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Palabras de Su Majestad el Rey en Sevilla

Sevilla, 29.03.1976

S

evillanos, muchas gracias por esta acogida, por este cariño con que nos recibís, a la Reina y a mí, en nuestro primer viaje a Andalucía, en el que vamos a visitar cuatro provincias hermanas, esperando vivamente poder visitar en breve las otras cuatro.

Vuestra simpatía y vuestro afecto nos llenan verdaderamente de emoción, y a ella se une el encanto de este lugar maravilloso en que nos encontramos, del que no se sabe qué admirar más, si la presencia viva de la historia en estos momentos únicos o la belleza que se nos entra por los ojos, esta belleza sevillana, hecha de gracia y de siglos, y que por ello es también de alguna forma historia.

Yo sé que os ha traído hoy aquí un sentimiento de cariño y adhesión hacia nosotros, que agradecemos profundamente. El Rey viene a estar cerca de vosotros, a conocer de vuestros labios vuestros problemas, consciente de que muchos de ellos son graves, difíciles y complejos. También sé que al congregaros en el Alcázar y en las calles de Sevilla estáis dando testimonio de adhesión a la institución que encarno, la Monarquía de España. Al hacerlo así sé que estáis además representando a millares de hombres y mujeres de Sevilla y de su provincia, y a millones de andaluces y de españoles de todas clases y condiciones que ven en la Monarquía la institución más adecuada para constituir la forma moderna, actual, de nuestro Estado, de una manera que es, a la vez, respetuosa con nuestra historia y esperanzadora para el porvenir.

La Corona entendida como suprema representación de la nación está al servicio del pueblo español para garantizarle la paz social, el respeto a las leyes y la estabilidad del Estado. La Monarquía, por ser de todos y no de ningún grupo ni partido, puede asegurar la libertad de cada uno en el respeto de los demás, la unidad de la nación en la diversidad de sus pueblos, la igualdad de los ciudadanos y su acceso ordenado a los bienes económicos y espirituales que nuestra sociedad, joven y dinámica, puede crear con el esfuerzo de todos y para el disfrute de todos.

En esta tarea me esforzaré siempre, pido a Dios que con toda constancia, serenidad y acierto. Para ello solicito vuestro concurso, porque la conservación y la mejora de cuanto tenemos, así como las más prometedoras empresas para el futuro, serán posibles y darán su fruto si acometemos la tarea juntos y perseveramos juntos en ella.

Sevillanos, andaluces todos, españoles, desde esta Sevilla inmortal, capital en su día del reino, que nunca «ha dejado» a sus Reyes, como reza orgulloso vuestro escudo, os animo a que superéis todas las dificultades que nos rodean, a que mantengáis la confianza en nuestras instituciones, a que combinéis la necesaria vigilancia y firmeza con la serenidad y la propia disciplina. Y como señal de nuestro decidido compromiso, gritad conmigo:

¡Viva España! ¡Viva Sevilla!

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