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Palabras de Su Majestad el Rey al Cuerpo Diplomático Iberoamericano

Madrid(San Lorenzo de El Escorial), 09.10.1996

U

n año más, reunidos con ocasión de la fiesta en la que celebramos nuestro primer encuentro, la Reina y Yo os damos la bienvenida en este Palacio.

Es ésta una oportunidad especialmente grata para nosotros, porque en este día la gran familia iberoamericana conmemora lo que la une.Nuestros pueblos se expresan y entienden en dos lenguas universales de enorme difusión; nuestra Comunidad abarca dos continentes; formamos un vasto conjunto de naciones enlazadas por un indiscutible entramado de afinidades culturales e históricas que se han enriquecido y aquilatado a lo largo de siglos de vida en común.

La Comunidad Iberoamericana de Naciones es un ilusionante proyecto. Nuestra tarea es darle impulso, cuidar su desarrollo y dotarle de contenido. Su sustrato y vitalidad superan cualquier definición jurídica, y en consecuencia, estoy convencido de que nuestras naciones unirán esfuerzos para lograr su consolidación.

Por eso afirmamos en la Primera Cumbre Iberoamericana, celebrada en Guadalajara, Méjico, en 1991, que queríamos proyectar hacia el tercer milenio la fuerza de nuestra Comunidad, conscientes de que formamos uno de los grandes espacios que configura el mundo actual.

Con satisfacción vemos que los vínculos que unen a España con los países hermanos de América continúan consolidándose sobre bases cada vez más firmes. Sin embargo, lejos de incurrir en la complacencia a la que la realidad de nuestras relaciones podría conducir, hoy más que nunca se hace necesario seguir trabajando para su profundización.

Podéis estar seguros de que España no regateará esfuerzos a la hora de acrecentar su presencia en América y contribuir, en la medida de sus capacidades, al desarrollo y prosperidad común.

Entre nosotros encontraréis el ámbito más receptivo para vuestros proyectos y también para vuestras inquietudes.

Los próximos días 10 y 11 de noviembre, los Jefes de Estado y de Gobierno iberoamericanos celebraremos nuestra VI Cumbre en las ciudades de Santiago, Valparaiso y Viña del Mar, capitales por dos días de todo el mundo iberoamericano.

Este año, el país sede de nuestro encuentro anual, Chile, nos invita a dedicar nuestras jornadas de trabajo al tema de la gobernabilidad para una democracia eficiente y participativa.

Se trata, como sabéis, de una cuestión de capital importancia para nuestras naciones, y reafirma nuestra vocación de compromiso con la democracia, las libertades fundamentales y el respeto de los derechos humanos que hemos expresado en Cumbres anteriores.

Hemos avanzado claramente en la tarea de consolidación de la democracia y en los procesos de pacificación. Sin embargo, retos como el terrorismo y el narcotráfico hacen necesaria la cooperación iberoamericana.

En muchos casos hemos conseguido modernizar nuestras economías, pero debemos intensificar la lucha contra la pobreza y la exclusión social; nuestros Gobiernos tienen la ineludible función política de corregir las desigualdades.

Además de la concertación política, la solidaridad preside también el espíritu de la Conferencia iberoamericana: actualmente hay programas concretos de cooperación en distintos ámbitos que benefician a nuestros pueblos.

El año pasado, en Bariloche, firmamos un Convenio de Cooperación que regula la cooperación a escala iberoamericana.

 Estoy seguro de que en Chile tendremos ocasión de intercambiar nuestras experiencias sobre este instrumento dinamizador del progreso social y de la identidad iberoamericana, y que este sexto encuentro será un eslabón mas de una cadena que se  hará cada día más densa y sólida.

Por otro lado, me es grato comprobar que nuevas experiencias regionales y subregionales van adquiriendo entidad al otro lado del Atlántico en una dinámica integradora, de la que, en cierta forma, es también expresión esta Comunidad Iberoamericana de Naciones a la que España se siente orgullosa de pertenecer.

Permitidme que agradezca la presencia en este almuerzo de los miembros del Patronato del Instituto Cervantes, cuya labor de difusión de nuestra lengua y cultura común es ejemplo de la cohesión del acervo iberoamericano.

Para concluir, quiero transmitiros, señoras y señores Embajadores, mis mejores deseos de bienestar y paz para vosotros y para vuestros Jefes de Estado, Gobierno, y pueblos, a quienes tan dignamente representáis.

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