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Palabras de Su Majestad el Rey al Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife y a los tinerfeños

Santa Cruz de Tenerife, 24.05.1986

S

eñor Alcalde, queridos tinerfeños, hemos recorrido durante estos días vuestra tierra, la maravillosa tentación del paisaje y la belleza del cielo de Canarias. Hemos estado con sus comunidades, sus familias, sus pueblos. Tenemos en los ojos y el corazón el mensaje de España que emerge, lúcido y universal, en esta tierra de bendición.

Y, también una vez más, con la insistencia del amor y el compromiso de la Corona, renuevo el afecto hacia vuestros pueblos y me siento profundamente solidario con vosotros.

Con orgullo y afecto sé que en la construcción de nuestra convivencia os corresponde un papel de protagonistas. Aquí, en las islas del archipiélago, vive el impulso conciliador, la ejemplaridad más notable de nuestra presencia española en la historia contemporánea.

Estamos en el umbral de la conmemoración del descubrimiento de América, hecho magnífico que tuvo su último aliento en este trozo de España. Proclamo mi fe, como entonces la proclamaban nuestros antepasados, en una nación unida, joven, diversa en su belleza, firme en sus convicciones cristianas, propiciadora del diálogo de la justicia y la libertad.

Estas palabras, que han sido tantas veces gastadas por la demagogia y la frivolidad, adquieren en el entorno de vuestro pueblo su verdadera dimensión unitiva. Estoy seguro de que habéis aceptado, como en tantas otras ocasiones, el reto de la nueva era en que vivimos, con Europa a un costado, con América a otro, en mitad de un mundo que requiere el esfuerzo y la eficacia de los hombres generosos y recios.

Se siente, entre vosotros, el estímulo de avanzar. Esa es la tarea de todos los españoles: avanzar sin miedo hacia la libertad, profundizar en los afanes de la democracia, remontar, como hacen vuestras montañas y cielos, los problemas del egoísmo, el particularismo, el miedo.

Vivimos hoy la aventura espléndida de una España joven que quiere entrar con paso firme y decidido en la nueva era universal. En las naves de Colón no sólo navegaban hombres decididos a romper la estrecha configuración del mundo en aquellos siglos sino toda una propuesta de cultura, de civilización, de dignidad humana. Ellos lucharon, con resultados excepcionales, por ese objetivo y triunfaron. Hoy nuestras generaciones maduras viven un tenso diálogo con las que las siguen. A unas y otras quisiera decirles, desde este puesto vigía de la capital tinerfeña, que todos, jóvenes y mayores, son, por igual, herederos y responsables de un pasado de sacrificio y gloria que se renueva cada día.

Seguid trabajando. Seguid unidos. Plantead vuestras aspiraciones con claridad, sin renunciar a ninguna de vuestras justas reivindicaciones. Porque eso significa que España marcha. Que esta nave yergue sus velas, que la proa de la nación surca las aguas con valentía, repleta de esperanzas. El abrazo de la paz que es la razón profunda que sostiene vuestro Rey se estrecha y amociona con vosotros. Sueño una España despierta, vital, hermosa, que en estas islas da un nuevo clarinazo por el progreso de la humanidad.

La Reina y yo os reiteramos el afecto que nos une a vosotros. Nunca olvidaremos estas muestras de afecto de la que son ejemplos vuestras palabras, señor Alcalde.

Muchas gracias.

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