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Palabras de Su Majestad el Rey al Consejo Europeo

Madrid, 26.06.1989

S

eñores Presidentes, señores Primeros Ministros, señores Ministros, la Reina y yo tenemos el gran honor de recibirles en Madrid, que por unos días se ha convertido, con su presencia entre nosotros, en el centro de la actividad política comunitaria.

Este Consejo Europeo es el punto culminante del semestre de la presidencia española del Consejo, cuyo ejercicio ha constituido un importante reto para mi país, tras una todavía corta experiencia como miembros de la Comunidad.

Hoy, a punto de terminar el semestre, creo que hemos dado pruebas de la madurez de un país que ha sabido integrarse adecuadamente en el quehacer cotidiano de las instituciones comunes, con un sólido espíritu europeísta en la relación de colaboración con sus socios europeos.

Hace cuatro años, en este mismo lugar que hoy les acoge, tuve la gran satisfacción de asistir a la firma del Tratado de Adhesión de España a la Comunidad Europea. Desde ese día, mi país unió estrechamente su destino al de Europa, por propia convicción y por la voluntad unánimemente manifestada por el pueblo español. Queríamos, y seguimos queriendo, compartir con los demás pueblos europeos un futuro de libertad, justicia y prosperidad.

Para España, la adhesión a la Comunidad supuso un estímulo para la modernización que está experimentando nuestra estructura social y económica. Del mismo modo, para el conjunto de los Doce, el objetivo del Acta Unica está procurando un estímulo eficaz para avanzar en el proceso de integración europea. Las decisiones que puedan adoptar estos días en el seno del Consejo Europeo tendrán una gran influencia sobre el diseño de la Unión Europea, configurando el marco político, económico y social de Europa para el siglo XXI.

El espacio europeo integrado, que se está construyendo, deberá tener en cuenta que la consecución del mercado interior en 1992, es un elemento fundamental, pero no el único, para ofrecer un máximo de bienestar social a los ciudadanos europeos.

El proceso de integración está dando a nuestra Comunidad un peso creciente en la escena mundial, que conlleva, con una serie de ventajas evidentes, nuevas y mayores responsabilidades políticas y económicas, con relación a los países terceros.

Nuestra actitud hacia ellos no puede ser otra que la que dicta nuestra herencia cultural, nuestro sistema de valores y nuestra capacidad económica, que hacen ineludibles el establecimiento de compromisos con unos pueblos que esperan mucho de nuestra colaboración leal o de nuestra solidaridad.

Señores Presidentes, señores Primeros Ministros, señores Ministros, permítanme levantar mi copa por el éxito de los trabajos del Consejo Europeo que les reúne hoy en Madrid, que no dudo tendrá unos resultados acordes con las esperanzas de nuestros ciudadanos.Por Europa.

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