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Palabras de Su Majestad el Rey al Ayuntamiento de Granada y a los granadinos

Granada, 26.06.1991

N

uestro viaje a Andalucía en estos días responde no sólo a un protocolo de amistad siempre debido a esta tierra, sino también al grato reencuentro con una comunidad, la de Andalucía, de especiales responsabilidades históricas.

Las culturas milenarias que establecieron en España, con avatares heroicos, un diálogo de paz universal en su momento, viven una síntesis de la que surge, en toda su grandeza, lo que somos los españoles.

Una nación joven que ha asumido la democracia como guía ideal de convivencia y progreso. Dentro de ella, y con la Corona que encarno a la vanguardia, los españoles estamos afrontando los problemas del siglo que se nos echa encima con cotas de entendimiento nacional raramente alcanzadas.

Es bueno que prosigamos en ese quehacer. Que aprendamos del pasado, de su mensaje, este aliento unitivo. A veces, por vanidad, por resentimiento, por incomprensiones que han nacido de una inadecuada organización social, caemos en el pesimismo y nos dejamos llevar por él.Granada, noble y bella, cuna de sabiduría política y de filosofía vital, es para mí una viva lección de lo que hay que hacer, de lo que podemos y debemos consolidar para nosotros y las generaciones venideras.

La universidad árabe y europea que aquí se va a asentar servirá de ejemplo, prólogo y frontera abierta a la paz entre las comunidades del mundo. Ese espíritu es una exigencia para quienes, señor Alcalde, iniciáis una andadura fecunda en la administración de estos intereses. Esta es, Granada, por derecho y definición secular, una de las grandes capitales culturales del Mediterráneo.

Acojo, por todo ello, querido Alcalde, las aspiraciones de los granadinos como un mandato, respaldado por la lucidez democrática. Granada entra en la modernidad con el mejor de los avales. Es la vuestra una fisonomía genial y trabajadora, estímulo para la creatividad y para el diálogo. Es lógico que con esas prendas tan brillantes queráis romper con la desidia y la corrupción que han malogrado tantas cosas en España.

En esta hora de superación hemos de tener los ojos bien abiertos para que nuestra democracia, viva y emprendedora, no sucumba a la tentación del inmovilismo.Granada, con su esplendor, tiene la obligación de iluminar la tarea común de progreso por la que nos desvelamos todos. Muchas gracias por vuestra hospitalidad y por la belleza que ha impregnado nuestra visita.

Quiero agradecer, por medio de este saludo, las adhesiones que recibo en mi onomástica, que este año celebraré de corazón en vuestro pueblo.

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