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Palabras de Su Alteza Real el Príncipe de Asturias al Cabildo Insular de Tenerife

Santa Cruz de Tenerife, 01.12.1997

E

ste es sin duda un acto de especial significación para mi visita a Canarias. Y lo es por lo específicamente Canario que son los Cabildos y su creciente relevancia en la vida institucional de las Islas. En la sede de su Cabildo Insular late el corazón de esta Isla, a cuyas autoridades y representaciones saludo con el afecto que merecen y que profeso también al pueblo tinerfeño.

Tenerife ha sabido siempre extraer de su Historia las bases de una convivencia adecuada a las circunstancias de cada uno de sus tiempos.

Todos unidos habéis sabido luchar sin desmayo para superar las dificultades de vuestra situación geográfica: insularidad, difícil orografía, distribución desigual de agua y carencia de recursos naturales.

Con ellas habéis construído el escenario de vuestra vida en común, tan singular por su hermosura, los testimonios de su pasado y las cualidades de sus habitantes.

A la sombra protectora del pico más alto de España, e iluminados por los detalles del saber que brota de la más antigua Universidad canaria, habéis forjado vuestro carácter y dado cima a empresas inolvidables.

Sé que vuestro ánimo no va a decaer ante las dificultades del presente, y que, una vez más, os preparáis para asumir los cambios que se avecinan, convirtiéndolos en factores de estabilidad y progreso.

Podéis estar seguros de que en este proceso vais a contar con la solidaridad que esperáis y desde luego merecéis.

Entretanto, os animo a suscitar y cultivar las vocaciones e iniciativas dirigidas a afianzar el presente y prever el futuro de progreso para todos los tinerfeños.

Contáis para ello con el vigor de vuestras instituciones, la vitalidad de vuestros hombres y mujeres y una larga cadena de experiencias bien logradas.

Ayer tuve la grata oportunidad de volver a visitar el Instituto Astrofísico de Canarias, ejemplo clarísimo de ambición investigadora y de cooperación científica con los países que lo han hecho posible.

Hoy mismo voy a reunirme con los postgraduados de la Universidad de La Laguna, y conocer sus impresiones sobre el mañana que se avecina. Estoy seguro de que encontraré en ellos la firme voluntad de protagonizar una etapa que va a requerir fuertes dosis de entrega e imaginación, pero que también alberga las recompensas de la obra bien hecha y el deber cumplido.

Son éstos sólo dos ejemplos del sólido capital con que contáis para emprender una singladura en la que, como en las del mar, vais a tener ocasión de poner a prueba lo mejor de vosotros mismos y en la que muy gustosamente os acompañaremos.

Vuestra privilegiada posición entre tres continentes os convierte también en centro neurálgico de una serie de actividades entre las que creo obligado mencionar las de una cultura del ocio, en cuyo despegue tendrán un puesto privilegiado quienes mejor alcancen a explorar sus posibilidades casi ilimitadas.

Deporte, turismo natural, ferias y congresos, ofertas culturales y estudio del medioambiente son capítulos que vuestras condiciones geográficas y climáticas y la larga experiencia que os asiste pueden convertir en fuentes inéditas de riqueza y desarrollo.

El futuro es nuestro y podemos dominarlo porque creemos en él y en nuestras posibilidades de lograrlo. Esta es la tarea que os invito a realizar y en la que os deseo muchos éxitos, que lo serán también para todos los españoles.

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