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Palabras de Su Majestad el Rey en la apertura de la III Legislatura Constitucional

Madrid, 28.07.1986

S

eñor Presidente del Congreso de los Diputados, señor Presidente del Senado, señor Presidente y señores ministros del Gobierno, señoras y señores diputados y senadores, el pueblo español os ha elegido para una nueva legislatura, que deseo de todo corazón sea fructífera en orden a satisfacer las aspiraciones y las necesidades de la sociedad a quien os corresponde servir con amor y lealtad. En este ámbito de las Cortes Generales se alberga y se genera la esencia de la democracia. Su continuidad os respalda y apoya, porque vuestro compromiso se vincula al que cada español mantiene con el presente y con el futuro democráticos. Es el compromiso de trabajar con dedicación y generosidad por los propósitos de gran alcance que estimulan la dinámica de nuestro tiempo, como son: ahondar en la libertad, vivir en la justicia, ansiar la prosperidad y convivir en armonía.

En otra ocasión señalé, en este hemiciclo, que aquí con vosotros se sienta y habla el pueblo mismo. Un pueblo que se integra y prolonga en todos los sectores sociales y espera, con ilusión, el resultado de cuanto decidáis. Sé que no vais a defraudarle, estoy seguro de que cada palabra, cada deliberación, cada acuerdo o discrepancia, no será consecuencia de una determinación improvisada o de un criterio previo de distanciamiento, sino una proyección del propio sentir, maduro, consciente y bienintencionado. Los programas de los partidos que sostienen la concordancia democrática, son lógicamente distintos; recogen y juzgan los problemas sociales, económicos y políticos desde posiciones diferentes, afines en ocasiones y contrapuestas en otras; unas radicalizadas e innovadoras, otras en consonancia con una trayectoria ya consagrada, pero todos ellos confluyen en una misma dirección. Esa dirección es el servicio a la nación, a los ciudadanos, al latir de su vitalidad, cauce propicio de engrandecimiento. Esto es lo que nos une e identifica, la voluntad de respetar los fines últimos y nobles que, como miembros de una patria común, debemos sostener. Siendo la responsabilidad la misma para todos, a la mayoría parlamentaria le corresponde, sin embargo, la capacidad de mantener y aplicar el programa triunfante en las elecciones y sostener la acción del gobierno en cada circunstancia. Del parlamento ha de emanar la luz que orienta nuestra marcha y sostiene el rumbo de la comunidad. Sus destellos por tanto, han de ser claros, abarcando en un haz a todos y cada uno de los ciudadanos. Tengo la certeza de que elaboraréis leyes y normas que nazcan del diálogo, la comprensión mutua y el intercambio de criterios realistas vinculados a las necesidades apremiantes de nuestro presente. Que se dicten pensando en ese pueblo nuestro que siempre está dispuesto al trabajo, que cree firmemente en el porvenir y que ha dado pruebas, a lo largo del período de construcción de la democracia, de sus deseos de paz y de su fe en los destinos de España.

El corazón de cada español alberga el convencimiento de que hemos superado los radicalismos y se ha abierto ante nosotros una era de convivencia nacional, por encima de los enfrentamientos seculares que cristalizaron en la dramática dualidad histórica de las dos Españas. Unamos esperanzas y realidades positivas, sueños y posibilidades, respetando pluralismos y aprovechando todas las capacidades. Hay una modernidad material, técnica y organizativa, a la que accedemos lentamente en una Europa que camina de forma acelerada hacia el nuevo siglo. Pero hay también otra modernidad aún más importante, porque tiene un contenido ético: la de entendernos socialmente, la de fomentar la cultura, la esperanza y la unión, en esta fértil y maravillosa identidad histórica que es nuestra España. El proyecto de vida que sostiene la voluntad democrática de los españoles es nuestra Constitución, a cuya primera década asistimos, perteneciendo ya de derecho, como antes pertenecíamos de hecho, por nuestra historia y nuestra cultura, a la Europa Comunitaria. Ese modelo es el del respeto a los derechos de la persona, la convivencia en la disparidad, la independencia de la justicia y la libertad de información. Esta legislatura debe avanzar incansablemente en la realización plena de la Constitución, con coraje y decisión, hasta alcanzar en realidad sus objetivos de justicia, prosperidad y libertad, sin que estos conceptos queden reducidos a palabras que se conviertan en tópicos. Porque legislar, gobernar, aplicar las normas democráticamente elaboradas y promulgadas, es impedir que el miedo, la fatiga, la desilusión o la inhibición se impongan sobre los deseos de colaboración y el impulso de convivencia de los ciudadanos.

