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Palabras de Su Majestad el Rey al Presidente de la República Democrática Alemana Erich Honecker y al pueblo aleman

Madrid, 03.10.1988

S

eñor Presidente, permitidme en primer lugar desear a Vuestra Excelencia, y a los miembros de vuestra delegación la más cordial bienvenida a España.

Durante estos días en España, tendréis ocasión de encontraros con un país y un pueblo activamente comprometido en el progreso social, político y cultural. Aquí y en Barcelona, entraréis en contacto con una sociedad que no se detiene en la autocomplacencia y para la que cada día supone un desafío en el ejercicio, desarrollo y consolidación de un sistema de libertades por ella conquistado y en la consecución de más altas cotas de justicia y bienestar social.

En suma, señor Presidente, os encontraréis un pueblo abierto al diálogo y al entendimiento, no sólo con los que comparten sus ideales básicos, sino con todos aquellos que han hecho de la libertad, la justicia y la paz su meta y el diálogo y la cooperación sus instrumentos de entendimiento.

Señor Presidente, llegáis cuando España culmina su proceso de integración en las instancias europeas y occidentales. Ello no significa para nosotros simplemente ocupar el lugar que nos corresponde en los organismos que estructuran nuestro entorno político y social. Significa, señor Presidente, la voluntad española de participar de forma activa y responsable tanto en sus tareas cotidianas como en su desarrollo y potenciación al servicio del desarrollo económico, el bienestar, la paz y la cooperación con todos los pueblos.

En el caso concreto de la Comunidad Europea, trabajamos con especial dedicación para la realización de los grandes objetivos planteados en el horizonte de 1992. España, señor Presidente, aborda la consecución de esos objetivos como un paso necesario para que la Europa comunitaria atraviese el umbral del año 2000 con la suficiente cohesión política, económica y tecnológica que le permita hacer frente a los nuevos retos y aprovechar todas sus posibilidades.

Al mismo tiempo, nos disponemos a conmemorar en 1992 el V Centenario del descubrimiento de América que, al significar el encuentro entre el viejo y el nuevo mundo, supuso la apertura de una nueva etapa en la historia de la humanidad.

Con este motivo, en 1992, Sevilla será sede de la Exposición Universal, que pretendemos que constituya un punto de referencia y de partida para afrontar, en una atmósfera de imaginación creativa, concordia y cooperación, los desafíos de todo orden que implican la inminencia de un nuevo siglo.

Es pues, una satisfacción para nosotros la participación en ella de la República Democrática Alemana y estoy seguro de que su presencia servirá para profundizar en el mutuo conocimiento. La exposición «Berlín hoy», que tanto éxito tuvo en Madrid el pasado mes de enero, fue ya una anticipación de lo que vuestro país podrá hacer en la Exposición Universal de Sevilla.

También en 1992, Barcelona reunirá a atletas y deportistas de todo el mundo en el marco de los próximos Juegos Olímpicos. La destacada participación de vuestros jóvenes en los recientes juegos de Seúl y, en general, la brillante trayectoria olímpica de vuestro país, auguran nuevos éxitos en Barcelona, al mismo tiempo que nos recuerdan la conveniencia de hacer realidad una intensa colaboración en el terreno deportivo entre vuestro país y España.

Por último, Madrid será, también en 1992, Capital Cultural de Europa. Es nuestro propósito que, durante ese año, Madrid sea la capital cultural de una Europa sin adjetivos, cuyas principales señas de identidad han sido históricamente la libertad creativa, la diversidad y la vocación de universalidad.

Señor Presidente, os hablo de todo esto, no solamente para que conozcáis cuáles son algunos de nuestros afanes, sino también para compartir con vuestra excelencia nuestro deseo de que un gran número de vuestros compatriotas nos visiten en esas fechas.

El proceso de creciente distensión y de diálogo constructivo que estamos viviendo confirma nuestra esperanza en que vayan desapareciendo los obstáculos para el contacto entre los pueblos, especialmente deseable cuando éstos pertenecen a un mismo espacio histórico y cultural.

Los gobiernos, aportan a este diálogo su decisiva contribución haciéndolo posible, pero sólo tendrá validez plena cuando todos los ciudadanos de países con sistemas políticos distintos tengan facilidad para viajar y conocerse, de manera que puedan así valorar sus culturas y sus modos de ser y lleguen a sentirse atraídos por los modos de vida de los demás, sin dejar de estar apegados a los valores que les son propios.

Señor Presidente, estamos asistiendo a una etapa esperanzadora en las relaciones internacionales. El clima de diálogo europeo conoció un nuevo impulso mediante el acuerdo firmado el pasado junio entre la Comunidad Económica Europea y el Consejo de Ayuda Mutua Económica.

El debate que se produce en la reunión de Viena de la Conferencia sobre la Seguridad y Cooperación en Europa, debe concluir próximamente en nuevos avances en el marco del Acta de Helsinki. Junto a ello, las perspectivas ciertas de negociaciones sobre desarme convencional y el diálogo constructivo entre los Estados Unidos y la Unión Soviética han situado al mundo en uno de los momentos más favorables del siglo XX.Ello ha propiciado también el inicio de solución de graves conflictos regionales en diversas zonas del mundo y la esperanzadora aproximación de posiciones en otros aún sin resolver.

Los países europeos debemos seguir contribuyendo para que ese impulso de paz continúe y se extienda a las otras regiones del mundo que hoy sufren las calamidades de la guerra, de la injusticia o de la miseria.

Podéis estar seguro, señor Presidente, de que os hablo con tanta franqueza como aprecio, pues conozco vuestro interés en estos procesos, así como vuestros esfuerzos en apoyo al desarme en Europa central y de la esperanzadora realidad que es el diálogo creciente con la República Federal de Alemania.

Confío en que las conversaciones y los contactos que tendréis durante vuestra estancia en Madrid y Barcelona, contribuirán a un mayor conocimiento mutuo y a un robustecimiento de las relaciones entre España y la República Democrática Alemana.

Señor Presidente, en este espíritu, y al reiteraros nuestra cordial bienvenida, invito a todos a brindar por la ventura de Vuestra Excelencia, por la de todas las personalidades que os acompañan y por la prosperidad del pueblo de la República Democrática Alemana.

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