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Palabras de Su Majestad el Rey a la comunidad académica al conmemorar el IV Centenario de la Universidad de Zaragoza

Zaragoza, 26.05.1983

S

eñor Rector y autoridades, claustrales de la Universidad de Zaragoza, universitarios, señoras y señores, nos sentimos la reina y yo muy complacidos por acompañaros en esta grata efeméride y de todo corazón compartimos la natural alegría con que la celebráis.

Es conveniente que una institución en cuyo haber cuentan cuatrocientos años de servicios se detenga un momento para analizar su pasado y así emprender de nuevo el camino, fortalecida por la meditación y la experiencia ganadas.

En esas cuatro centurias ha tenido que vivir la institución épocas muy distintas. Se han sucedido períodos brillantes y situaciones de desencanto y postración. Pero todas esas vicisitudes son válidas hoy, pues los fracasos y los éxitos se pueden analizar reunidos y obtener consecuencias con que alimentar los afanes actuales y los de mañana. Un mañana más exigente que el ayer y más cargado de responsabilidades para todos.

Pocas instituciones pueden influir en el futuro de un pueblo más que su Universidad. Porque la incógnita del porvenir, la trama de lo que algún día será la realidad, nadie puede calibrarla mejor que el singular ayuntamiento de clarividencia y voluntades que se dan cita en el recinto universitario. Además, ninguna institución puede esculpir el futuro de cada hombre con más efectividad que aquélla que dispone de las mentes juveniles y está en condiciones de prepararlas para la acción recta y el pensamiento profundo.

Esta es la grandeza de vuestro servicio y también la medida de vuestra responsabilidad.

Ante vosotros, universitarios, tenéis ahora no sólo el futuro como quehacer sino también un presente que os pide de inmediato conformar la universidad en sintonía con los cambios experimentados por un mundo que ha evolucionado muy deprisa.

Quizás la síntesis de esta demanda consista en incitaros a realizar una universidad que pase a ser motor y no rueda de la máquina social, por usar la imagen acuñada por el aragonés insigne que fue don Santiago Ramón y Cajal.

Ciertamente que habréis de mantener en vuestra tarea el nivel ético y crítico; también tendréis que acomodar el nivel docente en extensión y en profundidad, y, sobre todo, habréis de aplicaros con particular esfuerzo para lograr en la universidad española una actividad científica decididamente original y creativa.

Las universidades de los países avanzados son ya centros científicos de primera categoría. En ellos no se investiga por accidente ni por excepción, pues se considera que la creación científica es el modo habitual del ejercicio universitario.

En nuestro caso, habrá que corregir olvidos, retrasos y deficiencias que se pueden calificar de históricas, y empezar a sembrar afanes para dejar de cosechar decepciones. Y por lo que personalmente os concierne a cada uno, además de cumplir los deberes normales, habréis de inventaros el deber gratuito de construir esa universidad creadora, articulada para la ciencia y ponerla a cubierto de toda otra inquietud que pueda desnaturalizarla.

«Ceder al tiempo ahora será vencer después», escribió vuestro Gracián, en cuya sentencia quiero entender que el después es nuestro hoy, porque ceder ya habéis cedido bastante al tiempo y a la adversidad.

Y es seguro que para tan gran tarea, a la austeridad universitaria le bastará con lo indispensable. Un mínimo de seguridades y el estímulo de disponer de los medios imprescindibles. Y libertad. La libertad como la definiera Montesquieu: el derecho a hacer lo que debemos y no ser obligados a hacer lo que no debemos.

No os faltará a los universitarios aragoneses un buen espejo propio donde ver reflejado y medido vuestro esfuerzo.

Bastara que consideréis el tesonero afán que en su día puso a contribución don Pedro de Cerbuna, el fundador de esta ilustre Casa, para superar la incomprensión y los intereses creados concitados contra la naciente Universidad de Zaragoza.

Estoy seguro de que no os faltarán los ánimos y os expreso mis mejores deseos para el porvenir de la institución. A ellos uno mi felicitación por los cuatro siglos de servicios ininterrumpidos y fecundos prestados por esta Universidad a Aragón y a España, a la vez que felicito también muy cordialmente a los nuevos doctores que hoy se incorporan a este centro docente.

Muchas gracias.

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