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Palabras de Su Majestad el Rey a los participantes en la Conferencia sobre Seguridad y Cooperación en Europa

Madrid, 09.09.1983

S

eñor Presidente, señores Ministros, señoras y señores, constituye para mí una gran satisfacción dirigirme a ustedes en esta ocasión en que se van a clausurar formalmente los largos trabajos de esta Conferencia que, durante casi tres años, les ha reunido en nuestro país.

Para muchos de ustedes, durante este período de tiempo, España ha sido su hogar. Y me alegra pensar que, incluso en los momentos de mayores dificultades y problemas, las tensiones a las que se han visto sometidos han sido mitigadas, en alguna medida, por la cálida acogida que les han dispensado los españoles.

Confío en que la lejanía de sus hogares no haya sido tan dura, gracias a ese afecto y cariño con que me consta les han acompañado los habitantes de Madrid, un pueblo tradicionalmente hospitalario que les ha recibido con alegría, viendo en ustedes la personificación de un esfuerzo constante y sincero por la paz y la cooperación.

El pueblo español ha seguido con atención e ilusión los trabajos de la Conferencia. No podía dejar de ser así, puesto que los españoles, por nuestra parte, también hemos estado empeñados en estos últimos años en crear un sistema de convivencia basado en la paz y la defensa de los derechos individuales. En suma, en los principios básicos que animan el proceso de Helsinki.

Madrid ha sido durante tres años la ciudad de la esperanza, la ciudad donde brillaba para todos, en un mundo de tensiones, la pálida, la frágil pero emocionada luz de la esperanza en un futuro de paz y libertad para todos los pueblos.

Más que nunca el mundo está ansiando que sus gobernantes muestren con hechos y no sólo con palabras, la firme voluntad de progresar en el camino del diálogo. Un camino que erradique por completo la tentación de la violencia y la conculcación de los derechos de la persona humana. Y hoy, lo podemos afirmar sin ningún género de dudas, se ha dado un paso importante en ese camino.

Todos sabemos que no ha sido fácil, pero todos sabemos también que el camino de la paz está lleno de dificultades, y que sus pasos más firmes son aquellos que se basan en el compromiso y no en la imposición; en la lenta labor de negociaciones y síntesis antes que en el afán de imponer a los demás concepciones no compartidas.

Podemos afirmar que se han sabido encontrar unos principios comunes, unas ideas y unos puntos de referencia que a todos nos unen y que, como el nombre de esta Conferencia acertadamente resume, no responden únicamente a un propósito de garantizar la seguridad, sino de canalizar una genuina cooperación entre todos nuestros Estados.

A partir de hoy, debemos operar sobre la confianza ya creada entre todos nosotros para seguir trabajando, para atrevernos cada día a proponer objetivos más y más ambiciosos.

La voluntad de diálogo y de entendimiento recíproco demostrada con su presencia en Madrid, puede significar que todos comprendemos que los momentos de crisis suponen una fuente de preocupación y de inquietud para todas las partes implicadas y que, por lo tanto, a todos interesa buscar vías para llegar a formas aceptables para su resolución.

Puede significar también que estamos dispuestos a recurrir al diálogo y no al monólogo, y menos aún a la mera fuerza de los hechos, para entender cuáles son los puntos de vista y los intereses de los demás Estados.

Y puede significar, finalmente, que deseamos confrontar los problemas que en el futuro pudieran presentarse con una conciencia clara de los intereses esenciales que compartimos y de la necesidad de buscar infatigablemente fórmulas imaginativas para solucionarlos.

Señor Presidente, señores Ministros, mi presencia aquí hoy es mucho más que una grata ocasión. Es un momento de especial alegría para mí, ya que todos los españoles nos sentimos orgullosos de haber colaborando, en la medida de nuestras fuerzas, con nuestra hospitalidad, nuestra ilusión y nuestro trabajo, a la feliz conclusión de los trabajos de la Conferencia.

Madrid es hoy una ciudad de paz. Y Madrid quiere ser recordada como la ciudad en que nuestras naciones decidieron hacer frente al pesimismo, apostando, por encima de las dificultades, por la confianza.

Quiero, finalmente, reiterarles el agradecimiento de todo el pueblo español por la larga y grata convivencia que hemos compartido. Que estos años y sus frutos de paz perduren en el tiempo y en nuestra memoria.

Muchas gracias.

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