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Discurso de Su Majestad el Rey en la Casa de España de Santo Domingo

República Dominicana(Santo Domingo), 01.06.1976

L

a Reina y yo queremos expresaros nuestro emocionado agradecimiento por haber querido hoy compartir vuestro tiempo con nosotros en esta Casa de España, logro magnífico de vuestros esfuerzos.

Quienes aquí os encontráis, venidos desde los más apartados rincones de esta Isla, representáis para nosotros no sólo el afecto tradicional que los españoles de América manifestaron siempre hacia la Monarquía, incluso en los momentos aparentemente más antagónicos, sino que también constituís el símbolo de los millones de compatriotas llegados a este Continente, a cuya configuración y desarrollo tanto habéis contribuido.

En esta casa que, con tanto gusto y tanto acierto arquitectónico, habéis construido es para vosotros lugar de esparcimiento en el que disfrutáis del merecido descanso, centro cultural cuyo núcleo es la magnífica biblioteca que me habéis mostrado y, sobre todo, hogar de vuestros recuerdos. En ella os reunís para conmemorar vuestras fiestas regionales, comentar las noticias que os llegan de la patria, recordar los paisajes y las gentes que dejasteis allá.

Aunque mi estancia entre vosotros tenga que ser muy breve, yo quisiera llevar a vuestro ánimo la seguridad de que en España se os recuerda y se os admira porque formáis parte de ese largo y glorioso capítulo de historia hispanoamericana del que son protagonistas descubridores, misioneros, conquistadores, maestros, científicos y colonizadores, artistas y gobernantes, trabajadores y empresarios.

A todos ellos, dedico, como español y como Rey, el tributo de mi homenaje que hago extensivo -con mayor énfasis si cabe- a la mujer española en América, la que, con sacrificios y renuncias, supo entregar lo mejor de su ser, tanto al cuidado y formación de los naturales, como transmitir a sus hijos las virtudes y la forma de entender la vida que de niña aprendió en su hogar de Galicia, de Castilla, de Extremadura o de Andalucía.

No quiero terminar estas palabras en esta hora sin expresaros mi convicción de que debemos concentrar nuestras energías, más que en la especulación sobre el pasado, en la búsqueda de fórmulas de colaboración con nuestros hermanos de América -cuya hospitalidad nunca agradeceremos bastante- para lograr construir esa sociedad mejor que todos deseamos para nuestros hijos. Son, sin duda, grandes las dificultades, pero no olvidemos que el legado que heredamos de esos héroes de España y de América fue precisamente ése: que no hay obstáculos insuperables si llevamos en nosotros la voluntad de vencerlos.

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