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Palabras de Su Majestad el Rey a la Asociación Latinoamericana de Integración

Uruguay(Montevideo), 21.05.1983

S

iento una gran satisfacción al dirigirles hoy la palabra, no sólo como simple invitado en la sede de un organismo internacional, sino como Rey de un país al que se le ha otorgado la condición de observador en los trabajos del mismo.

Cuando, hace unos meses, España se planteó la posibilidad de solicitar ser admitida como observador en ALADI, lo hizo llevada por su deseo, tantas veces manifestado, de estrechar los lazos de amistad y cooperación con las naciones de Iberoamérica.

En este sentido, nuestra presencia como observador en el proceso económico de integración, puede permitirnos colaborar a él y, al mismo tiempo, actualizar de forma permanente el conocimiento y comprensión de este subcontinente. Nos sumamos así a los propósitos del preámbulo del Acuerdo constitutivo de ALADI que, en su párrafo primero, manifiesta su deseo de fortalecer los lazos de amistad y solidaridad entre los pueblos de Iberoamérica.

A nadie le puede ya caber duda de que la consecución de un desarrollo económico, armónico y equilibrado, requiere el esfuerzo solidario de todos los países integrantes de una región.

Ningún país aislado puede alcanzar un nivel elevado de crecimiento si sus vecinos atraviesan una fuerte crisis económica.

Quedaron atrás los tiempos en que los países buscaban su prosperidad económica de espaldas a sus vecinos, y, aún más, poniendo todas las trabas posibles al comercio para proteger sus propios mercados.

Se requiere, pues, una integración económica regional, basada en la concertación de las políticas económicas y comerciales.

La recesión económica general ha hecho surgir en el mundo, incluso en países con gran tradición libre-cambista, políticas encaminadas a proteger el mercado propio en perjuicio del comercio internacional, olvidándose quizá de que precisamente en épocas de dificultad económica generalizada, el comercio y la cooperación son los motores del progreso de la humanidad.

La interrelación que existe entre los distintos aspectos de la economía: comercio, financiación y desarrollo, exige un tratamiento sistemático y complementario de los mismos.

Para el caso concreto de Iberoamérica, dicha interrelación debe ser aprovechada fomentando todo lo posible el comercio.

Al mismo tiempo, será necesario que el flujo de capitales hacia esta región se mantenga abierto.

La necesidad de lograr una integración económica no es privativa de Iberoamérica.

En el marco internacional de un sistema comercial abierto y multilateral, ha surgido con fuerza una tendencia hacia las grandes regiones económicas, como vehículos de desarrollo a través de la supresión de trabas arancelarias y de la instauración de políticas comunes.

Sin embargo, todos sabemos que el camino hacia la integración es arduo y requiere un gran esfuerzo de solidaridad.

Pero también es cierto que Iberoamérica cuenta con una gran ventaja sobre otras regiones: su afinidad lingüística y cultural, que facilita enormemente la comunicación y el tráfico de personas e ideas.

Por otra parte, la disparidad entre grados de desarrollo económico y tamaño de las naciones supone un verdadero desafío a cualquier proceso integrador.

Los beneficios económicos repercuten más favorablemente en el sector industrial, todavía en fase incipiente en Iberoamérica.

Los organismos regionales iberoamericanos han supuesto un intento original de resolver estas dificultades, por la vía de un trato diferenciado a los países más atrasados y mediante la búsqueda de un complemento industrial que fuerce el despegue económico.

Para España esta originalidad será fuente de experiencias fructíferas en el contexto de sus relaciones económicas internacionales.

No puedo menos que contemplar con gran satisfacción la participación de España en los trabajos de ALADI desde un ángulo de una cooperación sincera en algunos campos de interés mutuo, como son la asistencia técnica a la Secretaría o a los países miembros, el intercambio de información y la concertación de foros multilaterales.

A medio plazo, la Secretaría de este Organismo debería de explorar las actividades y áreas a las que mi país pueda prestar apoyo.

Deseo terminar mi intervención, haciendo los mejores votos para que la andadura de este proceso de integración iberoamericana sea rápida, firme y beneficiosa para todos los que en él participan. Se asegura así, una vez más, la voluntad decidida de España de hacer los esfuerzos necesarios para colaborar en el logro de este objetivo, que sin duda facilitará la ardua tarea de conseguir el desarrollo de los pueblos iberoamericanos en esta época difícil que nos ha tocado vivir.

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