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Palabras de Su Majestad el Rey al Cuerpo Diplomático

Madrid, 09.01.1991

S

eñores Embajadores, como siempre en estas fechas, la Reina y yo tenemos la satisfacción de reunirnos con Vuestras Excelencias para desearos todo lo mejor en este año que acaba de comenzar. Una vez más, agradecemos las cariñosas palabras que el decano del Cuerpo Diplomático y Nuncio de Su Santidad nos ha dirigido en nombre de todos.

Señores Embajadores, 1990 ha sido para Europa y para el mundo un año de enorme trascendencia. La superación del conflicto entre el este y el oeste ha desencadenado un proceso de apertura y entendimiento en el que todos, de una forma u otra, nos hemos visto inmersos.

La instauración de regímenes pluralistas en el centro y el este de Europa y la unificación de Alemania definen de forma jubilosa este proceso, que ha abierto la puerta a los históricos logros alcanzados recientemente en la Cumbre de París de la Conferencia de Seguridad y Cooperación en Europa, a los que España ha contribuido en toda la medida de sus fuerzas.

Como miembro de la Comunidad Europea, España contribuye activamente en la construcción de una Europa nueva que, mediante su fortalecimiento interno y su mayor proyección exterior, se constituya en polo de estabilidad y desarrollo en los años venideros. Con similar afán, mi país potencia esos esfuerzos desde el Consejo de Europa cuyo Comité de Ministros hoy se honra en presidir.

Son muchas las incógnitas que aún debemos despejar y es común responsabilidad, a la que ningún país europeo puede escapar, la construcción de esa Europa libre, próspera y en paz.De la misma manera aspiramos a que ese espíritu de concordia y colaboración se extienda al conjunto de las naciones ribereñas del Mediterráneo. Buena prueba de este propósito fue la reciente reunión de Palma de Mallorca sobre el medio ambiente en el Mediterráneo, que desearíamos que fuese el punto de partida para proyectos más ambiciosos en beneficio de los pueblos de la región.

Señores Embajadores, mi país, como miembro de la comunidad internacional y como Estado europeo ribereño del Mediterráneo, sigue con preocupación la difícil situación en oriente próximo, y en particular la crisis de la región del Golfo, que pone en cuestión el orden mundial.

España apoya los esfuerzos en favor de la paz porque es consciente de que la victoria más grande y duradera es aquella que se consigue sin necesidad del empleo de la fuerza. Al mismo tiempo, asume sus responsabilidades y respalda con decisión las resoluciones de la Organización de las Naciones Unidas, por considerar que sus principios son la base más sólida del buen entendimiento entre los pueblos y la cooperación entre los Estados.

Señores Embajadores, a medida que avanzamos hacia el fin de este segundo milenio de la humanidad, vamos descubriendo la imperiosa necesidad de profundizar en fórmulas de cooperación internacional que permitan la superación de grandes desafíos globales que nos afectan a todos. Avances sustanciales en la lucha contra el subdesarrollo, el narcotráfico, la discriminación, la violación de los derechos humanos, el terrorismo, la agresión del medio ambiente, son pruebas tangibles -aunque todavía insuficientes- de esta solidaridad mundial.

Sería prolijo detenernos en los progresos en cada uno de estos campos, pero de ellos se deduce que sólo son válidas respuestas solidarias y audaces si realmente queremos lograr un desarrollo armónico del mundo en que vivimos.

Señores Embajadores, el año que comienza es antesala de acontecimientos importantes, pues estamos ya en vísperas del V Centenario que conmemora el encuentro del viejo y el nuevo mundo. Hace quinientos años, la tierra se hizo de verdad redonda y se inició una nueva era al incorporar esa parte tan importante del planeta que desde entonces llamamos América.

Hoy nos congratulamos de los grandes progresos que se registran en Iberoamérica para la consolidación de la democracia, los procesos de paz y los avances sustantivos hacia la integración en el continente.

A uno y otro lado del Atlántico, trabajamos con ilusión para que nuestras relaciones no sean simplemente fruto de un rico pasado, sino estímulo para profundizar en campos cuyos límites deben marcarlos únicamente nuestra imaginación y nuestra voluntad. Al Encuentro de Mandatarios Iberoamericanos que tendrá lugar este año en México, seguirá otro similar en España en 1992 y otros sucesivos en diferentes países de la comunidad iberoamericana.

Señores Embajadores, en nombre de la Reina y en el mío propio, quiero agradecer de nuevo a Vuestras Excelencias vuestro interés y dedicación a España y os rogamos que hagáis llegar a vuestros pueblos y a vuestros Jefes de Estado nuestros mejores deseos de paz y prosperidad para todos.

Muchas gracias.

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