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Palabras de Su Majestad el Rey en la cena ofrecida por el Presidente de Rumanía, Sr. Nicolae Ceaucescu

Rumanía(Bucarest), 20.05.1985

S

eñor Presidente, para la Reina y para mí constituye una gran satisfacción haber podido realizar esta visita a Rumania, hermoso país por el que sentimos estima y afecto.

Desde que vuestra excelencia y vuestra ilustre esposa nos honraron con su visita, hemos tenido la firme voluntad de corresponder lo antes posible a su amable invitación, en la seguridad de que ello puede contribuir a fortalecer las amistosas relaciones que felizmente existen entre nuestros países.

Muy especialmente quiero resaltar que para mí es un honor protagonizar la primera visita de un Rey de España a Rumania. Del mismo modo, vuestro viaje a Madrid, fue en su día la primera ocasión en que un Jefe de Estado rumano visitaba España.

Rumania y España constituyen las avanzadas de la cultura latina en las dos extremidades del continente europeo. La Dacia romana y la España latina vivieron, con el ibérico Emperador Trajano, el engarce de sus respectivos destinos históricos. Objetivos primordiales de la rica historia de ambos pueblos han sido sus luchas por la unidad nacional y la independencia.

La Reconquista hispánica y las luchas por la identidad rumana son gestas paralelas. Y si España es la puerta meridional de Europa, abierta hacia Africa y América, Rumania hace presente la cultura latina en la Europa balcánica poniéndola en comunicación con múltiples razas y culturas.

Estos paralelismos históricos y geográficos fomentan la mutua comprensión y entendimiento y pueden alentar intercambios que contribuyan al mantenimiento de la paz y de la convivencia entre las naciones.

Por ello, me es muy grato expresaros, señor Presidente, mi admiración por la constante labor que estáis realizando mediante la propuesta de medidas viables para alejar los riesgos de confrontación y afirmar la paz en el mundo.

La evolución de las sociedades modernas impone inexorablemente a cada pueblo un esfuerzo diario para garantizar su dignidad, preservar su identidad y asegurar su independencia.

España es hoy una democracia basada en el respeto de los derechos humanos y las libertades individuales y asociativas. De acuerdo con nuestra experiencia, entendemos que un sistema político así, es el mejor fundamento para una convivencia pacífica.

Como sabéis, España está a punto de ingresar en la Comunidad Económica Europea. Esto representa una afirmación de su identidad histórica y el establecimiento de un marco más favorable para la actividad económica y comercial. Desde esta plataforma mi país quiere además promover con redoblado esfuerzo la defensa diaria de la paz y de la cooperación entre todos los pueblos del mundo.

Los propósitos de los países en la difícil vida internacional de nuestros días, deben orientarse a fortalecer el respeto a los principios de justicia, de paz y de protección de los derechos de los pueblos, reconocidos en la Carta de las Naciones Unidas.

La paz no es un concepto estático, sino una idea dinámica que requiere el esfuerzo constante para su garantía y revitalización.

Disfrutar de la paz significa trabajar de continuo para su protección y para su renovación, a través del diálogo y de la cooperación con los pueblos.

Esta tarea requiere ante todo fe en los hombres y mujeres, porque el mayor peligro para la paz surge cuando no se cree en la dignidad del ser humano, en sus derechos y libertades. Dicho de otro modo, cuando se prefiere la fuerza en lugar de la negociación como medio de hacer valer las propias convicciones.

Nosotros creemos en la posibilidad, o mejor, en la necesidad de que países con sistemas socioeconómicos distintos, convivan provechosamente, basando sus relaciones en una legal cooperación, en el respeto mutuo y en la buena fe.

Señor Presidente, los esfuerzos de vuestro país por la causa de la paz, de la distensión, del desarme, y del diálogo entre el norte y el sur, se proyectan paralelamente a los objetivos prioritarios de la acción externa de la España actual.

Ejemplo reciente de lo anterior lo constituyó la Conferencia Europea de Seguridad. Durante la cena que tuve el honor de ofreceros en vuestra visita a España, dije que la reunión de Madrid era una oportunidad que no debía ser desaprovechada para el proceso de la distensión, cuyo avance es una necesidad para la propia supervivencia de los países europeos.

Pues bien, en ese foro nuestras respectivas delegaciones mantuvieron una constante conexión, un mutuo apoyo en la búsqueda de fórmulas constructivas que permitieron finalizar la Conferencia con un saldo positivo.

En el campo cultural, el viejo acervo intelectual común ha sido origen de un interés recíproco por las lenguas y las culturas de los dos países. La vía ya iniciada con el trabajo de los respectivos especialistas en lengua y literatura rumana y española en distintas universidades, debe ser propulsada y utilizada como instrumento de acercamiento y camino de comprensión.

Valoramos el interés demostrado por Rumania en este campo, materializado en traducciones a la lengua rumana de obras tan importantes para la cultura española como el Guzmán de Alfarache, el Quijote, o los Episodios Nacionales, así como la atención prestada por los estudios rumanos a las figuras y obras de españoles insignes como Unamuno, Galdós, Lope de Vega, García Lorca, Góngora y muchos otros.

Señor Presidente, antes de acabar, quisiera rogaros que hagáis llegar al noble pueblo rumano el saludo cordial del pueblo español, así como la gratitud de la Reina y la mía por la calurosa acogida que nos ha dispensado. Gratitud que deseo expresaros igualmente a vuestra excelencia, señor Presidente, a vuestra ilustre esposa, al Gobierno rumano y a las demás personalidades que nos acompañan.

Levanto mi copa, señor Presidente, con mis mejores votos por vuestra ventura personal y la de vuestra esposa, por la prosperidad y el futuro de las relaciones entre nuestros países.

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