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Palabras de Su Majestad el Rey al Ayuntamiento de Soria y a los sorianos

Soria, 02.04.1984

S

orianos, permitidme que mis primeras palabras sean para elogiar, junto a vuestra cortesía de castellanos cabales, la belleza de esta tierra.

Si España es una realidad de perfiles eternos, en la que tenemos el orgullo de vivir y luchar, Soria es su levadura. Aquí el pasado, que tanto nos compromete con su gloria, yergue su pecho vivo en plazas, castillos y templos. Tenéis el privilegio de escuchar, cada día, en este entorno, la lección permanente de la historia.

Ello os obliga, también, a mirar al futuro con claridad, con sabiduría, como una tarea sin hacer pero ante la que no estamos solos. Las horas crispadas de España lo serían menos si atendiéramos a esa experiencia común que nos brindan los siglos, cargados del trabajo y las realizaciones, de las generaciones precedentes.

Nosotros, y eso lo sabéis desde la serena vocación de españolidad que subraya todo vuestro suelo, constituimos un abrazo de dos tiempos históricos que están medularmente unidos. Debemos, por tanto, caminar hacia la modernidad sin abandonar ninguna de nuestras conquistas anteriores, y como primera de ellas, la de la unidad profunda, inalterable, fecunda, ilimitada de nuestra propia patria.

Eso se entiende y se siente con estremecedora emoción en los pueblos y paisajes sorianos, que nos han deparado a la Reina y a mí, en este viaje, momentos ya inolvidables. Os felicitamos por la laboriosidad minuciosa de vuestras comunidades, por el empeño tenaz que habéis puesto en desarrollar los recursos propios, por el sacrificio general que os exigís para el encantamiento de vuestro legado histórico, lo que se ha denominado sueño medieval, se engarce con la nueva vitalidad castellana.

Lo he dicho en otras ocasiones, y aquí lo vuelvo a expresar avalado por vuestra presencia, en Plaza vieja, con cicatrices milenarias que lame y arrulla el Duero.Creo en Castilla; en su renacimiento múltiple en la España de hoy.

Creo en su futuro al creer en sus hombres, en vosotros, sorianos, y en vuestro trabajo.Claro que hay problemas. Muchos problemas. Unos hondos y otros fugaces. Yo os pregunto: ¿cuándo España ha dejado de ser un problema? Su existencia es, en cierta forma, una confrontación permanente de nuestra voluntad de hacer y la realidad que rechaza ser formada.

Pero todos los problemas españoles, todos, disminuirán su tremenda provocación, si solucionamos el más importante: el de reconocer el compromiso de la unidad nacional.Bastará esa convicción, que llevamos grabada en el alma, para traducir en diálogo confluyente, como son las aguas y las tierras patrias, nuestras diversas, y a veces contrarias, actitudes. Necesitamos, por ello, un aldabonazo en nuestras conciencias con esta palabra que se hace amor y afán entre vosotros: España.

Sí, España. Desde todos los sitios de España, hagamos ilimitada su estatura, acrecida en siglos de lucha, extendida más allá de los océanos, vieja y joven a la vez, cuya nobleza se inclina en los dinteles de nuestras viejas ciudades y en ellas reposa su memoria. Esa invitación a España como tarea, que se nos hace evidente en el mensaje de esta tierra, es el compromiso histórico de todos los españoles de hoy.

Démonos unos a otros la paz que necesita nuestra sociedad para encarar con acierto sus desequilibrios. No nos detengamos ante ningún sacrificio, pues en ello va la pervivencia de nuestro ser nacional.

Gracias, pues, sorianos, por vuestra acogida.

Gracias por vuestras palabras, señor Alcalde, que me unen aún más a la realidad de este suelo inmortal.

Gracias por el nombramiento de Alcalde honorario de esta muy noble y muy leal ciudad de Soria, que tanto me honra.

Gracias a todos vosotros, por esta presencia cariñosa a la que la Reina y yo correspondemos con un abrazo.

¡Viva Soria!

¡Viva España!

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