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Palabras de Su Majestad el Rey en la cena de gala ofrecida al Presidente de Ucrania

Palacio Real de Madrid, 07.10.1996

S

eñor Presidente,

Viene usted a Madrid desde el país de Jaroslav el Sabio, en la primera visita de un Presidente de Ucrania a España. Es hoy la ocasión de saludar a la nueva Ucrania independiente, a todos sus ciudadanos y de hacer votos por el futuro de su país, un futuro de paz y de progreso, junto a los Estados democráticos de Europa.

Es el suyo un nuevo y viejo país que ha nacido formalmente hace cinco años, pero que tiene siglos de historia.

Hoy, la tierra de Ucrania ha recobrado el lugar que le corresponde. El espíritu de sus gentes está marcado por una innegable identidad europea y, pese a las dificultades del pasado, prefigura ya en la actualidad los rasgos definitorios de una sociedad moderna y democrática, con voluntad de asumir responsabilidades y exigencia de participar en la toma de decisiones.

Los españoles hemos seguido con atención la evolución política de su país, felicitándonos por sus éxitos y comprendiendo sus dificultades, quizá porque tenemos una especial sensibilidad para ponderar y valorar el esfuerzo que usted, Señor Presidente, y todos sus compatriotas han realizado para adaptar su vida y su futuro a las nuevas realidades. Aunque muchas circunstancias objetivas no son comparables, España también apostó con la misma fuerza por ganar el futuro, restablecer las libertades, abrir la sociedad e integrar a nuestros ciudadanos en esa realidad común de una Europa compartida.

Quiero así decirle, Señor Presidente, que en España sabemos lo que representa la tarea que han emprendido. Y valoramos con especial satisfacción la paz que la sociedad ucraniana ha sabido mantener en estos tiempos difíciles; las soluciones de compromiso inteligente y eficaz; los sacrificios de todos, que durante los cinco últimos años, han permitido salvar escollos y superar dificultades en la evolución política, económica y social de su país.

En sus relaciones con la comunidad internacional, Ucrania tomó ya una decisión de gran importancia. Al completar hace unos meses el proceso de retirada de las armas nucleares de su territorio, hizo realidad uno de los fundamentos de su declaración de independencia, aprobada abrumadoramente en referéndum popular, que establecía la voluntad de prescindir de las mismas y anunciaba generosamente el término de la amenaza heredada.

España se felicita de este gesto de Ucrania por la paz y reitera su compromiso con los principios básicos que deben inspirar el desarrollo de una nueva arquitectura de seguridad en Europa: es preciso salvaguardar y mantener el fin de la confrontación militar y trabajar por la consolidación de la estabilidad en todo el continente. Por ello, somos conscientes de que ese diseño de seguridad no debe desembocar en nuevas líneas divisorias ni en el establecimiento de esferas de influencia en Europa. La seguridad europea tiene que ser global.

España, que reconoció la nueva soberanía ucraniana en los momentos, ha dado muestras siempre que se ha presentado la oportunidad su voluntad de contribuir  a su consolidación.

Fue en su reunión de Madrid, hace unos meses, cuando el Consejo de la Unión Europea Occidental, bajo la presidencia española, estableció el mandato para sus relaciones con Ucrania, que ahora están en negociación.

El Parlamento español fue el primero, entre todos los de los países de la Unión Europea, en dar su acuerdo a la ratificación del Tratado de Asociación y Cooperación con Ucrania, un texto que abre inmensas posibilidades para un futuro cada vez más cercano y para una relación cada vez más intensa.

Fue bajo la presidencia de un diputado español, cuando el Consejo de Europa admitió en su seno a Ucrania y retomó aquí una idea que expuse hace unos minutos: España recorrió hace unos años el mismo camino y sabemos por ello la importancia que entre los países democráticos tiene este foro de cooperación en el que cristaliza el respeto a los derechos y libertades y en el que se normalizan las leyes que los garantizan.

El interés de España por Ucrania y el reconocimiento del lugar que ocupa quedaron nuevamente patentes en la invitación cursada para asistir a la Conferencia Euromediterránea de Barcelona, donde se establecieron las bases que permitan hacer de la cuenca mediterránea un ámbito de diálogo, intercambio y cooperación que preservan la paz, la estabilidad y la prosperidad en la zona.

Sabemos que su país considera prioritario el establecimiento de una relación especial con la Alianza Atlántica. En este sentido, la apreciable participación de soldados ucranianos en la misión de paz en Bosnia ofrece una base común para el futuro de esta relación.

Señor Presidente,

Desde la proclamación de su independencia, hace ahora cinco años, Ucrania ha tenido que hacer frente a un doble reto: la reforma democrática y la transformación económica.

Quiero manifestarle mi solidaridad con el compromiso que usted, como Jefe de Estado, ha asumido con los principios democráticos y expresarle la satisfacción de todo el pueblo español por la estabilidad política que reina en su país, recientemente reforzada con la aprobación de la Constitución.

En España se ha seguido con atención el modelo de reforma de la economía ucraniana y los esfuerzos de su Gobierno dirigidos a establecer los equilibrios básicos en ese terreno.

España ha prestado su apoyo a este proceso y, junto con los demás países de la Unión Europea, ha puesto a disposición cifras importantes no sólo para apoyar su balanza de pagos, sino también para la asistencia técnica en muy variados campos.

Prueba del compromiso con su economía es que un buen número de empresas españolas está colaborando con empresarios privados, con instituciones públicas y con su Gobierno en este impulso de ayuda y colaboración.

Ahora, después de la introducción reciente de su nueva moneda, la grivna, los empresarios de mi país esperan que este conjunto de factores propicie en el futuro una importante presencia inversora en Ucrania.

En el temario de cuestiones económicas y sociales no olvidamos la catástrofe de Chernobyl, ocurrida hace diez años. Las personas que sufrieron las consecuencias de la explosión, esos niños que vienen en gran número, ilusionados por vivir sus vacaciones en España gracias a la generosidad de personas e instituciones, no pueden quedar en el olvido.

Valoramos altamente el noble compromiso que adquirió usted hace unos meses para cerrar los dos grupos de la Central que todavía funcionan e impulsar así el necesario proceso de seguridad hacia el futuro, con la ayuda de todos.

No quiero terminar estas palabras sin recordar a unos españoles, otros niños, aquellos que nuestra guerra civil desplazó lejos de su patria y que ustedes acogieron.

Quiero agradecerle a usted, Señor Presidente, y en usted a todos los ciudadanos de Ucrania, el cariño y el calor que, en las Casas de Niños, en Jarkiv o en Odessa, se dispensó a mis compatriotas en aquellos momentos difíciles. Hoy, ya en la segunda parte de su vida, estos españoles que compartieron con ustedes tantos acontecimientos y tantos años constituyen el más preciado puente de entendimiento entre nuestros pueblos.

Permítame terminar proponiendo a todos los presentes un brindis por la salud y ventura personales de usted, Señor Presidente, y de su distinguida esposa, por el pueblo amigo de Ucrania y por la amistad entre nuestros dos países.

 

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