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Palabras de Su Majestad el Rey en la reunión del Real Patronato del Museo del Prado

Madrid, 23.07.1990

T

odos estamos de acuerdo, dentro de nuestra tradición occidental, en que la cultura, y de forma más concreta las bellas artes, contribuyen a ensalzar las actividades humanas y a colocar al hombre en un lugar destacado de la civilización.

Y nadie pone en duda las aportaciones de primer orden que nuestro país ha realizado al acervo universal de las artes.

La riqueza de España en parajes, villas y ciudades, con sobresalientes monumentos y testimonios artísticos de toda clase, es evidente y nos llena de orgullo a los españoles.

Lugar de especial importancia y significación en la conservación de nuestro patrimonio y del legado artístico del pasado en este Museo. En él se agrupan y ordenan extraordinarias piezas que proceden, bien de antiguas colecciones reales y nobiliarias, bien de donaciones de entidades o particulares, de permutas o adquisiciones.

En estos tesoros que aquí se recogen hay, además, un elemento que a nosotros, los mortales, nos falta: la continuidad que se mantiene a través de los tiempos, por encima de nuestras vidas y que será inagotable fuente de conocimiento y de admiración.

Nuestra primera pinacoteca, conocida en todo el mundo, visitada por propios y extraños, necesita renovarse periódicamente en sus instituciones y en las personas que las rigen, para asegurar su permanencia y el cumplimiento de sus funciones.

En esta ocasión, la presencia de la Reina y mía en el Museo del Prado, tiene su justificación concreta al celebrarse hoy la sesión solemne del Real Patronato, cuya presidencia de honor con tanto orgullo ostentamos, y que experimenta ahora una renovación.

Con nuestro saludo y nuestro agradecimiento profundo a Gonzalo Anes, que al cesar en su presidencia puede estar satisfecho de su labor, así como a quienes van a ser sustituidos, deseo expresar a José Angel Sánchez Asiaín y a los nuevos miembros del Real Patronato mis mejores esperanzas.

Y estoy seguro de que esta incorporación de nuevos conocimientos, voluntades y esfuerzos, mantendrá a este Museo del Prado como lo que siempre ha sido: uno de nuestros mayores títulos de orgullo como españoles, que ofrecemos con la tradicional hospitalidad que nos caracteriza, para que pueda ser disfrutado por los amigos del mundo entero.

Se levanta la sesión.

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