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Palabras de Su Majestad el Rey al mundo de la cultura al inaugurar el invernadero del Real Jardín Botánico

Madrid, 12.05.1993

Q

uisiera expresar mi agradecimiento al Consejo Superior de Investigaciones Científicas por la entrega de la Medalla de Oro que me ha sido concedida y que tanto me honra.       El Invernadero de Exhibición del Real Jardín Botánico de Madrid que acabamos de visitar, ha sido diseñado por investigadores de distintos centros integrados en el Consejo. Nuestro Real Jardín Botánico, al que me siento especialmente vinculado, pues la Reina y yo tuvimos ya ocasión en 1981 de inaugurar las últimas reformas llevadas a cabo en él, tiene ya más de dos siglos de vida ininterrumpida.

La creación de los jardines botánicos en toda Europa obedecía a la creencia de que de las plantas se podían extraer los productos que aliviasen los problemas de salud y alimentación de la humanidad.

Resulta llamativo comprobar cómo esa tarea iniciada hace más de dos siglos dista mucho de estar concluida. Ahora, cuando el mundo científico centra su atención en las disciplinas más modernas, tales como la biología molecular o la física nuclear, nos damos cuenta que instituciones como los jardines botánicos son tan necesarias como antaño para continuar con los imprescindibles estudios en el campo de lo que hoy se viene llamando biodiversidad.

El invernadero que acabamos de inaugurar es un ejemplo admirable de construcción moderna, tecnológicamente innovadora y carente de elementos contaminantes. La utilización de programas informáticos para la regulación de las condiciones de temperatura y humedad de sus tres compartimentos, climáticamente diferenciados y el empleo exclusivo de energía solar y geotérmica para su funcionamiento, dan testimonio de estas características innovadoras y respetuosas del entorno ecológico.

Uno de los rasgos distintivos de las sociedades modernas y desarrolladas es el haber sido capaces de institucionalizar la innovación y el cambio como una actividad social más, perfectamente integrada en el resto de las actividades que se desarrollan en su seno. Esta forma de incorporar la innovación de manera casi rutinaria al quehacer de las sociedades modernas, le ha permitido controlar mejor sus procesos de cambio y anticipar sus efectos sociales.

Esta institucionalización ha tenido lugar a través de lo que hoy se viene denominando sistema de ciencia y tecnología, integrado por el conjunto de las instituciones dedicadas a la actividad de la investigación básica y aplicada en cualquier disciplina o campo del conocimiento.

Entre estas instituciones, se encuentra el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, heredero de la Junta para la Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas creada en 1907.

Como organismo de investigación pluridisciplinar que cubre prácticamente todas las áreas de las ciencias de la naturaleza, de las ciencias sociales y de las humanidades, el Consejo está llamado a continuar desempeñando hoy un papel destacado en nuestro sistema de ciencia y tecnología.

El mantenimiento y mejora de la capacidad y vitalidad de ese sistema constituye una condición necesaria para abordar, con ciertas garantías de éxito, los problemas sociales y económicos tanto de los países desarrollados como de los que están en vías de desarrollo.La comunidad científica debe ser cada vez más consciente de la responsabilidad social de su tarea. La sociedad, por su parte, debe comprender y apoyar los esfuerzos necesarios para dotar a las instituciones que forman parte del sistema de ciencia y tecnología, de los medios suficientes para que puedan desarrollar su labor de acuerdo con la alta responsabilidad que tienen encomendada.

Paralelamente, la comunidad científica y la sociedad, deben realizar el esfuerzo necesario para estrechar sus relaciones, facilitando así que, con las tareas que aquélla desarrolle, se preste un servicio eficaz a los problemas que ésta necesita resolver.La ciencia hoy en día no avanza tanto gracias a la obra de hombres preclaros sino, sobre todo, por los esfuerzos, trabajo, constancia, humildad y disciplina de un gran número de científicos.

Animo a todos los centros e instituciones especializados del Consejo y a todos los hombres y mujeres que en él están empeñados en la promoción de la actividad científica nacional, a continuar e intensificar sus esfuerzos para promover, por todos los medios a su alcance, la calidad de la investigación que realizan en su seno. Sólo una alta exigencia en este aspecto, puede garantizar el cumplimiento de la responsabilidad social que tiene encomendada y justificar el empleo de los recursos que la sociedad le asigna.

Muchas gracias.

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