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Palabras de Su Majestad el Rey en la cena de gala en honor del Presidente de Guatemala, Sr. Jorge Serrano Elías

Palacio Real de Madrid, 25.05.1992

S

eñor Presidente, para la Reina y para mí, es motivo de muy especial satisfacción expresar a Vuestra Excelencia, a vuestra esposa y a los miembros de vuestra delegación la más cordial bienvenida a España.

Los años transcurridos desde nuestra visita a vuestro país no han podido borrar la honda impresión que nos produjo, no sólo el privilegiado marco de sus bellezas naturales, sino muy especialmente la presencia viva de una multiplicidad cultural que define los perfiles específicos de la nación guatemalteca.

Es ésta una característica de vuestro país a la que España es particularmente sensible.

Por un lado, porque sabemos por experiencia propia que la construcción de un sistema estable de convivencia democrática demanda el respeto a la diversidad, la articulación en términos políticos de las aspiraciones de las comunidades que conforman el Estado y la definición de un proyecto nacional asumido como propio por los ciudadanos.

Por otro, porque es precisamente ese elemento plural el que determina la vitalidad de la Comunidad Iberoamericana de Naciones en la que Guatemala y España nos hermanamos compartiendo «el rico patrimonio de una cultura fundada en la suma de pueblos, credos y sangres diversos».

En este año emblemático, que España contempla más allá de lo conmemorativo como el punto de partida de una empresa común, observamos algunos hechos inquietantes para la consolidación de esa legítima aspiración de nuestros pueblos que es la democracia.

El proceso de recuperación de los sistemas democráticos, que ha caracterizado la evolución política de los últimos años y ha hecho posible el establecimiento de nuevos marcos de cooperación entre los países iberoamericanos, necesita todavía ser fortalecido para superar definitivamente la dicotomía entre democracia y estancamiento tras la que se esconden, perdidas otras banderas, los nostálgicos del autoritarismo.

La próxima Cumbre Iberoamericana, que se reunirá aquí en Madrid en julio, nos ofrece una excelente oportunidad para buscar conjuntamente solución a estos desafíos y hacer efectivo, a través de acciones concretas, el ejercicio de un compromiso de solidaridad que queremos que constituya el eje de nuestras relaciones en la nueva época que comenzamos a transitar.

España reconoce el valioso papel que Guatemala ha jugado para la superación de la crisis centroamericana y valora los esfuerzos y las iniciativas desplegadas para propiciar el diálogo regional, fortalecerlo e institucionalizarlo.

Los acuerdos que abrieron un camino irreversible al proceso de paz llevan el nombre guatemalteco de Esquipulas.

Esta misma ciudad ha sido elegida como sede para otra iniciativa esperanzadora, el Parlamento Centroamericano que ya está empezando a abrir un nuevo ámbito de diálogo regional y reconstruyendo un tejido político al que la crisis estuvo a punto de causar un daño irreparable. Y ahora, cuando los retos del desarrollo pasan a primer plano, es también Guatemala quien asume el papel de motor de un proceso de integración en el que muchos vemos la posibilidad de un futuro mejor para Centroamérica.

Esas políticas delimitan un área de amplias coincidencias entre nuestros dos países. España ha trabajado activamente en apoyo del proceso de paz regional y no ha escatimado esfuerzos a la hora de prestar una contribución directa a su fortalecimiento. El centenar largo de españoles que ayer en ONUCA, hoy en ONUSAL, cumplen una misión de paz en Centroamérica son buena prueba de la firmeza de nuestro compromiso con la causa de la reconciliación, del diálogo y de la paz.

Saludamos la iniciativa de que Centroamérica deje de ser vista como área de conflicto para convertirse en zona de paz y cooperación. La consolidación de la democracia, el desarrollo económico y social y el respeto de los derechos fundamentales de la persona humana han de ser su natural consecuencia.

Señor Presidente, España sigue con gran interés el proceso político de Guatemala. Vuestra elección en enero del pasado año fue motivo de satisfacción y esperanza.

Satisfacción al ver que a un Presidente democráticamente elegido le sustituía por primera vez en mucho tiempo otro Presidente también democráticamente electo.

Esperanza, porque sabemos de vuestro compromiso personal con la causa de la paz, los derechos humanos y la reconciliación nacional.

Conocemos la eficaz labor que desempeñasteis durante vuestra permanencia en la Comisión Nacional de Reconciliación así como el papel central que tuvisteis en la firma de los Acuerdos de Oslo y El Escorial, que abrieron el camino al diálogo directo que actualmente se desarrolla y la prioridad que concedéis a dicho diálogo.

Deseo transmitiros nuestro apoyo a los esfuerzos que Guatemala está llevando a cabo en pos de la paz, aunque comprendemos las dificultades que ese proceso entraña.

Durante los últimos años, nuestras relaciones han experimentado un sensible crecimiento logrando establecer canales de entendimiento. Ello se refleja en el incremento continuado de nuestra cooperación bilateral y en ámbitos más amplios como los procesos regionales o el diálogo entre Centroamérica y la Comunidad Europea.

Estoy seguro de que vuestra visita va a ser ocasión de que profundicemos aún más esas relaciones y encontremos fórmulas que hagan realidad el gran potencial que todavía encierran.

Con ese espíritu de cordialidad la Reina y yo os reiteramos nuestra más cordial bienvenida y levanto mi copa por vuestra ventura personal y la de vuestra distinguida esposa y por la paz, prosperidad y bienestar del querido pueblo de Guatemala.

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