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Palabras de Su Majestad el Rey al Consejo de Europa en la clausura de Campaña Norte-Sur

Madrid, 01.06.1988

A

l dirigirme a la Conferencia de Parlamentarios y Organizaciones no Gubernamentales que cierra la Campaña sobre la Solidaridad y la Interdepedencia entre el Norte y el Sur, soy consciente de que en este momento nos encontramos al final de un camino y, al mismo tiempo, a las puertas de nuevas y crecidas esperanzas.

Esta Conferencia representa, en efecto, la culminación de una larga serie de esfuerzos e iniciativas que tienen su punto de partida en la Declaración de Lisboa de 1984, por la que el Consejo de Europa asumió la responsabilidad de promover una campaña de sensibilización de la opinión pública europea acerca de dos hechos fundamentales que definen la realidad del mundo actual: la estrecha interdependencia entre todos los pueblos y naciones del planeta y la exigencia de una actitud plenamente solidaria para responder a los gigantescos desafíos que esta mutua necesidad plantea.

El alumbramiento de esta idea, y el entusiasmo y dedicación invertidos en hacerla realidad, han puesto de relieve, una vez más, el empuje y la fuerza de nuestras instituciones, cuyo papel en la magna tarea de la construcción de Europa es cada vez más sólido y genuino.

A ellas, y a las personas que dirigen día a día su actividad, quiero agradecer ahora su invitación para ostentar la presidencia de honor de la Campaña, que en su día acepté con el mayor entusiasmo.

Es asimismo motivo de satisfacción para el Rey de España presidir el Patronato de honor de la Campaña, del que forma parte un selecto grupo de destacadas personalidades de la vida política, cultural y social de países de todas las latitudes que han querido contribuir con su presencia y su apoyo al éxito de esta empresa.

Sin embargo, ni la grandeza de los ideales que dan sentido a esta iniciativa ni la categoría de las instituciones y personas que la han promovido y respaldado hubieran sido suficientes por sí solas para asegurar el éxito de la campaña. Al fin y al cabo, han sido los ciudadanos del norte y del sur los que, con su respuesta decidida y solidaria, han dado sentido a este empeño desde su origen hasta su fin.

A ello ha contribuido sin duda el importante papel desempeñado por los parlamentarios europeos, legítimos representantes del pueblo en la concepción, desarrollo y puesta en marcha de la campaña.

Debo también referirme de manera especial a las organizaciones no gubernamentales, que desde hace años hacen realidad cada día los ideales en los que se ha fundamentado esta iniciativa, y que se han destacado en su generosidad y entusiasmo a lo largo de estos meses. A ellas se debe en gran medida el éxito de esta empresa. El altruismo y la entrega de estas organizaciones son sin duda un ejemplo que debemos tener presente si aspiramos a mantener vivo el espíritu de solidaridad responsable que la campaña ha difundido.

Porque, si bien es este el momento en que debemos recapitular lo que han significado estos meses, volviendo la vista atrás y recogiendo enseñanzas y valoraciones, es igualmente importante proyectar esta experiencia hacia el futuro, cuidar y alimentar la simiente que la campaña ha sembrado entre nuestros conciudadanos, mantener viva la luz de esperanza sobre el futuro de todos que la campaña ha derramado.

Por ello, es ahora más importante que nunca reflexionar sobre los graves problemas que se han aproximado a las preocupaciones y alegrías cotidianas de cada uno de nosotros, introducir en nuestro modo de vida esta actitud solidaria a la que la campaña nos llama, asumir plenamente la responsabilidad en que nos coloca nuestra condición de ciudadanos del mundo.

El devenir de los siglos ha contemplado la continua lucha del hombre por dominar el medio sobre el que se asienta su civilización y por conquistar la convivencia con los demás en paz y prosperidad. La suma de triunfos y fracasos en esta secular empresa nos ha dado un mundo en el que la totalidad de los recursos accesibles resultan ya suficientes para erradicar el hambre y la miseria, en el que la esperanza de vida se alarga en todos los continentes, en el que algunas de las enfermedades que, hace solamente algunas décadas asolaban regiones enteras, han desaparecido por completo.

