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Palabras de Su Majestad el Rey al Gobierno al presidir la reunión del Consejo de Ministros

Madrid, 20.09.1991

A

l presidir de nuevo una reunión del Consejo de Ministros, me es muy grato dirigir un saludo afectuoso a todos sus miembros y expresar mi satisfacción por poder recibir de una forma directa las informaciones sobre temas de actualidad y de interés.

En los últimos tiempos parece que el mes de agosto, considerado normalmente como de relativo descanso veraniego, es pródigo en hechos trascendentes.

El pasado año asistimos a la crisis del Golfo Pérsico y en el presente hemos vivido -y estamos viviendo aún- los acontecimientos que tienen lugar en la Unión Soviética, en Yugoslavia y en otros lugares del mundo.

Son sin duda materias de la mayor importancia que han de atraer nuestra atención y nuestra preocupación, pues no es posible considerarlas con independencia, sino unidas a un panorama general que afecta a todas las naciones.

No es fácil prever o vaticinar los acontecimientos mundiales, que nos sorprenden por inesperados y nos afectan por importantes. Si miramos atrás y pasamos revista a la convulsión inmensa que se ha producido en un breve período, nos damos cuenta de la capacidad de respuesta rápida que es preciso tener, del buen juicio necesario para reaccionar adecuadamente y de la constante vigilancia necesaria para que las situaciones no nos sorprendan desprevenidos.

Ya son pocos los problemas que quedan limitados a reducidas áreas y todos se encadenan para originar cambios y reformas radicales, que pocos podrían imaginarse hace escasos años.Quiero haceros llegar mi felicitación por la forma en que habéis seguido los delicados momentos de que hemos sido testigos y por las decisiones acertadas y oportunas tomadas por el ejecutivo.

Hemos de permanecer vigilantes ante las situaciones producidas y también con respecto a las repercusiones que en todos los órdenes pueden tener en nuestra nación, empeñada en un proceso de construcción europea, cada día más complejo.

En el interior, si bien el terrorismo continúa siendo una preocupación constante, es evidente que se han hecho considerables progresos y cada vez aparece más claro el triunfo de la convivencia pacífica sobre la violencia, con serenidad y decisión al mismo tiempo.Una vez más quiero subrayar vuestros elogiables esfuerzos por hacer frente a los problemas que nos acucian, sin descuidar el necesario proceso de modernización que exige el bienestar de España y su incorporación plena a la Comunidad Europea.

Estamos ya muy próximos al comienzo del año 1992. Un año lleno de compromisos para España y de responsabilidades derivadas de acontecimientos fundamentales: la Olimpiada de Barcelona, la Exposición de Sevilla, Madrid Capital Europea de la Cultura y la Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno Iberoamericanos.

Oportunidades todas ellas que requieren una auténtica colaboración y un general entusiasmo.Como en ocasiones anteriores, no quiero dejar de apuntar ahora que, de estas reuniones con el ejecutivo, yo quisiera extraer el símbolo de una identificación de propósitos, con arreglo a las respectivas misiones y competencias.

Una conjunción de esfuerzos y una obtención de información que no entraña intromisión de ninguna clase, sino la constancia de que contaréis siempre con mi decidido apoyo y estímulo para lograr los objetivos permanentes del servicio a España.

Muchas gracias, y puede comenzar la reunión del Consejo.

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