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Palabras de Su Majestad el Rey en la recepción al Cuerpo Diplomático

Palacio Real de Madrid, 17.01.1996

S

eñoras y Señores Embajadores,

Saludamos con gran satisfacción a Vuestras Excelencias con motivo de la tradicional recepción al Cuerpo Diplomático, que celebramos todos los años en estas fechas.

Frecuentemente, el repaso de las principales cuestiones internacionales nos deja una impresión de desazón, como si fuera inevitable que en la balanza de cada año acabaran pesando más los conflictos y las crisis que los factores positivos.

Sin embargo, en esta ocasión, hemos despedido el año con una sensación de optimismo y una nota de esperanza. Este tono favorable lo atribuimos a los avances decisivos hacia la paz que se han producido en dos escenarios de enconados conflictos bélicos, como son la antigua Yugoslavia y Oriente Medio.

Por lo que se refiere a la antigua Yugoslavia, cabe esperar que la feliz conclusión de las negociaciones de paz en Dayton y la posterior firma de los acuerdos de paz en París signifiquen el cierre de un capítulo trágico de la historia de Europa. Deseo expresar mi recuerdo emocionado a los que dieron su vida para que la paz pueda ser por fin una realidad.

Quizá sea éste el momento apropiado para hacer algunas reflexiones sobre esta guerra, sus causas y también el papel que ha jugado la comunidad internacional para detenerla. La primera lección que debemos registrar se refiere a la gravísima responsabilidad de aquéllos que alimentan esa desviación patológica del nacionalismo que conduce a la exclusión y a la negación del otro. Ese discurso del odio no puede tener cabida nunca más entre nosotros.

Por otra parte, la resolución de este conflicto nos ha recordado que sólo cuando Europa y Estados Unidos caminan en la misma dirección es posible atajar los problemas con soluciones efectivas. Por ello, el reforzamiento de los especiales vínculos transatlánticos ha constituido un objetivo prioritario de la presidencia española de la UE y estamos convencidos de que también lo será para el nuevo Secretario General de la OTAN, cuyo nombramiento hemos recibido los españoles con gran satisfacción.

Hemos de contemplar el futuro con confianza. Comienza ahora la fase compleja de aplicación de lo acordado con el despliegue, en medio de los rigores del invierno, de la Fuerza Internacional de Aplicación de la Paz. Quiero recordar aquí a los miles de hombres y mujeres que han pasado las Navidades lejos de sus familiares, cumpliendo una misión tan noble como decisiva para la paz.

En definitiva, del armónico desarrollo en los próximos meses de los aspectos civiles y militares del Plan de Paz dependerá la construcción de un nuevo futuro para esta atormentada región de nuestra Europa.

En Oriente Medio, la firma del Acuerdo Provisional entre israelíes y palestinos, el pasado septiembre, ha confirmado que el proceso de paz en esta región tiene ya carácter irreversible. Incluso un acontecimiento tan traumático como el asesinato del Primer Ministro Rabin, que aún conmueve nuestra memoria, no ha disminuido un ápice la voluntad de las partes de proseguir sus esfuerzos en pro de la paz.

El trágico fin de lssak Rabin, como en su día el del Presidente Sadat, nos recuerda el riesgo que asumen aquéllos que se atreven a emprender con decisión el camino de la paz. De ahí que su valor personal quede, si cabe, aún más patente en nuestras conciencias.

Los resultados de la presidencia española de la Unión Europea constituyen un motivo de orgullo para todos nosotros. Hay que atribuirlos tanto a una acertada planificación previa de los objetivos a cumplir como al trabajo riguroso de muchos funcionarios que han respondido con una gran entrega a este desafío.

Destacaremos en primer lugar las decisiones adoptadas por el Consejo Europeo de Madrid, tanto por lo que se refiere al nombre de la moneda única y al calendario para su entrada en funcionamiento, como a la clarificación del horizonte para la próxima ampliación de la Unión Europea. Se puso, además, de manifiesto la utilidad del informe elaborado por el Grupo de Reflexión con el fin de preparar adecuadamente la Conferencia Intergubernamental que este año debatirá las reformas que la Unión debe introducir para responder con eficacia a los cambios que la deseada ampliación hace inevitables.

