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Palabras de Su Majestad el Rey en la inauguración de la Conferencia Euromediterránea

Barcelona, 27.11.1995

S

eñor Primer Ministro, señores Ministros, señor Presidente de la Autoridad Nacional Palestina, me es profundamente grato darles la bienvenida a España para participar en la Conferencia Euromediterránea.

España se honra en brindarles su tradicional hospitalidad mediterránea al ser, por unos días, protagonista y corazón de este querido mare nostrum.

En razón de nuestras raíces históricas y culturales, en las que se aúnan todas las tradiciones mediterráneas, albergamos la esperanza de que esta conferencia que nos honramos en acoger inaugure una nueva etapa en las relaciones entre los países que ustedes representan.

Contamos con una sede excepcional, la ciudad de Barcelona, síntesis de la estética y del espíritu mediterráneos y expresión de una vocación permanente de concordia.

Estoy seguro de que la creatividad mediterránea, a la que tanto debe la historia de nuestro mar común, cuna de civilizaciones, no dejará de aflorar en sus reflexiones y en sus decisiones a lo largo de los trabajos de la Conferencia.

Creo poder atribuir a todos los aquí presentes una voluntad clara de alcanzar un acuerdo para la instauración de un diálogo institucionalizado sobre todos los asuntos de interés común, así como sobre las líneas directrices políticas, económicas y culturales de la cooperación euromediterránea en el umbral del siglo XXI.

Tengo la firme convicción de que inauguramos con este encuentro una gran tarea política para las nuevas generaciones: la de restituir al Mediterráneo su unidad, alcanzando el potencial de los intercambios y la comunicación que han constituido la herencia secular de sus pueblos ribereños.

Necesitamos, en primer lugar, de una dinámica de diálogo global, que nos permita enfrentarnos juntos a los desafíos de nuestro tiempo. Debemos estar convencidos de que la paz y la prosperidad de nuestros pueblos mediterráneos son indivisibles, lo que debe conducirnos a superar la lógica de fragmentación, distanciamiento y ruptura y a sustituirla por otra de cooperación entre los gobiernos y los pueblos que representamos.

Necesitamos también, en segundo lugar, unas líneas maestras, unas fórmulas de convivencia, que garanticen la continuidad y el futuro de esta cooperación. Para ello, la Unión Europea se presenta en Barcelona ante sus socios y amigos con el firme empeño de instaurar una verdadera asociación euromediterránea.

La antigua civilización griega supo plantear la asociación de sus ciudades marítimas proclamando con Sócrates que era el mar y no sus orillas el verdadero centro vital de intercambios y comunicación. Hoy es de nuevo el mar el centro de atención en nuestra firme voluntad de asociar sus dos orillas.

En estas tareas van ustedes a ocupar estos dos días, con la atención de nuestras opiniones públicas pendiente de sus trabajos y de sus resultados.

Estoy firmemente convencido de que los logros de la Conferencia Euromediterránea de Barcelona estarán a la altura de las expectativas de nuestros pueblos. Sólo en la medida en que seamos capaces de entusiasmar y movilizar a nuestras sociedades tendrá éxito nuestra empresa.

La tarea de garantizar un desarrollo armonioso para todos es el verdadero fundamento de nuestras iniciativas, en las que estarán presentes los desafíos que compartimos en los terrenos político, económico y cultural, y en áreas tan importantes como el medio ambiente.

Permítanme pues que les agradezca de antemano, en nombre de España y en el mío propio, cuanto hagan para la construcción del futuro, que en nuestro caso significa la creación de esa nueva relación euromediterránea, un espacio de tolerancia y solidaridad en el que no haya lugar para la violencia ni para el rechazo. Esta será la aportación de nuestra región a la sociedad internacional.

Esperamos, por lo tanto, que los documentos finales reflejen la convicción de todos los países aquí representados de que es tan posible como necesario poner las bases para un futuro de paz, estabilidad y desarrollo en el Mediterráneo.

Barcelona debe ser el inicio de un proceso que, desde el respeto de las tradiciones y esencias de este mar nuestro, sea capaz de crear un nuevo querer y ser mediterráneos.

Compartimos una visión en la que el Mediterráneo debe ser un lazo de unión entre sus orillas, un lugar admirable, capaz de adecuar a nuestros tiempos la secular espiritualidad que lo caracteriza y de generar cultura y formas de vida con fundamentos humanos.

Hago votos porque así sea, asegurándoles que el pueblo español y su Rey están íntimamente unidos a ustedes para la consecución de estos objetivos.

Celebro la presencia de todos ustedes en España para tan digna y necesaria tarea. Les reitero mi convicción de que sabremos aprovechar las fuentes de inspiración, presentes hoy en Barcelona, que fluyen hacia este mar de nuestro común destino.

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