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Palabras de Su Majestad el Rey en la cena de gala ofrecida en honor del Presidente de la República Árabe de Egipto, Sr. Hosni Mubarak

Palacio Real de Madrid, 20.09.1985

S

eñor Presidente, Vuestra Excelencia sabe que España no es tierra extraña para un visitante árabe. Por ello, la Reina y yo, acogemos vuestra presencia entre nosotros con gran alegría y con el deseo de que vuestra estancia en España sea feliz y contribuya a acercar aún más a nuestros dos países.

Para la Reina y para mí, Egipto constituye un mundo lleno de afecto e interés y evoca la hospitalidad de su noble pueblo que no olvidamos nunca. Años después de nuestro viaje a vuestro país, permanece viva la fascinación que nos causó su prodigiosa belleza, su patrimonio cultural milenario, su gran vitalidad y la amabilidad extraordinaria de sus gentes.

Nuestros países han compartido durante siglos una cultura que fructificó en una civilización esplendorosa y tolerante e hizo posible la posterior eclosión del Renacimiento europeo. Figuras como Averroes, Avicena o el cordobés Maimónides enterrado en Egipto, simbolizan el abrazo espiritual que desde hace muchos siglos une a nuestros pueblos.

Estos vínculos se manifiestan también hoy en día en el proyecto de universidad euro-árabe que confiamos sea pronto una realidad tangible en nuestro país al servicio del mayor conocimiento mutuo.

Próxima la fecha de integración de España en las Comunidades Europeas, nos satisface manifestar a nuestros viejos amigos del mundo árabe -así como a los pueblos hermanos de la América hispana- que España se honrará en defender sus justas causas en las instancias que hoy articulan a Europa.

Egipto y España son dos países mediterráneos que no pueden permanecer ajenos a cuanto ocurre en esta zona del mundo cuya seguridad global se ve hoy amenazada por múltiples conflictos, algunos de ellos próximos a nuestras respectivas fronteras.

La dimensión mediterránea de nuestros países, que muy bien pueden simbolizar dos ciudades como Alejandría y Barcelona, debe confluir en la empresa común de lograr un clima de paz en el mar que nos une y un talante de cooperación entre los pueblos de sus riberas.

Ello exige encontrar soluciones para los conflictos que afectan a la región, y principalmente el de Oriente Medio. En cuanto a este dramático conflicto, que Vuestra Excelencia conoce tan profundamente, España valora vuestros esfuerzos personales y los de vuestro gobierno para buscar en la mesa de negociaciones una solución justa y duradera que termine con los sufrimientos de tantos países, pueblos y familias, y elimine una amenaza para la seguridad de todo el mundo.

España expresó su aprobación al Plan de Fez y ha acogido con esperanza el Acuerdo Jordano-Palestino, así como los recientes esfuerzos de Egipto para abrir caminos de paz y de diálogo en esta zona atormentada por la incomprensión y la violencia.

Mi país comprende que en el centro de los problemas del Oriente Medio se encuentra el destino del pueblo palestino y siempre ha defendido y defenderá ante todos sus interlocutores, el derecho que asiste a este pueblo atormentado por la historia a decidir sobre su futuro mediante la autodeterminación.

Por otra parte, España desea que el Líbano recobre plenamente su paz interior y salvaguarde su integridad territorial y su soberanía.

Finalmente, mi país ve con dolor la prolongación del cruento conflicto que enfrenta a Irán e Irak y expresa su deseo de que se le ponga fin por vías pacíficas, a cuyo efecto ha ofrecido su colaboración, si fuera requerido para ello por las partes.

Señor Presidente, el compartir estos anhelos comunes de paz y justicia para los pueblos que hoy sufren en nuestro entorno mediterráneo, no nos hace olvidar que España y Egipto tienen también otros caminos que andar y retos que enfrentar.

España sigue con atención vuestro esfuerzo por mejorar las condiciones de vida del pueblo egipcio y el proceso emprendido por vuestra excelencia para armonizar los diversos intereses presentes en la sociedad egipcia moderna. Sabemos que vuestro país se esfuerza por progresar en una vía de libertad que permite expresar a sus ciudadanos sus anhelos y aspiraciones.

Las elecciones generales celebradas en 1984 constituyeron un ejemplo de cómo un gobierno puede ponerse a la cabeza de las demandas de progreso y participación política de su pueblo para proyectarlas hacia un futuro mejor.

Del mismo modo suscitan nuestra simpatía los esfuerzos que vuestro país realiza para que Egipto siga siendo lo que siempre fue: un espacio de vida en común entre diversas culturas, basado en el trabajo y la tolerancia para todos.

Señor Presidente, las relaciones entre Egipto y España conocen ahora un período extremadamente fructífero, del que debemos congratularnos mutuamente. Egipcios y españoles nos encontramos en un buen momento para desarrollar nuestros intercambios culturales, económicos y de cooperación. Nuestros hombres de negocios y nuestros visitantes acuden a vuestro país diariamente y contribuyen así a un mejor entendimiento entre nuestros pueblos. Este es también el objetivo de prestigiosas instituciones culturales que desarrollan su actividad en Madrid, El Cairo y Alejandría.

En este contexto, España, desde su nueva posición en las Comunidades Europeas, como ya he dicho, lejos de renunciar a una amistad tradicional y a unas relaciones prometedoras, se esforzará por hacerlas más firmes y más fructíferas.

El peso de la historia y las razones del presente auguran que Egipto y España están llamados a estrecharse la mano y a contribuir al asentamiento de la paz de uno al otro extremo del Mediterráneo.

Con este sentimiento y con la certeza de que nuestro encuentro marcará un importante paso adelante en las relaciones entre nuestros pueblos, levanto mi copa para brindar por la prosperidad y la ventura personal de Vuestra Excelencia y la señora de Mubarak, así como por la amistad estable y la cooperación sincera entre Egipto y España.

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