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Palabras de Su Majestad el Rey en la entrega de la Medalla de la Confederación Española de Organizaciones Empresariales a Alfonso Escámez

Madrid, 24.11.1992

E

xcelentísimos señores, señoras y señores, me siento muy complacido por estar aquí hoy con vosotros, presidiendo este acto en el que la Confederación Española de Organizaciones Empresariales entrega su medalla a don Alfonso Escámez, en reconocimiento a una dilatada y fructífera vida al servicio del mundo de la empresa y de la economía española.

Y creo que no me equivoco si interpreto que en este galardón, el más preciado que concede la CEOE, se quiere recompensar una trayectoria profesional que reúne todas las virtudes entre las más apreciadas por los verdaderos empresarios:

Comenzar desde abajo, como hizo Alfonso Escámez en el Banco que llegó a presidir.

Perseverar y trabajar, como Alfonso Escámez, a lo largo de más de sesenta años de vida empresarial.

Mirar, antes que nada, por los intereses de sus accionistas, de sus empleados y de sus clientes.

Colaborar, como ha hecho Alfonso Escámez desde la banca, para formar sólidos grupos industriales españoles.

Huir de estériles protagonismos y difundir, como única imagen, la de su propia honestidad.

Y coronar, en fin, esta magnífica trayectoria vital de la que deja como herencia el mayor banco privado español, sólido y saneado, y saber efectuar el relevo en el momento más oportuno.

Cuando vivimos tiempos en los que tanto se mixtifica la actividad empresarial; cuando tantas veces se confunde hacer empresas con hacer negocio; cuando a menudo se considera injustamente que al empresario le caracteriza la riqueza o la codicia, y no el esfuerzo, la creatividad y el ahorro, debemos todos congratularnos de que existan ejemplos como el de Alfonso Escámez que nos señalen el camino a seguir.

Estamos ante uno de los forjadores de la España moderna, tanto por lo que ha hecho él mismo como por lo que ha ayudado a lo que otros han hecho, desde la banca y la industria, hacia la educación, la cultura y la sociedad.

Solamente deseo que la labor del Marqués de Aguilas continúe en sus nuevas responsabilidades, y encuentre tantos imitadores como sea posible, para el bien de España y de su riqueza actual y futura.

Muchas gracias.

Se levanta la sesión.

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