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Palabras de Su Majestad el Rey en la cena de gala ofrecida en honor de la Presidenta de Islandia, Sra. Vigdis Finnbogadottir

Palacio Real de Madrid, 16.09.1985

S

eñora Presidente, quiero expresaros, en nombre de la Reina y en el mío propio, la satisfacción que sentimos hoy al recibiros oficialmente. No es la primera vez, sin embargo, que estáis entre nosotros, pues no hace mucho tiempo nos honramos con vuestra presencia aunque por poco tiempo, en las costas del sur de España.

Es esta ocasión doblemente grata, pues nos permite acercarnos a vuestro país, cuya lejanía del nuestro es tan sólo geográfica.

Desde los albores de su existencia como nación, Islandia ha estado ligada al proyecto de Europa, al cual ha contribuido de forma muy especial con su impronta cultural, con su vida social desarrollada en el marco del derecho germánico y con su vocación marinera.

Por todo lo que ello significa para la construcción de un común espacio cultural forjado a lo largo de la historia, España se siente solidaria con vuestro esfuerzo y admira vuestra obra.

Saludamos en vuestra persona a la representante de un pueblo que supo formar un nuevo modelo de sociedad en los albores de la Edad Media, creando al tiempo la literatura quizá más original de aquella época.

La riqueza cultural de vuestro país, contenida en las sagas, constituye un tesoro para la cultura europea, pues no en vano son aquéllas, con toda probabilidad, la única fuente de conocimiento de la cultura precristiana de los pueblos germánicos.

Vuestro idioma, conservado a través de los siglos contra corrientes que amenazaban vuestra identidad nacional, es el mismo que hablaron los legendarios vikingos. Podéis sentiros orgullosos de un lenguaje que floreció en las gestas bellísimas de las sagas y en las crónicas que describen el nacimiento de Islandia y las hazañas de sus hombres en los mares árticos.

El mar, señora presidente, ha sido un elemento de unión entre nuestros pueblos a lo largo de la historia. Vuestros navegantes surcaron los mares del norte descubriendo y poblando tierras hasta entonces ignotas. Vuestras relaciones escritas contienen las más antiguas descripciones de las rutas marítimas del Atlántico norte. Hicisteis del noble arte de navegar la actividad esencial de vuestra vida económica, abriendo horizontes nuevos a la secular lucha del hombre por acceder a los recursos del mar.

No es ajeno a nosotros ese esfuerzo. Hasta vuestros mares llegaron, ya en la Edad Media, las naves de nuestros balleneros cántabros y vascos, haciendo de la navegación en las brumas árticas una epopeya común, pues también los españoles supieron trazar, con vieja maestría de cartógrafos, rumbos seguros en los mapas renacentistas.

Señora Presidente, en España admiramos el esfuerzo histórico de afirmación del derecho en la articulación de la convivencia en vuestros países.

Cuando vuestros antepasados -cuyos nombres y estirpes quedaron definitivamente plasmados para la posteridad en El libro de los asentamientos- llegaron a Islandia, uno de sus primeros anhelos fue el establecimiento de un orden jurídico que asegurara la convivencia en el marco de la justicia y la paz. El Alting representa desde sus lejanos orígenes hasta su presente configuración constitucional, el esfuerzo ininterrumpido de un pueblo por darse una ley y armonizar su vida comunitaria con los principios del derecho.

Con razón podéis enorgulleceros de contar con un parlamento milenario, que constituye uno de los ejemplos más aleccionadores de la historia de la democracia.

Los sentimientos de libertad individual y de igualdad, de respeto de la dignidad del hombre, la independencia de vuestra patria, el doble empeño por dirimir controversias de manera pacífica y conforme a derecho, son todos ideales fuertemente arraigados en vuestras almas y la historia os ha servido para perfeccionarlos a medida que la sociedad humana ha ido evolucionando hacia un desarrollo integral.

El rápido y espectacular desarrollo de vuestro país en el presente siglo, que ha convertido a Islandia en una de las naciones más adelantadas del mundo, sólo cabe explicarlo, como bien dijo uno de vuestros intelectuales, como ejemplo inequívoco de la celeridad con que arraiga una cultura técnica en un suelo previamente preparado por el cultivo del espíritu.

Señora Presidente, es para mí una satisfacción el poder constatar el interés que nuestros pueblos han demostrado en conocerse mutuamente. Es creciente el número de islandeses que, ya sea para realizar estudios universitarios y aprender nuestra lengua, ya para buscar un descanso en tierras de España, contribuye a reforzar nuestros viejos vínculos de amistad.

A su vez, España siente la necesidad de ampliar su conocimiento de vuestro país. Se realizan estudios y traducciones de vuestra literatura, y el atractivo por las peculiaridades de la cultura islandesa subyuga a nuestros intelectuales.

El comercio, como actividad humana mutuamente complementaria y enriquecedora, se halla también presente en nuestras relaciones. Nuestros países figuran entre los primeros cuyo tráfico mercantil es de particular relevancia para sus intereses.

No está lejos el tiempo en que España era el primer cliente de Islandia y esa situación ha de servir para redoblar los esfuerzos que ensanchen este tradicional aspecto de nuestras relaciones, tan importante en los difíciles tiempos que vivimos.

Islandia y España pertenecen a la misma civilización occidental, que tiene por base la afirmación de los principios de libertad y dignidad del hombre.

Ambas sociedades están configuradas en un régimen de libertades y ambas, desde su propia posición, contribuyen, con las posibilidades a su alcance, a la defensa y protección de sus valores comunes.

Islandia y España, países aliados y anclados en la más genuina tradición occidental, abrigan la misma voluntad de contribuir a la construcción de una Europa más unida y, por ello, más fuerte. Para triunfar en esta empresa, nada tan enriquecedor como la diversidad de sus pueblos y nada tan valioso como la fe común en la grandeza del hombre libre.

Señora Presidenta, la Reina y yo deseamos a vuestra excelencia y a todas las personalidades que os acompañan una grata estancia en España.

Con este deseo y en esta esperanza, invito a todos a levantar sus copas por Islandia, por su pueblo y por su gobierno, por las relaciones hispano-islandesas y por la ventura personal de Vuestra Excelencia.

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