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Palabras de Su Alteza Real el Príncipe de Asturias en la inauguración del II Fórum Civil Euromed

Italia(Nápoles), 13.12.1997

E

s para mí un honor y una profunda satisfacción participar en esta inauguración del segundo Fórum Civil Euromed, y lo es por dos motivos: por lo que significa en cuanto a continuidad de una empresa necesaria y noble y porque se celebra en Italia, en Nápoles, uno de los países y una de las ciudades que más han contribuido a la historia del Mediterráneo y que mejor lo han representado.

Fue en España, fue Barcelona, la que a través del Instituto Catalán del Mediterráneo y del Gobierno de la Generalidad de Cataluña creó y edificó el primer Fórum Civil Euromed, en cuya inauguración tuve también el honor de participar, asistiendo posteriormente a alguna de sus sesiones de trabajo, y en el que participaron 1.200 expertos de 34 países mediterráneos y europeos. Fue aquel Fórum, en verdad, la puesta en marcha del más amplio movimiento de sociedad civil mediterránea hasta hoy registrado; fue el análisis más exhaustivo de las cuestiones mediterráneas más urgentes y más a largo plazo; fue una vigorosa llamada a la asociación bajo una nueva concepción que borra las implícitas diferencias en los vocabularios que diferencian norte y sur para, en cambio, considerar el Mediterráneo como una globalidad.

Parece una ironía, pero continúa vigente la necesidad de reinterpretar el Mediterráneo, al que suele acusarse de constituir un espacio caótico porque no forma una unidad y por los conflictos que padece. Y, en efecto, no blinda una unidad si consideramos este concepto como sinónimo de uniformidad, con lo que entonces tampoco resultarían unitarias la unidad europea o el mundo árabe debido a toda su riqueza de particularismos. El Mediterráneo constituye forzosamente una unidad impuesta por la geografía, potenciada como ninguna otra región planetaria por la Historia, y de la que precisamente la pluralidad, la efervescencia, la creación, constituyen su esencia.

Todos los pueblos desean hoy la democracia, los derechos humanos, el Estado del bienestar. Todo ello tiene algunos de sus orígenes en la Revolución francesa o en la Revolución americana, en la filosofía del siglo XVIII o en el pensamiento político del XIX; pero todo ello nace mucho antes y exactamente de una conjunción compleja y magna que tiene lugar en Grecia alrededor del siglo V. a C. La de la democracia exaltada por Pericles, la de un pensamiento que, como decía Protágoras, sitúa al hombre como medida de todas las cosas.

Todo lo cual, además, renace precisamente en esta península italiana en los siglos XV, XVI, en el Renacimiento: los ideales clásicos, el hombre como gloria de este mundo, surgen aquí de las viejas y cálidas cenizas y los encontramos tanto en el soberbio triunfo marmóreo de Alfonso el Magnánimo en la portalada del Castel Nuovo como en la gran pléyade de pintores italianos, en los que la figura humana alcanza su más bella expresión artística.

Pero no olvidemos que el Mediterráneo es mucho más, es en su ribera sur, en su ribera levantina, donde se han desarrollado grandes sociedades como la islámica, tan extraordinaria en su capacidad expansiva, en la firmeza de sus principios, en la dulzura de sus jardines entendidos como metáfora humana.

Y el Mediterráneo es también el de las grandes religiones monoteístas, cuya mutua implicación tiene tanta voz en este Fórum, y que nace del feraz árbol israelita, una pequeña creación que tuvo incluso más que cualquier imperio el sentido de la dimensión metafísica.

Tengan en cuenta que al recordar este hondo pasado no apelo a la fácil retórica, sino todo lo contrario: creo necesario dejar constancia de este hecho que tanto se olvida y que consiste en la vigente y espléndida contribución del Mediterráneo al mundo de hoy; a sus mayores ilusiones, a su más estricto sentido de la justicia, a la igualdad. Precisamente la pluralidad es la que exige la atención al otro, la contribución del otro; es la que debe necesariamente reconocer la entidad del otro con todos sus derechos.

Sin embargo, no podemos caer en ningún triunfalismo. Si la paz ha avanzado en algunas regiones, en otras ha retrocedido; si la expansión económica sigue progresando, el proceso político parece encallado. Quienes pertenecemos a la Unión Europea no podemos olvidar que es a nosotros a quien corresponde, tanto o más que a cualquier otro conjunto de pueblos, el deber de trabajar sin tregua con eficacia, con apertura de compás, para que el Mediterráneo se acerque lo más posible a esta plenitud de que ha gozado en la Historia y que le es consustancial.

Señoras y Señores, lo decimos muchas veces pero no por repetirlo nos cansaremos de reiterar que la paz en el Mediterráneo y el progreso que trae consigo vendrá siempre a través del otro, quiero decir, del diálogo entre unos y otros. No el diálogo tal cual, sino uno responsable y comprometido. Por eso precisamente es tan importante este segundo Fórum Civil Euromed, como lo fue el primero; para que la sociedad civil hable, coopere, introduzca su enorme capacidad de ímpetu en la vida colectiva al mismo nivel que lo hacen la fluencia política, la solidez institucional.

Este Fórum, además, examina y replantea el movimiento mediterráneo existente en la misma Italia, a la vez que el extraordinario papel que esta península representa en el Mediterráneo central. Y esta iniciativa pertenece precisamente a la Italia más mediterránea, la incrustada en el viejo mare nostrum latino, Nápoles y la Campania, unas costas que mitificó Homero y unos paisajes que cantó Virgilio. Con la particularidad de que en esta ocasión los organizadores se han atrevido a incorporar un extraordinario número de jóvenes de toda Italia, que han representado ya ideas como la de un futuro "I Forum de Jóvenes del Mediterráneo" para el año 1999 y que el próximo domingo, en este mismo auditorio debatirán sobre el tema "Los jóvenes protagonistas de la Sociedad Civil".

El forum se abre así, por imperiosa naturaleza al futuro, este siglo XXI en el que estoy seguro tendrá en la renovada dinámica mediterraanea uno de sus primeros factores.

Me complace felicitar a la Fondazione Laboratorio Mediterraneo por su iniciativa, por su fe, por su visión de futuro, al organizar este Fórum, en el que España ha querido colaborar con todo su entusiasmo.

Italia y España, Nápoles y Barcelona, pero también todos los demás países y ciudades mediterráneas; que el segundo Fórum Civil Euromed alumbre el impulso para el tercero. Precisamente un escritor catalán, uno de los primeros pensadores de España, filósofo mediterráneo donde los haya, que tuvo Italia como una de sus referencias capitales, Eugenio d'Ors, habló de la Santa Continuidad: esta continuidad que es la que cohesiona, fortalece, eleva los pueblos.

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