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Palabras de Su Majestad el Rey al Cuerpo Diplomático

Madrid, 23.01.1986

S

eñores embajadores, de nuevo tenemos la Reina y yo el placer de reunirnos con Vuestras Excelencias en esta recepción de año nuevo, que me brinda la ocasión de manifestaros mis preocupaciones y mis esperanzas en el complejo panorama de las relaciones internacionales.

Vivimos en un mundo complicado, difícil y lleno de tensiones. Deseo aprovechar esta oportunidad para convocaros a un esfuerzo colectivo en el año que comienza, con el objeto de conseguir un mundo en el que la cooperación y el diálogo primen sobre la insolidaridad y la violencia.

En este esfuerzo colectivo el papel de vuestras excelencias tiene una importancia fundamental. Vuestro trabajo en pro del entendimiento entre los distintos pueblos de la tierra repercutirá sin duda en toda la comunidad internacional.

1986 ha sido declarado por las Naciones Unidas, Año Internacional de la Paz. Confiamos en que este año fructifiquen los signos de esperanza que se han producido recientemente y que apuntan a un clima de diálogo y de distensión.

Señores embajadores, España es, desde hace unos días, miembro de pleno derecho de las Comunidades Europeas. Mi país se incorpora a las instituciones comunitarias con ilusión y con plena conciencia de su responsabilidad.

España se enriquecerá sin duda con su acceso a las Comunidades, pero su historia, su rica tradición cultural, su permanente vocación europeísta supondrán también para Europa una aportación fundamental en todos los campos.

España, que sostiene y practica el principio de universalidad de relaciones entre los Estados, espera mantener con todos ellos relaciones de amistad y de cooperación. En este sentido, hace unos días, al establecer relaciones con Israel, se ha superado una situación que no se correspondía con nuestra propia historia ni con la presente trayectoria de nuestro país.

Por otra parte, no olvidamos a los países y a los pueblos a los que nos sentimos unidos desde antiguo y que han constituido siempre pilares básicos de su acción exterior y son elementos fundamentales de nuestro acervo histórico.

Quiero referirme con especial afecto a nuestros amigos árabes, cuyas justas causas seguimos apoyando con el mismo entusiasmo de siempre. Esperamos que la relación fraternal que siempre hemos mantenido con ellos se acreciente y profundice y siga presidida por el mismo espíritu de concordia, de colaboración y de diálogo que hasta ahora.

Deseo aludir también a nuestra profunda vocación iberoamericana. España, desde su nueva posición, seguirá trabajando en pro de la paz y de la democracia en Iberoamérica y no cejará en su esfuerzo por dotar de contenido cada vez mayor a nuestros vínculos fraternales con los países de la América hispana.

Desde esta perspectiva, debemos intensificar nuestros esfuerzos para que el V Centenario del descubrimiento de América constituya no sólo la conmemoración de un acontecimiento histórico sino que sea también un punto de partida desde el que nuestras relaciones emprendan nuevas empresas comunes.

Señores embajadores, al agradecer muy sinceramente las cordiales palabras que el Nuncio de Su Santidad, en su calidad de Decano del Cuerpo Diplomático nos ha dirigido, la Reina y yo queremos felicitar muy cordialmente a Vuestras Excelencias, a vuestras familias y a todo el personal de vuestras misiones el año que empieza.

Os agradecemos asimismo vuestro cariño y vuestra dedicación a España y os rogamos que transmitáis a vuestros pueblos y vuestros Jefes de Estado nuestros mejores deseos de paz y de prosperidad.

Muchas gracias.

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