticas y encuentran justificación en el marco de responsabilidad en que todo derecho y toda libertad debe ser ejercido.

He aquí por qué he hablado de responsabilidad como idea eje y columna vertebral de los trabajos que van a emprender en este VI Coloquio Internacional sobre la Convención Europea de Derechos Humanos.

Permítanme ahora una reflexión personal relacionada con el hecho de que este coloquio sobre el Convenio Europeo de Derechos Humanos esté auspiciado por el Consejo de Europa y las cinco universidades andaluzas.

Pocos días después de haber suscrito el instrumento de ratificación por España del Convenio Europeo de Protección de Derechos Humanos y Libertades Fundamentales, visité Estrasburgo, la víspera misma de la publicación de dicho instrumento de ratificación en el Boletín Oficial del Estado, en octubre de 1979. Tuve entonces ocasión de pronunciar dos discursos: uno ante el claustro de la Universidad de Estrasburgo y otro ante la Asamblea Consultiva del Consejo de Europa.

¿Cómo no evocar este signo de la universidad y el Consejo de Europa en estos momentos? ¿Cómo podría omitir una referencia a la feliz coincidencia de que este coloquio esté patrocinado por las universidades de la Comunidad Autónoma de Andalucía y el Consejo de Europa?Pienso que este hecho responde a una doble necesidad: la del Consejo de Europa de incitar el análisis crítico de su logro más distintivo y específico, el Convenio Europeo de Derechos Humanos, y la de las universidades de dar entrada en su quehacer a los problemas que más preocupan e importan a nuestras sociedades libres.

La ocasión me parece por tanto extremadamente oportuna para intentar profundizar tanto en los problemas de uno de los derechos reconocidos en el Convenio, la libertad de expresión en información, como sobre las cuestiones presentes en un tema más general, el de las obligaciones y responsabilidades de los Estados y de los órganos, incluidos el Comité de Ministros, en la efectiva puesta en práctica del Convenio Europeo de Derechos Humanos.

Cuando el V Coloquio Internacional se celebró en Francfort en 1980, España era ya Estado parte en el Convenio y había aceptado la jurisdicción del Tribunal Europeo de Derechos Humanos.

Desde entonces España ha aceptado más obligaciones y responsabilidades, y fiel a los principios que inspiran su Constitución, ha reconocido también la competencia de la Comisión Europea de Derechos Humanos para entender de demandas presentadas por particulares que se pretendan víctimas de una violación de la Convención imputable a España.

Con inmensa satisfacción personal proclamo aquí este hecho, tan cargado de significación política y testimonio indiscutible de la actitud de España respecto de un Convenio en el que lo que importa ante todo es el hombre y la protección de sus derechos y libertades.

Espero y deseo de todo corazón que sus trabajos sean fructíferos y que abran nuevos caminos de perfeccionamiento progresivo del sistema europeo de protección de derechos humanos.

Queda inaugurado el VI Coloquio Internacional sobre el Convenio Europeo de Derechos Humanos.

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