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Palabras de Su Majestad el Rey al mundo de la cultura al entregar las Medallas de Oro al Mérito en las Bellas Artes

Madrid, 18.01.1988

S

on ya muchos los años que venimos reuniéndonos para este acto, gratísimo para la Corona, de entrega de las Medallas de Oro al Mérito en las Bellas Artes.

Con él renovamos un compromiso ineludible con la cultura y con aquellos creadores que más se han distinguido en la tarea, a veces ingrata y no siempre comprendida, de enriquecer, conservar y difundir el legado universal de nuestra patria.

Una vez más, al dirigirme a todos vosotros, tanto a los galardonados como a cuantos nos acompañan, me vienen a la memoria aquellas palabras de Miguel de Cervantes, nuestro español más universal, cuando afirmaba que «de gente bien nacida es agradecer los beneficios que se reciben».

Y somos todos, la sociedad en su conjunto y cada uno de los que en ella estamos inmersos, los que debemos regocijarnos al rendir homenaje a quienes, desde cada uno de los respectivos campos de su trabajo, nos han concedido con su esfuerzo y dedicación el enorme beneficio del goce espiritual.

A todos ellos, a los creadores y a quienes contribuyen a acrecentar, mantener y difundir el patrimonio cultural de nuestro pueblo, deseo hacer patente un reconocimiento que no es el del Estado, sino el de la sociedad a quien éste sirve y en el que encuentra el sentido de su existencia.Porque no debe ser la cultura tan sólo tarea u objetivo del Estado.

El arte y la literatura, en cada una de sus variadas facetas, son por esencia manifestaciones plurales y dinámicas, y flaco servicio les prestaría una institución que pretendiese ponerles barreras, constreñirlas o limitar su divulgación en aras de intereses pasajeros.

Puesto que la cultura beneficia a la sociedad entera, es también tarea de todos, cada uno desde sus posibilidades, la difusión, el estímulo y el apoyo al esfuerzo de los que por ella trabajan.

Y es el deber del Estado -este sí ineludible-, garantizar que el disfrute de sus bienes llegue a todos los rincones de nuestro pueblo. Que nadie se quede al margen del enriquecedor diálogo de los artistas con los componentes de la sociedad de la que sus obras se nutren y a la que van destinadas.

Sólo así adquiere pleno sentido la libertad de creación y únicamente de ese modo los artistas y los creadores verán recompensados sus esfuerzos, sus incertidumbres y los riesgos que conlleva la plena dedicación a un trabajo que nunca acaba del todo.

Cuando la vitalidad y la energía de las realizaciones de la cultura española causan la admiración y entusiasmo de todos cuantos nos observan, me siento particularmente honrado de estar aquí con vosotros, dignos representantes de todos los que, de un modo u otro, dan forma y expresión a la materia con la que están hechos nuestros sueños, nuestras preocupaciones y nuestros anhelos.

A todos vosotros, a los que trabajáis fuera o dentro de nuestro país, a los que desde otros aspectos os esforzáis por difundir la cultura española, a cuantos con vuestro estímulo y patrocinio contribuís a su más amplia comprensión, os ofrezco, en nombre de todos los españoles, el testimonio de nuestro más profundo agradecimiento.

Se levanta la sesión.

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