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Palabras de Su Majestad el Rey en la cena de gala ofrecida por el Presidente de la República de Hungría

Hungría(Budapest), 11.09.1996

S

eñor Presidente, Señora,

La Reina y yo deseamos expresar nuestro más sincero agradecimiento por su invitación a visitar este hermoso país y a compartir la celebración del 1.100 Aniversario de la creación de Hungría.

Apreciamos muy especialmente sus amables palabras de bienvenida, y la hospitalidad y el calor con que nos han recibido. Hospitalidad que es, sin duda, una noble tradición húngara: el Rey San Esteban, en las "advertencias" escritas a su hijo y heredero, le recomendaba ya el trato amable a los huéspedes y forasteros que visitaban Hungría.

En 1987 tuvimos ocasión de visitar por primera vez su país y no hace mucho, en 1994, tuvimos la satisfacción de recibir en España a Vuestra Excelencia, acompañado de su esposa, en visita de Estado. El afecto y la simpatía que presiden nuestras continuas y excelentes relaciones, no son sino una muestra más de la superación del período en que las circunstancias históricas nos separaron artificialmente.

Señor Presidente:

He tenido el privilegio de dirigirme esta mañana al Parlamento, donde he recordado la envergadura del proceso histórico al que nos enfrentamos: la unidad de Europa, por la voluntad democrática de sus pueblos. Hungría está llamada, por infinidad de razones, a participar con energía en este gran proyecto.

A lo largo de su milenaria historia, su país ha contribuido al enriquecimiento de la civilización occidental en todos los campos del desarrollo humano. Desde las matemáticas a la física, desde la poesía a la música, numerosos húngaros han destacado y han recibido las máximas distinciones en todas las ramas del saber.

Su país fue, tras la Segunda Guerra Mundial, apartado de su lógica evolución. El sueño de 1956, en el que Vuestra Excelencia tuvo un papel protagonista, no pudo llegar a cumplirse. Hungría mostró de nuevo, sin embargo, su auténtica vocación occidental, cuando en 1989 abrió las fronteras a los refugiados de la anterior República Democrática Alemana, con lo que propició la caída del muro y cooperó en la apertura del camino hacia un futuro lleno de esperanzas.

Durante su viaje a España en 1994, primera visita de un Jefe de Estado de la Hungría democrática a nuestro país, fue Vuestra Excelencia, por su trayectoria personal y sus muchos méritos, investido Doctor Honoris Causa por la Universidad de Alcalá de Henares. En el acto de investidura nos recordó, con bellas palabras, la difícil tarea a la que debía enfrentarse Hungría sin demora: recuperar el Estado de derecho, introducir y desarrollar la economía de mercado, vivir y practicar, en suma, una nueva democracia en libertad y al mismo tiempo, rescatar su natural proyección exterior, basada en los lazos euroatlánticos y en el fomento de las buenas relaciones con los países vecinos.

La complejidad y la intensidad de esta transición en el campo económico están exigiendo a la sociedad un enorme esfuerzo, pero su historia nos revela que el pueblo húngaro siempre puso sus mejores empeños en superar las dificultades y en proyectarse hacia un futuro mejor.

Desde el primer momento, en los países occidentales fuimos conscientes de que debíamos asumir una gran responsabilidad histórica y moral, la de colaborar con las nuevas democracias de Europa Central en la consecución de estos objetivos, que también son los nuestros.

Como he tenido ocasión de señalar hoy ante el Parlamento, España se ha comprometido en la consolidación de la democracia y de la economía de mercado en Hungría: seguirá apoyando estos propósitos, así como su proceso de acercamiento a las instituciones euroatlánticas y su participación en la nueva arquitectura de seguridad de nuestro continente.

Señor Presidente:

Las profundas transformaciones del mundo actual nos impulsan hacia un mercado único e interdependiente en el que las relaciones económicas entre los países son factor decisivo para el fortalecimiento y la modernización de nuestras sociedades.

Nuestros intercambios comerciales han experimentado, en los últimos años, un auge notable, por el que debemos felicitarnos. Los encuentros empresariales que se desarrollan actualmente en su país permitirán, sin duda, traducir en proyectos concretos las amplias posibilidades que nuestros mercados ofrecen.

Los crecientes flujos comerciales, financieros y turísticos, los continuos contactos entre la Administración húngara y la española, demuestran que nuestro acercamiento tiene fundamentos sólidos y dinámicos.

La colaboración se hace especialmente necesaria ante ciertos problemas y amenazas que han adquirido hoy una dimensión transnacional, como son el crimen organizado, el tráfico de drogas y el terrorismo. Nuestra respuesta a todos estos problemas, en particular en el marco de la Unión Europea y en los países candidatos, debe ser firme y expresar la imprescindible solidaridad entre países democráticos que comparten sistemas de valores e intereses comunes.

Señor Presidente:

Al igual que en todos los otros campos, nuestra aproximación cultural se produce con la naturalidad que nos da el pertenecer al mismo tronco de la civilización occidental. La historia nos dice que nuestros hombres de ciencias y letras se han conocido y admirado a lo largo de los siglos.

La evolución de nuestras literaturas presenta curiosas semejanzas, que no son de extrañar, ya que nuestros intelectuales y mejores pensadores han compartido a menudo un afán de lucha y modernización de sus respectivos países.

La prosa de Quevedo recuerda mucho la de Péter Pázmány, figura principal del barroco húngaro. Nuestros escritores de la espléndida Generación del Noventa y Ocho, que tanto trabajaron por una España mejor, se asemejan en su ambicioso esfuerzo a los intelectuales húngaros agrupados alrededor de la revista "Nyugat" (Occidente), cuyo título es ya una declaración de principios.

La recuperación de las libertades en Hungría y la emergencia de su país en todos los ámbitos nos empujan a seguir estrechando nuestras relaciones culturales. Quisiera, en este sentido, dejar testimonio de mi agradecimiento por la labor que están realizando los hispanistas húngaros, que han mantenido viva la lengua y la cultura españolas.

Señor Presidente:

En su obra "Encuentros", ha ofrecido una emotiva descripción de toda una generación de húngaros que, al igual que Vuestra Excelencia, hicieron de la libertad su proyecto vital. Me conmueve especialmente leer que, incluso en los momentos más difíciles (su encarcelamiento por defender sus ideales de libertad y sus deseos de una mejor sociedad para Hungría), siempre supo buscar y encontrar aspectos positivos de la experiencia humana. Es una bella lección de humanismo, de espíritu de superación, de firme creencia en los valores morales.

Quisiera utilizar el título de su libro para expresarle nuestra alegría por este nuevo "encuentro" con ocasión del 1.100 Aniversario de la creación de Hungría.

Con este espíritu levanto mi copa en honor de Vuestra Excelencia Señora Göncz, así como por la prosperidad de la República de Hungría.

Muchas gracias.

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