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Palabras de Su Majestad el Rey al Cuerpo Diplomático

Madrid, 11.06.1994

S

eñores Embajadores, un año más, la Reina y yo tenemos la satisfacción de reunirnos con Vuestras Excelencias con motivo de esta recepción al Cuerpo Diplomático, coincidiendo con el año nuevo.1993 ha sido testigo de importantes acontecimientos en la escena internacional que merecen ser destacados.Hace tan sólo unos meses, los representantes israelíes y palestinos se reunían en Washington para estampar su firma en un documento que les comprometía definitivamente con la paz. Aunque no ignoramos las dificultades del proceso, apostamos decididamente por esta lúcida voluntad de desterrar la violencia y el sufrimiento acumulados durante años de confrontación, en aras de una convivencia pacífica.Despejado de esta manera el camino iniciado en la Conferencia de Madrid, se nos abre ahora la oportunidad de contribuir a hacer viable esta reconciliación. España, tanto a nivel nacional como dentro de la Unión Europea, así lo ha entendido y está realizando un importante esfuerzo en su cooperación con la población de la zona.En Sudáfrica, el coraje y el empeño de los sudafricanos a favor de la igualdad de derechos y la reconocida audacia de sus dirigentes políticos, han sentado las bases para unas próximas elecciones genuinamente libres y democráticas. Se trata de un acontecimiento excepcional, que fue precedido de una loable concertación internacional en apoyo de la gran mayoría del pueblo sudafricano.España ha seguido con sumo interés el ejercicio de democracia que acaban de protagonizar los ciudadanos rusos, al aprobar en referéndum la nueva Constitución, participando simultáneamente en las primeras elecciones legislativas celebradas bajo el signo del pluripartidismo. Con ello contribuyen a la prosecución del gran proceso transformador de la historia de Europa en esta última década del siglo, a saber, el reconocimiento a nivel continental del principio de la soberanía popular.Somos muy conscientes de las dificultades y adversidades que están padeciendo tantos europeos en su apuesta por la libertad y a ellos les reiteramos nuestra firme voluntad de contribuir a un aumento de su bienestar con todos los recursos a nuestro alcance.En éste como en otros casos, hay un límite en lo que puede lograrse mediante la presión y la influencia exterior. Porque, en definitiva, nada puede sustituir a la voluntad y a la buena fe de las partes implicadas a la hora de alcanzar, mediante el diálogo y la negociación, una paz duradera. Esperamos por tanto que pueda más, en la conciencia de los líderes y de los pueblos, el cansancio de tantos horrores que la obcecación a la que les ha conducido su intolerancia.En 1993 se ha producido la entrada en vigor del Tratado de la Unión Europea, acontecimiento al que mi gobierno atribuye un valor fundamental. En este Tratado se recogen las líneas maestras del nuevo proyecto de integración por el que hemos apostado los Doce.A través de su desarrollo y cabal aplicación, estaremos en condiciones de situarnos en la mejor posición para repensar la idea de una Europa que, tras varias décadas de trágica escisión, comienza a recuperarse a sí misma.También nos permitirá, estamos convencidos de ello, incrementar y dinamizar la contribución de los europeos al progreso y la estabilidad internacionales. Este planteamiento es el que ha inspirado la iniciativa de España dentro de la Unión para revisar las relaciones con el norte de Africa y diseñar una política potenciada hacia esos países amigos.También deseo evocar con especial orgullo y satisfacción la esperanzadora labor realizada dentro de la Conferencia Iberoamericana y reiterar nuestro firme compromiso con la democracia y el bienestar de todos los pueblos de Iberoamérica.El año que acaba de terminar nos ha traído en sus últimas jornadas la feliz conclusión de la Ronda Uruguay del Acuerdo General sobre Aranceles y Comercio. El resultado de tan arduas y prolongadas negociaciones, al hacer posible una apertura de los mercados y una liberalización sin precedentes de los intercambios a nivel mundial, brinda una oportunidad excepcional para la expansión y el crecimiento de la economía internacional.Ello ocurre, además, en un momento particularmente propicio, toda vez que durante los últimos meses la sombra de la recesión ha venido oscureciendo las perspectivas económicas de millones de personas en distintos países.

Aprovechemos, pues, este importantísimo acuerdo para, a nivel global, impulsar el progreso social y elevar el nivel de vida dentro de un concepto más amplio de libertad.Señores Embajadores, tenemos por delante doce meses en los que habremos de asumir retos excepcionales y complejos desafíos, si perseveramos en nuestro compromiso con la defensa de la dignidad del ser humano y seguimos esforzándonos por hacer de este nuestro mundo un lugar mejor donde vivir.

Entre todas esas tareas pendientes, la más apremiante es la de la solidaridad. En los últimos tiempos han caído gran parte de las barreras que separaban, cuando nos enfrentaban a muchos hombres y mujeres y, sin embargo, persiste la lacerante desunión entre las comunidades de la abundancia y la gran mayoría de los menos favorecidos.

España está convencida de que nunca se alcanzarán la paz y la estabilidad si éstas no son patrimonio de todos. En esa línea de pensamiento, venimos abogando por una acción exterior que se fundamente en una mayor cooperación y un más sincero diálogo con las naciones más necesitadas de ayuda.

Cuando nos acercamos a la conmemoración de su quincuagésimo aniversario, hemos de mencionar también aquí la encomiable labor que vienen desarrollando las Naciones Unidas en estos últimos años. La superación del enfrentamiento ideológico que heredamos de la II Guerra Mundial ha devuelto todo su vigor a los principios de la Carta y a nuestro mundo la esperanza de un futuro en el que no quepan la barbarie, la tiranía y la opresión.

La autoridad moral derivada de su universalidad y la oportunidad de su quehacer cotidiano deberían llevarnos a todos los Estados miembros a cumplir con especial generosidad y empeño nuestros compromisos y obligaciones con la Organización.

Esta última reflexión trae a nuestra memoria el emocionado recuerdo de todos aquellos miembros de operaciones internacionales que han entregado su vida al servicio de la paz. De todos ellos, permítannos que destaquemos la entrega ejemplar de los soldados españoles caídos en Bosnia-Herzegovina, cuando se afanaban por hacer llegar a la población civil la ayuda humanitaria.

Señores Embajadores, la Reina y yo apreciamos especialmente las cordiales palabras que acaba de pronunciar el Nuncio Apostólico de Su Santidad, en su condición de Decano del Cuerpo Diplomático.

A Vuestras Excelencias deseamos agradeceros que estéis aquí con nosotros y, a través nuestro, hacemos propicia la ocasión para trasladar a los pueblos amigos que representáis y a vuestros Jefes de Estado nuestros mejores votos de paz y prosperidad para el año que ahora se inicia.

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