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Palabras de S.M. el Rey ante el Monumento al Holocausto

Salónica, 28.05.1998

S

eñor Presidente de la Comunidad Sefardita de Salónica,

En mi visita a esta bella ciudad no podía dejar de acercarme al  memorial en recuerdo de las víctimas del holocausto que erigísteis el año pasado. Vuestra valiente decisión  de recordar a todo trance una de las experiencias más dolorosas que haya sufrido el hombre en todo su historia es la mejor arma para que nunca puede volver a repetirse nada igual.

España se vio concernida muy directamente por la suerte de los sefarditas tesalonicenses tras la ocupación nazi. Ya en 1924 se promulgó un Decreto que concedía la nacionalidad española a los sefarditas que cumpliesen ciertos requisitos. Varios centenares de ellos hicieron uso en Salónica de este derecho y, de esta manera, medio millar de judíos tesalonicenses habían adquirido la nacionalidad española cuando se produjo la invasión alemana.

Cuando se iniciaron las deportaciones, España hizo valer ante Alemania la protección diplomática de sus nacionales y consiguió así salvar muchas vidas.

Queremos en estos momentos recordar la labor de Sebastián Romero Radigales, a la sazón Ministro de la Legación de España en Atenas, sin cuya generosa dedicación e ímprobos esfuerzos no se hubiera podido sensibilizar con la requerida urgencia a las autoridades centrales sobre lo desesperado de la situación de los compatriotas hebreos.

Muchos sefarditas que no tuvieron el pasaporte español, siguieron considerándose españoles, así como siguieron conservando su lengua, el judeo-español, por fidelidad a sí mismos.

Hoy día, los descendientes de la otrora floreciente comunidad hebrea de Salónica son leales patriotas de la República Helénica, cuya lengua han adoptado con paulatino olvido del judeo-español. Todo ello es comprensible y digno de alabanza y totalmente compatible con el deseo de España de reincorporar al tronco de la cultura española a todos aquellos que en su día se sintieron españoles.

El Gobierno español no hace muchos días ha tomado la decisión de aportar la cantidad de 250 millones de pesetas a la Organización Mundial Sefardí. Enmarcada en la tradicional política española de apoyo a los miembros de la comunidad sefardita, esta decisión expresa de manera elocuente la solidaridad de España con la víctimas sefardíes que sufrieron persecución durante el holocausto y en años sucesivos.

Que Dios -o, como decís en la hermosa lengua judeo-española, el Dio- os siga dando fuerzas para sobrellevar el luctuoso recuerdo del holocausto, al tiempo que os proteja, y también a nosotros, para que nada parecido vuelva nunca a suceder.

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