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Palabras de S.M. el Rey a la Comunidad Académica en la Academia de Bellas Artes de San Fernando

Madrid, 31.05.1994

E

s para mí una satisfacción estar presente en esta Real Academia, doscientos cincuenta años después de que se fundara esta institución por el primer miembro de la dinastía Borbón en España, el rey Felipe V, y verme rodeado de tantos recuerdos de aquella época y de mis antecesores en la exposición de las obras maestras que guarda esta Academia.

Las estatuas y recuerdos de Felipe V, Fernando VI y Carlos III, que durante el siglo de la Ilustración fueron impulsores y protectores de las Reales Academias, dan testimonio de la relación entre la Corona y ellas. Esta relación ha sido recogida por nuestra Constitución al atribuir a la Corona el alto patronazgo de las Reales Academias.

Quiero, en primer lugar, agradecer a la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando la entrega de la medalla conmemorativa de este feliz aniversario, con mi felicitación por la exposición que muestra una serie de obras de las diversas bellas artes: pintura, escultura, arquitectura, música, dibujos, estampas y documentos.

Es este momento oportuno para recordar que de las Reales Academias han formado parte en estos siglos las figuras más importantes de la vida universitaria, científica y artística de España. Esta presencia eminente les ha aportado un prestigio y una autoridad que debemos tratar de potenciar al máximo en el presente.

Las Reales Academias tienen un gran papel que desempeñar en una sociedad como la actual, mucho más abierta y y participativa que la del siglo XVIII, y en la que es mucho mayor el número de personas que tienen interés por los saberes y las artes.

Las Reales Academias deben servir como puntos de referencia o focos de prestigio en sus diversos campos para contribuir al desarrollo de las ciencias y las artes, y fijar criterios para ayudar a resolver los problemas sociales, jurídicos, morales y culturales que afectan a la vida diaria de todos los ciudadanos y al progreso y desarrollo de España.

Deseo terminar animando a esta Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y a todas las demás, a tener cada día un papel más activo en la construcción de una sociedad española progresivamente más culta, moderna y participativa.

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