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Palabras de Su Majestad el Rey al Presidente de Túnez Ben Alí y al pueblo tunecino

Madrid, 27.05.1991

S

eñor Presidente, es especialmente grato, para la Reina y para mí acoger a Vuestra Excelencia en España y corresponder de este modo al caluroso recibimiento que se nos tributó en Túnez.

De la visita oficial que efectuamos en 1983, la Reina y yo volvimos cargados de atenciones y de imágenes muy gratas de los monumentos, ciudades y paisajes que testimonian las andaduras históricas compartidas ya desde los tiempos de fenicios y cartagineses.

Hoy, sin embargo, para satisfacción de los que en la última década han tejido una densa red de contactos políticos e intercambios comerciales y una fecunda cooperación en todos los campos, ya no se impone una lírica evocación del pasado, como tema central de nuestro discurso, sino el análisis tanto del presente como del futuro que nos apremian con estímulos y requieren nuestra atención e inmediata respuesta.

Sin duda, el principal foco de atención es el mar Mediterráneo, tan denso en oportunidades históricas de encuentro y tan necesitado hoy de paz y soluciones globales.

La desaparición de la política de bloques y las transformaciones democráticas de los países del este de Europa, sin olvidar, por supuesto, los acontecimientos del Golfo, han tenido repercusiones tanto en el escenario del Mediterráneo como en el universal. Se ha hecho patente la urgencia de encarar la nueva realidad con una visión global que abra la vía de un nuevo tipo de relaciones y mecanismos de cooperación y diálogo.

Si se quiere la paz, la seguridad y la estabilidad en el Mediterráneo, único marco que permite un desarrollo económico y social fecundo, no podemos ignorar que el porvenir de la región deberá estar presidido por una solidaridad económica y política consecuente con lo tantas veces afirmado: la prosperidad de los pueblos de la orilla norte es inseparable del bienestar de las naciones de la orilla sur.

España, junto con otros países europeos, ha preconizado una Conferencia de Seguridad y Cooperación en el Mediterráneo que, inspirándose en la feliz experiencia de la Conferencia de Seguridad y Cooperación en Europa, tendría un enfoque global en cuanto a su contenido y número de participantes y un carácter gradual y selectivamente progresivo en la forma de abordar los complejos problemas de la región.

En un ámbito más próximo, España presta una atención especial a los países del Magreb, con los que nos unen estrechos vínculos de cooperación. Por ello, contemplamos con gran satisfacción los progresos que realiza la Unión del Magreb Arabe, fruto en buena parte de la que ha sido tenaz Presidencia tunecina. Estos avances facilitarán los contactos con otros grupos regionales y muy especialmente con la Comunidad Europea.

Sólo en un marco global podrá tener cabida plena el fomento de unas relaciones que son ya multiformes y de gran importancia. En este sentido, España desea avanzar en el camino iniciado de elevar el nivel político del diálogo entre ambos conjuntos regionales y permanece atenta a las aspiraciones de los países magrebíes en la gestación de la nueva política mediterránea comunitaria.

Este marco se completa con el esfuerzo que llevamos a cabo en un plano estrictamente bilateral y con la coordinación de países árabes y europeos para racionalizar la cooperación norte-sur entre ambas riberas del Mediterráneo occidental.

Pero mientras asistimos al nacimiento de un nuevo marco de cooperación en aquel importante sector, no debemos ser indiferentes a los problemas y tragedias que se siguen viviendo en su ribera oriental, y ello por razones de proximidad geográfica, histórica y cultural.

La paz en esta región no será posible hasta que se resuelva el problema del pueblo palestino, mediante la satisfacción de sus justas aspiraciones para decidir su propio destino, que deben ser compatibles con el derecho de todos los Estados de la región a vivir en seguridad dentro de fronteras internacionalmente reconocidas.

Estimamos que en este momento, más que nunca, todas las partes deben dar pruebas de la flexibilidad y del realismo necesarios para el establecimiento de un clima de confianza mutua que favorezca un proceso negociador. No se puede dejar pasar esta ocasión especialmente favorable para hacer avanzar la causa de la paz en una región tan atormentada.

