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Palabras de Su Majestad el Rey al Cuerpo Diplomático Iberoamericano el día de la Hispanidad

Madrid, 12.10.1991

S

eñores Embajadores, en este 12 de octubre, tan significativo para la Comunidad Iberoamericana, tenemos la Reina y yo la satisfacción de recibiros y transmitiros un breve pero sincero mensaje de amistad y solidaridad.

Se da, además, la circunstancia de que la comunidad que integramos nació formalmente este año en la ciudad mexicana de Guadalajara, cuando los Jefes de Estado y de Gobierno iberoamericanos proclamamos la existencia -a quinientos años de distancia del primer encuentro- de un vasto conjunto de naciones enlazadas por un entramado indiscutible de afinidades culturales e históricas, que han madurado y se han enriquecido a lo largo de estos siglos de vida en común.

Para que esa comunidad sea la que todos deseamos, hemos de preocuparnos en asentarla sobre unos valores que no deben ser otros que la democracia y el respeto a los derechos humanos, la cooperación para el desarrollo económico y el compromiso de solidaridad interregional.Con este espíritu recibiremos, el año próximo en Madrid, a la II Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno iberoamericanos, en un hito más de una cadena que esperamos sea cada vez más densa y más sólida.

Estos principios requieren, por definición, el esfuerzo de todos. Ninguno de nosotros puede afrontar en solitario un contexto global en plena transformación, como al que hoy asistimos.Por eso, celebro comprobar cómo nuevas experiencias, a nivel regional y subregional, van adquiriendo entidad al otro lado del Atlántico en una dinámica integradora, de la que, en cierta forma, es también expresión esta comunidad iberoamericana a la que España se siente orgullosa de pertenecer.

Quisiera transmitiros, en nombre del pueblo español, un mensaje de confianza y colaboración para que esta década, preludio del nuevo milenio, sea la del óptimo aprovechamiento de las oportunidades para la consolidación de la democracia y para el desarrollo económico y social.

Señores Embajadores, este es el significado de mis palabras y del diálogo que iniciamos en Guadalajara. Con él, quisiera recoger el sentimiento de todos los presentes para decir con palabras del inca Garcilaso, el más eximio representante de nuestro mestizaje: «No hay más que un mundo y, aunque llamamos mundo viejo y mundo nuevo, es por haberse descubierto éste para nosotros, y no porque sean dos, sino todo uno».

Muchas gracias.

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