En el ámbito de las relaciones exteriores de la Unión Europea se han producido avances significativos en tres direcciones. Por lo que se refiere a las relaciones euromediterráneas, la Conferencia de Barcelona ha supuesto un notable impulso para la creación de un espacio de paz y de seguridad compartida, para el desarrollo económico regional y para la aproximación de las percepciones mutuas.

La revitalización de las relaciones con Estados Unidos en un contexto internacional muy diferente al pasado de la guerra fría, ha sido el objetivo de la negociación que ha conducido a la firma en Madrid de la Nueva Agenda Transatlántica. La adopción de un ambicioso programa de trabajo permitirá avanzar en los próximos meses en áreas de cooperación que abarcan desde los aspectos políticos y económicos hasta la seguridad ciudadana, la sanidad y la educación superior.

Finalmente, el acuerdo marco firmado con los países de Mercosur con motivo del Consejo Europeo consagra una noción especialmente querida para los españoles como es la promoción de unos vínculos privilegiados en lo político y en lo económico con una región ligada a Europa por una profunda comunidad de valores.

Unas semanas antes de esta ocasión solemne, mantuvimos nuestro encuentro anual los Jefes de Estado y de Gobierno iberoamericanos en San Carlos de Bariloche. En aquel ambiente tan grato y distendido analizamos las estrategias que nuestros países han trazado para favorecer su inserción en una economía mundial cada vez más globalizada. La integración regional constituye una pieza clave en este proceso como lo es también la cualificación de nuestros recursos humanos, mediante políticas educativas diseñadas para propiciar el desarrollo económico y social.

Nuestras relaciones con los países asiáticos han conocido a lo largo de 1995 un especial dinamismo simbolizado por significativos intercambios de visitas de Estado. A ello hay que añadir la intensa actividad desarrollada, especialmente durante nuestra presidencia de la Unión Europea, para preparar la primera Cumbre de países europeos y asiáticos, que se celebrará próximamente en Bangkok.

Representó para mí un motivo de especial satisfacción la invitación para asistir en Yamasukro a la entrega del Premio a la Paz Houphouét Boigny, auspiciado por la UNESCO. Y ello, tanto por la figura que da nombre al Premio, en la que admiramos al estadista y al hombre sabio, como por ofrecernos la ocasión de visitar un querido país africano y repasar con sus líderes, y con otros venidos de países próximos, las cuestiones fundamentales de la evolución política en el continente.

Por otra parte, en noviembre, se celebró en Mauricio la ceremonia de la firma del Convenio revisado de Lomé IV, en la que participaron los representantes de los setenta países de África, Caribe y Pacífico signatarios del Convenio, además de los Estados miembros de la Unión Europea. Este Acuerdo, de importantes consecuencias financieras, permite actualizar el mecanismo de cooperación de Lomé, con el fin de atender mejor las necesidades existentes y de utilizar con mayor eficacia los recursos disponibles.

La Organización de las Naciones Unidas ababa de celebrar solemnemente su 50 aniversario en un momento histórico en el que han quedado superadas en parte las limitaciones que le fueron impuestas en el cumplimiento pleno de uno de sus objetivos fundamentales, el mantenimiento de la paz y la seguridad internacionales. En esta tarea se han realizado esfuerzos importantes con resultados sumamente positivos en algunos casos y más desiguales en otros. Es preciso recordar que las Naciones Unidas son hoy y serán mañana lo que quieran los Estados miembros, que con su contribución hacen posible la realización de los fines para los que la Organización fue creada.

Otras áreas de atención prioritaria por parte de las Naciones Unidas son la impulsión del desarrollo y la protección y promoción de los derechos humanos. También en estos ámbitos se han llevado a cabo iniciativas de gran calado, a lo largo del pasado año, como son la Cumbre de Desarrollo Social de Copenhague y la Cuarta Conferencia Mundial de la Mujer en Pekín.

Señoras y Señores Embajadores,

La Reina y Yo agradecemos sinceramente las palabras pronunciadas por el Nuncio Apostólico de Su Santidad, en su condición de Decano del Cuerpo Diplomático.

A Vuestras Excelencias deseamos expresar nuestro aprecio por estar presentes en esta ocasión y transmitiros nuestros votos de paz y prosperidad en este año de 1966 para los pueblos que representáis y para vuestros Jefes de Estado.

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