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Palabras de Su Alteza Real el Príncipe de Asturias en los Premios Europeos de Medio Ambiente

Madrid, 07.04.2000

V

engo con especial interés a entregar estos VII Premios Europeos de Medio Ambiente a la Empresa en su fase nacional, y a expresar mi reconocimiento a quienes este año los han obtenido. También quiero recordar a los cuarenta y cinco proyectos de treinta y siete Empresas que se han presentado para felicitarles también por ser candidatos. Espero que ello suponga un estímulo para mantener su línea de actuación.

Este acto tiene un significado concreto, sobre el que conviene reflexionar, siquiera brevemente, para destacar su importancia y contenido.

La preocupación por los temas medioambientales, tan presente en nuestro tiempo, no pasaría de ser una loable aspiración o un ejercicio de voluntarismo si no logramos vincularla a los agentes activos de nuestra realidad colectiva, entre los que ocupa un lugar destacado el sector productivo de bienes y servicios.

Todos podemos hablar de -o demandar- una mayor protección medioambiental, denuncia las actividades que lo degradan, asociarnos a un movimiento u Organización no Gubernamental vinculada a su defensa, como efectiva y afortunadamente hace mucha gente. Pero lo que de verdad importa, lo que cuenta al final es que eso cambie algo y se tomen las medidas o se pongan en práctica las técnicas que materialicen la protección o reduzcan la agresión.

En la actualidad vemos con esperanza el avance, tanto en la labor de los Gobiernos como del sector privado, en normativas y prácticas de creciente sensibilidad, en paralelo a una mayor conciencia colectiva  e individual hacia estos temas. Por tanto, ya sea por las leyes y sanciones, por los incentivos y presiones o por la libre y voluntaria iniciativa, está claro que nos encaminamos hacia lo que podría ser un código de conducta ético ambiental tanto para las personas en su vida cotidiana como para las empresas e instituciones en el desarrollo de su actividad.

Desde antiguo, la responsabilidad de las agresiones al equilibrio del medio ambiente y al paisaje tradicional en que se expresaba se identificó con el desarrollo industrial. Existen en España tempranos testimonios literarios y costumbristas en este sentido, referidos a dos sectores tan significativos como los ferrocarriles y la explotación de los recursos mineros.

Hasta hace relativamente pocos años, el obstáculo principal a un mantenimiento equilibrado de los recursos naturales era la falta de una conciencia colectiva favorable a su conservación, y el correlativo desinterés en asumir los costes necesarios para abordarla. Quizás también influyó negativamente el escaso conocimiento científico existente sobre las causas y efectos de muchas prácticas habituales, o nuevas, y de su uso masivo que, por otro lado, supusieron un gran desarrollo económico.

Hoy día, el sector industrial ha pasado de ser únicamente causa de los principales problemas medioambientales a ser cada vez más fuente activa  de soluciones. Asume las responsabilidades, dedica recursos para paliar o compensar los perjuicios que su actividad pueda producir, y comparte la preocupación por nuestro futuro y la fragilidad del entorno.

Debemos sentirnos orgullosos del camino que hemos recorrido y reconocer el esfuerzo de quienes, en el ámbito específicamente empresarial, han impulsado este cambio con sus iniciativas y su ejemplo.

Y debemos felicitarnos, sobre todo, porque este nuevo planteamiento no es una respuesta superficial ni una moda pasajera, sino que responde a un cambio profundo de nuestra sociedad y a un concepto diferente de su sistema de relaciones.

Vamos hacia el convencimiento, enormemente práctico e integrador, de que el desarrollo de los intereses colectivos es compatible y puede lograrse plenamente con el concurso, e incluso mediante la satisfacción, de los intereses individuales y sectoriales que constituyen y dan cuerpo al conjunto de nuestra sociedad.

La conservación del medio ambiente es uno de nuestros principales intereses colectivos. La importancia cada vez mayor del mundo de los negocios en el diseño del futuro, supone que los hombres de empresa den un valor prioritario al factor medioambiental como contribución al bienestar de las generaciones presentes y futuras.

Muchos empresarios, dentro y fuera de nuestro país, han dejado de percibir el medio ambiente y el anhelo colectivo por mantenerlo y mejorarlo como una amenaza para la cuenta de resultados, sino todo lo contrario. Han visto cómo se abren nuevas oportunidades que se corresponden mejor a los deseos de la sociedad a la que intentan servir. Podemos comprobar como en España -y en todo el Mundo- están aumentando tanto los recursos como "la materia gris" que la Industria y la Empresa dedican al Medio Ambiente.

Vemos con satisfacción cómo la variable ambiental se incorpora cada vez con más fuerza en los proyectos empresariales de éxito, y cómo las empresas van más allá de las exigencias legales, cumpliendo el que muchos ya consideran su deber cívico como agentes sociales de gran influencia.

Pero este esfuerzo nos atañe a todos. Necesitamos industrias respetuosas que conviertan en factor de eficacia la escasez de los recursos y que aprovechen las capacidades que los saberes científicos y tecnológicos nos ofrecen. Necesitamos que las Administraciones sigan trabajando para salvaguardar nuestro patrimonio y lo defiendan con rigurosidad de las posibles agresiones.

Las Instituciones educativas, sociales y culturales, y en lugar destacado los medios de comunicación, deben seguir ejerciendo su papel en la formación de una conciencia colectiva en esta materia. Cada persona debe ejercer con firmeza e inteligencia su papel de consumidor responsable, consciente de que su conducta es decisiva a la hora de elegir y convalidar prácticas responsables para la conservación de nuestro entorno.

El porvenir hacia el que caminamos nos ofrece innumerables oportunidades de desarrollo, que sólo se obtendrán de forma real si somos capaces de actuar teniendo en cuenta, más allá de nuestras aspiraciones personales o de grupo, las de la sociedad en su conjunto.

Pues bien, señoras y señores, quienes reciben los Premios que hoy tengo la gran satisfacción de entregar han logrado en estas áreas un nivel de excelencia que merece nuestro aplauso. Muy sinceramente les felicito por estos galardones que han merecido. Tras ellos hay un trabajo no exento de dificultades en la búsqueda de soluciones que permitan hacer cada día más compatible el desarrollo económico, la preservación de nuestro entorno y el bienestar de los ciudadanos.

La evaluación del comportamiento medioambiental, con especial atención a los aspectos de formación, investigación y comunicación; el ahorro energético y la minimización de emisión de contaminantes atmosféricos; la aplicación de tecnologías de bajo costo a la gestión de residuos y la mejora de condiciones de vida de quienes viven y trabajan en este entorno; y el enfoque de los establecimientos y promotores turísticos hacia una mejor conservación del patrimonio natural y cultural, son los aspectos más relevantes de los proyectos distinguidos en esta edición.

Quiero también destacar la colaboración del Ministerio de Industria y Energía, de la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales y de la Fundación Entorno en su tarea de hacer realidad el certamen que hoy nos ocupa; con ello dan prueba, una vez más, de su compromiso con esta labor.

A todos quiero animarles a continuar en esta tarea, en la convicción de que el verdadero desarrollo y bienestar es aquel que asegura su continuidad en el futuro, promoviendo que el mundo que transformamos sea, tras nuestro paso, más humano, más estable y más solidario.

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