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Palabras de Su Majestad el Rey en el Congreso Mundial de Universidades

Madrid, 14.07.1992

E

s para mí un honor encontrarme ante esta comunidad universitaria iberoamericana con ocasión del Congreso Internacional de Universidades. Ello me permite recordar con gratitud la labor de la universidad, que ya desde muy pronto en el siglo XVI, fue en la América de habla hispana el vehículo más adecuado para el traslado de lo mejor de nuestra tradición cultural europea a América, al mismo tiempo que de allí nos trajo un nuevo horizonte cultural. Fue éste uno de los encuentros más enriquecedores para toda la humanidad.

Fue, además, la universidad la conciencia crítica de nuestra acción en América. A ella acudió reiteradamente la Corona en busca de luz y consejo. Puede decirse que, al margen de los claroscuros que empañan toda obra humana, España, a la vez que consolidaba el imperio, estaba juzgando a la luz de la razón y de la justicia su propio proceder.

Uno de sus resultados fue el sentar, a través de Francisco de Vitoria, entre otros, las bases del derecho internacional cuyas normas son hoy el cimiento de la Organización de las Naciones Unidas.

Vosotros, profesores y alumnos, sabéis que ser universitario supone una actitud que impulsa a buscar un sentido integral a la existencia. Es un estilo de vida, una actitud solidaria hacia la sociedad, en la cual y para la cual la universidad existe.

Si 1492 fue un avatar histórico que ofreció retos nuevos a la sociedad de la época, otro tanto puede decirse de 1992. Estamos ante un momento en que se presenta, con urgencia, la necesidad de colaborar a la integración de los pueblos. No son tiempos que toleren la incomprensión y el odio entre clases y países. Los problemas que nos plantea el siglo XXI sólo podemos resolverlos con la colaboración, con la integración de esfuerzos. Vosotros, miembros de la comunidad universitaria iberoamericana os enfrentáis con la tarea de ayudar a fomentar la conciencia de identidad cultural e histórica basada en una fraternidad que se manifiesta en la lengua, el arte, el pensamiento y la cultura.

Desde aquí quiero animaros a que tengáis la misma ilusión y generosidad que tuvieron vuestros antepasados hace quinientos años.

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