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Palabras de Su Alteza Real el Príncipe de Asturias en el acto de entrega de los Premios Príncipe Felipe a la Excelencia Empresarial

Madrid, 15.10.1997

M

e cabe la satisfacción, un año más, de presidir la entrega de los premios Príncipe Felipe a la Excelencia Empresarial, convocados conjuntamente por el Ministerio de Economía y Hacienda y el Ministerio de Industria y Energía, que constituyen el máximo reconocimiento público a aquellas empresas españolas que se han propuesto ser más capaces y competitivas.

Este acto que hoy celebramos quiere insistir en la importancia que tienen determinados factores de competitividad, -como son la calidad, el ahorro de energía, el diseño, el cuidado del medio ambiente, el esfuerzo aplicado a la actividad turística, a la inversión en el exterior o al desarrollo tecnológico- para que el conjunto de nuestras empresas, verdadero motor de la economía española, crezcan en dinamismo, flexibilidad y eficacia.

Con esta cuarta edición de los Premios, son ya más de treinta las empresas galardonadas por su excelencia en diversos ámbitos y casi un centenar las nominadas.

Y yo diría que la palabra que resume nuestros sentimientos hacia ellas es orgullo; orgullo sobre todo hacia las personas que desde dentro las hacen mejores día a día.

Sabemos que, las nuevas tecnologías y el desarrollo de la sociedad de la información, la conservación del medio ambiente, la internacionalización del comercio y la producción, los  cambios  demográficos  y  estructurales, -que ya no son lineales sino exponenciales-, constituyen toda una serie de pruebas a superar para conseguir un desarrollo armonioso y equilibrado de nuestra sociedad.

Pues bien, somos todos los que estamos inmersos en este proceso: las instituciones públicas, los empresarios, los trabajadores, los jóvenes que estudian o que intentan acceder al mundo laboral. Es decir, es el conjunto de la sociedad española quien, de una u otra forma, se enfrenta a los cambios y tiene que ir adaptándose cada día a los nuevos desafíos.

En este proceso de adaptación, las empresas deben prestar especial atención a la creación de empleo. Mediante la participación y el diálogo social, tendrán que estudiarse nuevas estrategias, nuevos repartos de responsabilidades, nuevas fórmulas de cooperación y solidaridad para, en definitiva, dar con las respuestas necesarias que nos lleven a una sociedad competitiva y de progreso social.

Por otro lado, la integración de nuestro país en entornos económicos altamente desarrollados y competitivos obliga a nuestro tejido empresarial a acometer constantes procesos de modernización en los más diversos ámbitos. No cabe duda que muchas de nuestras empresas están llevando a cabo importantes avances en el campo tecnológico, en el nivel de calidad y diseño de sus productos y servicios, en el aprovechamiento de materias primas y energía, o en la conciencia medioambiental. Y que también muchas de ellas, en su actividad en los mercados internacionales y en la oferta turística que ofrecen, transmiten la imagen de una España moderna y en constante transformación.

Pero también entre todos, y en la parcela que a cada uno nos corresponda, debemos trabajar para que los instrumentos y herramientas de competitividad no sean de uso común únicamente en las empresas consideradas excepcionales, sino que dichos conceptos vayan calando en todas las empresas, y especialmente en las de menor tamaño, hasta convertirse en práctica habitual.

Así, una cultura empresarial que entienda el éxito como la suma de muchos factores: imaginación, trabajo en equipo, tecnología y capacidad comercial, es lo que día a día nos ayudan a reforzar y promocionar los que avanzan por ese camino tan prometedor como el que hoy recorren los aquí premiados y nominados; camino que esperamos recorran cada vez más empresas españolas.

Quiero felicitar especialmente a los premiados que, mediante el esfuerzo y la innovación diarios, han realizado una importante aportación a los métodos de trabajo en el mundo empresarial y a la sociedad en su conjunto. Todos ellos, -empresas grandes, medianas o pequeñas, cada una en su sector de actividad-, contribuyen a hacer de España un país más próspero, más desarrollado y más competitivo.

Deseo, finalmente, que estos Premios sirvan también de ejemplo y estímulo a la industria y el comercio, asegurando su competitividad y generando una imagen cada vez mejor de nuestras empresas y de España en su conjunto.

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