La grandeza de la condición humana y los poderosos medios que la ciencia y la técnica han puesto al servicio de la humanidad son elementos suficientes para mirar hacia el futuro con optimismo, desde una perspectiva global.

Sin embargo, la campaña ha acercado a los ciudadanos de Europa a la realidad de millones de personas que difícilmente pueden compartir esta convicción. En un tiempo en el que las fronteras han sido superadas por la rapidez de las comunicaciones y en el que el más pequeño acontecimiento despliega efectos cada vez más amplios, la paz y la abundancia conviven con el hambre y la injusticia en escenarios aparentemente distantes y sin embargo cada vez más próximos.

Por el contrario, las diferencias tienden a hacerse mayores y el abismo que separa la opulencia de la privación se ensancha día a día. Estos hechos, que no deben hacernos dudar de la intrínseca capacidad del hombre para avanzar en la conquista de un mundo cada vez más justo, son suficientes para tomar conciencia de las graves amenazas que encierra el futuro.

Amenazas que alcanzan por igual a todos los individuos y pueblos, sea cual sea su situación presente. Amenazas que solamente podrán ser disipadas si asumimos una actitud fundamentalmente racional y, por lo tanto, decididamente solidaria.

Porque sólo con la razón podremos conquistar un porvenir mejor al que todos aspiramos. Las distorsiones que todavía obstaculizan el desarrollo pacífico y armonioso de todas las naciones son en esencia irreconciliables con la inteligencia natural del hombre. La campaña ha puesto de relieve, como elemento fundamental de su mensaje, esta justificación racional de la solidaridad, deber de todos que desborda el terreno de la moral y se asienta y arraiga en los dominios de la conciencia racional, cualidad distintiva del hombre.

En la medida en que la Campaña sobre la interdependencia y la solidaridad entre el norte y el sur haya logrado despertar la inquietud de los europeos sobre las graves incertidumbres que se ciernen sobre el futuro de todos, podremos afirmar que la empresa ha sido culminada con éxito.

Si la comprensión inteligente de esta situación, y de la interdependencia que vincula el futuro de cada uno al futuro de toda la humanidad, hace crecer la solidaridad como actitud responsable y decidida, podremos además afirmarnos en el optimismo y en la esperanza respecto al futuro.

Apoyado en este optimismo y en esta esperanza, quiero agradecer a todos, en mi calidad de Presidente de honor de la Campaña Norte-Sur, el entusiasmo y el esfuerzo en la realización de esta tarea.

A los miembros del Patronato de honor de la Campaña, que han hecho de ésta un acontecimiento de carácter mundial y que con su presencia y apoyo han puesto de relieve los elevados ideales en que se basa. A las instituciones europeas, cuyo prestigio ha respaldado esta iniciativa, que ha contado en su desarrollo con todos los medios y dedicación necesarios. A los gobiernos de los Estados miembros del Consejo de Europa, cuya participación decidida en la campaña ha servido para atraer, organizar y transformar en resultados concretos la respuesta que la campaña ha suscitado. A las organizaciones no gubernamentales, que con su importantísima contribución han dado una vez más un hermoso ejemplo de solidaridad y entrega desinteresada al servicio del bien común. Y, principalmente, a los hombres y mujeres de nuestro continente, a quienes la campaña iba dirigida, y a cuya participación activa y entusiasta se debe en último término el éxito de la misma.

Que el término de esta empresa no sea el final de un camino, sino, antes bien, el comienzo de otro. Porque, por encima de las preocupaciones y creencias de cada uno, la urgencia de los problemas pendientes nos obliga a permanecer unidos en una sola tarea, pobladores que somos de un solo mundo, partícipes todos de un futuro común que entre todos, solidariamente tenemos que construir.

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