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Palabras de Su Majesta el Rey a los Reyes de Tailandia Rama IX y Sirikit y al pueblo tailandes

Tailandia(Bangkok), 19.11.1987

M

ajestades, debo ante todo agradecer las calurosas palabras que acabáis de dirigir a España y las muestras de hospitalidad que hemos recibido la Reina y yo en esta primera jornada de visita oficial.

Quiero recordar aquí la visita de Vuestras Majestades a España, así como manifestar que, a pesar de los años transcurridos, tampoco se ha borrado de nuestra memoria la entrañable acogida que recibimos cuando visitamos el Reino de Tailandia, poco después de nuestra boda.

Nos alegra especialmente estar presentes en estas fechas en las que el pueblo tailandés y sus instituciones se preparan para celebrar con júbilo los sesenta años de Vuestra Majestad, deseándoos por nuestra parte las mayores venturas.

En la historia reciente de ambas naciones se ha ido creando una corriente de mutuo interés y simpatía, por encima de las distancias geográficas y de los avatares de la política internacional.

Me parece oportuno recordar la iniciativa de mi bisabuelo, el Rey don Alfonso XII, y de su gobierno, quienes, interesados por el proceso de modernización en el que estaba empeñado el gran Rey Chulalongkhorn, le cursaron una invitación para que visitara nuestro país. El viaje tuvo lugar en 1897, despertando gran interés y simpatía en el pueblo español. En 1907, Rama VII _todavía Príncipe heredero_ asistía a Madrid a la boda de mis abuelos, y mis propios padres, los Condes de Barcelona, vinieron a Bangkok en su viaje de novios en 1935.

Anteriormente, los contactos entre el Reino de España y el de Siam se habían llevado a cabo por medio de la presencia española en Filipinas. Desde Manila, se mantuvo una constante -y en ocasiones intensa- relación comercial con Ayuthai y Bangkok, desde que en 1597 se firmara el primer Tratado de amistad y comercio entre ambos Reinos. Eran tiempos esforzados en los que el marfil, las sedas o las pieles de Siam debían atravesar, para llegar a España, el Mar de la China, el Océano Pacífico, México desde Acapulco a Veracruz y, por último, el Atlántico.

Afortunadamente, las distancias se han acortado. El mundo de hoy es uno, las naciones interdependientes y los acontecimientos en esta región -de fascinante pasado y prometedor futuro- nos interesan y nos afectan.

Ya a finales del siglo XV, los navegantes españoles pretendieron abrir por occidente una ruta hacia oriente, empresa que culminó en la integración de América, junto con Europa, Africa, Asia y el Pacífico, en un mundo por primera vez único.

Al cumplirse el V Centenario de aquellos viajes, los españoles, que nos sentimos orgullosos de nuestra participación en aquella gesta, queremos invitar a todos a una magna conmemoración de la era del descubrimiento. Esta celebración tomará la forma de una exposición universal, que se desarrollará en 1992 y de la que será anfitriona la ciudad de Sevilla.

Quiero hoy convocaros a esa conmemoración, consciente de la aportación que por su rica cultura y su personalidad habrá de suponer la presencia de Tailandia en el plano internacional para este importante acontecimiento.

Majestades, puedo aseguraros que España, que comparte el mismo deseo de paz y de justicia que el Reino de Tailandia, sigue con todo interés vuestros esfuerzos y los de los restantes países de la región, integrados en la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático, por alcanzar un desarrollo basado en la profundización del pluralismo político y el respeto democrático a la voluntad popular.

Seguimos con el mismo interés vuestros esfuerzos por acabar con la tragedia del pueblo khmer, favoreciendo una fórmula que haga posible el ejercicio del derecho de autodeterminación y la convivencia con los países de su entorno, de acuerdo con las reiteradas resoluciones de Naciones Unidas.

En éste y otros conflictos mayores, la política española se inscribe en la de la Comunidad Europea a la que pertenecemos y con la que participamos en el diálogo con ASEAN.

Asimismo, desde hace dos años, somos miembros contribuyentes del Banco Asiático de Desarrollo, que promueve nuestras inversiones, comercio e intercambio de tecnología, en beneficio de ambos pueblos.

En este orden de cosas, hay que destacar el notable desarrollo y diversificación de la economía tailandesa, de su agricultura, industria y comercio exterior, que os permiten contemplar el futuro con optimismo y confianza. Es un caso notable en medio de la crisis que aqueja a tantas naciones en desarrollo. Al término de esta primera jornada, la Reina y yo hemos quedado admirados por la pujanza y progreso de vuestra capital, buena muestra de la laboriosidad e ingenio de sus habitantes.

Majestades, quisiera reiteraros, por último, la gratitud de la Reina y la mía, por vuestra generosa hospitalidad, desearos, una vez más, la mayor ventura en fechas tan destacadas para vuestra persona y vuestro feliz reinado, brindando por el noble pueblo tailandés y la amistad entre nuestras dos naciones.

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