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Palabras de Su Majestad el Rey en la entrega de los Premios Nacionales de Diseño

Barcelona, 04.12.1997

Q

uiero ante todo expresarles mi satisfacción al entregar estos Premios, que certifican el avance evidente de nuestro país en uno de los elementos decisivos de su modernización.

Uno de los pioneros del diseño norteamericano dijo en los años treinta que, así como a los artistas del siglo XIV se les recuerda por sus catedrales, a los del siglo XX se les recordará por sus fábricas y por los productos que desde ellas salen al mercado.

Los Premios Nacionales de Diseño fueron instaurados por el Ministerio de Industria y Energía y por Barcelona Centro de Diseño hace exactamente diez años para incentivar el trabajo de diseñadores y empresas. La larga lista de los galardonados en esta década pone de manifiesto tanto la oportunidad de la iniciativa como la madurez que con el tiempo ha alcanzado.

La apuesta por el diseño de la industria española, a partir de los años ochenta, ha permitido ganar competitividad a las empresas, al mismo tiempo que se abrían las fronteras comerciales con la entrada de España en la Comunidad Europea. El mundo reconoce la calidad de nuestras realizaciones, que tienen unas características propias y una identidad indiscutible. La ciudad de Barcelona es una de sus mejores plataformas de difusión, tanto por la concentración de profesionales y empresas, como por la oportunidad que brindaron los Juegos Olímpicos de difundir el trabajo de sus diseñadores.

El diseño no es un capricho superfluo ni meramente ornamental, sino que sirve a la necesidad de mejorar la calidad de vida de nuestros pueblos y ciudades, y de cuantos vivimos en ellas. El diseño es cada vez más una historia de los hombres antes que una historia de las cosas, pues sería imposible explicar el hombre contemporáneo prescindiendo del ambiente en que vive y de los objetos que maneja.

Tampoco es cosa de hace pocos años. Hoy hemos decidido entregar estos Premios en un marco tan significativo como el Palau de la Música Catalana, obra del arquitecto Lluís Domènech i Montaner, que fué un gran innovador. Supo transmitir el mensaje del modernismo a sus conciudadanos, mejorando sus entornos con recintos como el que nos encontramos, de gran belleza, pero a la vez tan bien adaptados para su principal cometido, la música.

Mi más sincera felicitación a quienes han sido premiados este año. En ellos el jurado reconoce la enorme capacidad comunicativa de marcas creadas para entidades muy significativas de nuestro panorama empresarial, la elegancia y armonía bonaerense cuajada durante veinte años vividos en Barcelona, y la inteligente aplicación de un concepto actual de diseño a un industria tan tradicional como la valenciana del mueble.

Gracias también a los creadores de estos Premios por su labor incansable en la promoción y reconocimiento de cuantos han apostado por la creatividad como tarjeta de presentación de un tejido industrial que afronta con optimismo nuevas circunstancias y pisa decididamente el umbral de nuestro futuro.

Muy gustosamente os reitero mi identificación y apoyo a esta imagen prometedora de España y de la energía de cuantos la lideran y promueven.

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