España seguirá manteniendo unas relaciones de amistad con el mundo árabe y considera muy loables los esfuerzos que actualmente se han emprendido para recomponer su unidad y reanudar el diálogo en el seno de la Liga Arabe. Me parece justo destacar el relevante papel desempeñado por Túnez en este terreno, reconocido por todo el mundo árabe.

Señor Presidente, si el Magreb constituye una de las prioridades de la política española, tenemos también la voluntad política de que las relaciones bilaterales con Túnez sean ejemplares y paradigmáticas de este carácter prioritario.

Por esta razón, España contempla con simpatía los esfuerzos renovadores que se están realizando bajo su impulso personal, señor Presidente, para el pleno desarrollo de un sistema de democracia pluralista, mediante la creación de mecanismos concretos favorecedores del respeto a los derechos humanos y a las libertades públicas.

Sepa vuestra excelencia que contará con nuestro apoyo decidido para la consolidación de un sistema político respetuoso con los derechos democráticos. No sólo con palabras de aliento sino con medidas concretas de cooperación.

No es casual que nunca haya existido un contencioso entre nuestros países. Los esfuerzos ya realizados, gracias a una decidida voluntad común, nos autorizan a cosechar hoy los frutos de una cooperación económica, financiera, cultural y científica, sin olvidar la colaboración en el terreno de la defensa.

Ahora más que nunca se trata de dar un impulso cualitativo a nuestras relaciones mediante la intensificación de nuestros esfuerzos, el incremento de los intercambios comerciales en beneficio de los dos países y, sobre todo, el fomento de la creación de empresas mixtas, aprovechando las nuevas líneas de crédito existentes.

En este sentido, son especialmente útiles los contactos que se están celebrando en torno a su visita entre empresas tunecinas y españolas, al tiempo que se han firmado relevantes instrumentos jurídicos como son los nuevos acuerdos de cooperación científico-técnica y financiera y un convenio de protección de inversiones.

El convenio sobre cooperación cultural sin duda potenciará el fomento de la enseñanza de nuestras lenguas. En este ámbito cultural, se ha abierto también un amplio campo en la cooperación universitaria y en la de conservación del patrimonio común, especialmente a través de acciones como la restauración del histórico fuerte de Santiago situado en la isla de Chikli.

Nos congratulamos igualmente de que Túnez haya sido uno de los primeros países árabes en responder a la llamada de participación de la Exposición Universal de Sevilla y en iniciar la construcción de su pabellón.

Los españoles descienden en parte, como los tunecinos, de fenicios y cartagineses, primeros que protagonizaron grandes gestas marineras y se atrevieron a salir al océano.La historia no olvida los periplos africanos de navegantes fenicios financiados por el Faraón Necao, y la hazaña de los magonidas capitaneados por Hannon.

Túnez no podía por ello dejar de ocupar un lugar destacado en la conmemoración de aquel gran descubrimiento geográfico, que no hubiera sido posible sin la mejora de las técnicas náuticas desarrolladas por la civilización árabe y provechosamente utilizadas por los descubridores del nuevo mundo.

Mediante su participación en el programa Al Andalus-92, Túnez podrá asimismo participar en una importante empresa de diálogo de culturas, cuyo mutuo respeto y comprensión será sin duda uno de los mejores instrumentos para facilitar la paz, la seguridad y la solidaridad de las dos orillas del Mediterráneo.

Señor Presidente, España, que se ha transformado en un país moderno y altamente industrializado, mantiene intactas -y estoy seguro de que podréis apreciarlo a lo largo de esta visita-, raíces y rasgos de una personalidad afectuosa y hospitalaria. Confío que estas circunstancias colaboren a que se sienta en España como en su propia tierra.

En esta esperanza, Señor Presidente, levanto mi copa para desear a Vuestra Excelencia y a la delegación tunecina una feliz estancia en España y mis mejores deseos de prosperidad y bienestar al pueblo tunecino.

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