Gobernar democráticamente es fomentar la participación del pueblo y abrir cauces de permanente capacidad de diálogo.Gobernar es crear fuentes de riqueza, estimular la producción, dar vuelo a la capacidad creativa profesional y laboral, establecer las condiciones de confianza necesaria para llevar a la práctica nuestras posibilidades socioeconómicas.Gobernar, en definitiva, es aunar voluntades, suscitar entusiasmo por la tarea común de elevarnos como pueblo y encontrar el mejor camino que nos conduzca al logro del bienestar de la nación.

Los problemas de los próximos años se nos van a presentar y habrán de resolverse en un marco más amplio, jurídico, político y estratégico, que el que nos ha servido hasta ahora como referencia en nuestras aspiraciones. Ese marco es Europa. Nuestro diálogo dentro de la Comunidad ya no es sólo de compromiso humanístico e histórico, sino de vinculación profunda y permanente. Hemos de responder decididamente a este esfuerzo de integración y de responsabilidad, porque queremos para España una plenitud de funciones y una defensa eficaz de nuestros intereses. Enlazar ambas realidades es una tarea importante para la que nuestros representantes en el parlamento comunitario han de disponer de los mejores recursos negociadores. A la vez han de trasladar, con alto espíritu de armonía y convivencia, el diálogo que se genere en estas Cortes Generales a la conciliación de los intereses nacionales y los comunitarios. La sociedad española espera mucho de esa labor porque vive en sus propios intereses los resultados de negociaciones y acuerdos en los distintos sectores de la comunidad. Europa no es ya un punto de referencia, sino una condición de nuestro futuro.

El pueblo es plural en sus manifestaciones, sincero en sus amores e insobornable en su soberanía. Y es también unánime en su exigencia ante quienes realizan las honrosas tareas de legislar y gobernar. No podemos perder un minuto ni permitirnos una pausa, porque la tarea es inmensa y la nación crece en nobles ambiciones y en energías que necesitan encaminarse a una mayor prosperidad. Por ello, hemos de ser los primeros en ese empeño y mantener encendida la antorcha del ejemplo y la alegría que proporciona el privilegio de servir a España. Os exhorto a proseguir con ilusión y con fe, en la labor de legislar con altura de miras, sintiendo que nuestro pueblo, a la vez viejo por su historia y joven por su vitalidad, avanza sin cesar y quiere aprovechar al máximo los recursos que generaciones anteriores nos han dejado con su sacrificio. En este sentido, nos corresponde acrecentar lo heredado y avanzar en lo conseguido hasta este momento. En la economía, potenciar la tecnología con los nuevos modelos que nos brinda el progreso; en lo social, mejorar la distribución de recursos a toda la sociedad; en la cultura y en la educación, establecer los medios para que nadie pueda padecer el dolor de su marginación en la dimensión más importante del hombre.

Cuando las leyes propician y consolidan estos bienes, son garantía de futuro. Desde las leyes justas, amparadoras de deseos objetivos, capaces de posibilitar la actividad, el encuentro y la colaboración de los ciudadanos, la Corona, cumpliendo el mandato constitucional, estará a la vanguardia de vuestra tarea en aras de una gran política engrandecedora de España.No puedo terminar mis palabras en esta ocasión sin expresar la más enérgica condena a la violencia terrorista, que al ensangrentar las tierras de nuestra patria, nos llena de dolor e indignación, y conturba la paz tan necesaria para nuestro progreso. Apelo a todos los españoles y hago un solemne llamamiento al esfuerzo común para erradicar esa plaga que pretende atentar criminalmente contra la libertad y la democracia.

Que en éste y en todos los aspectos podamos contemplar un horizonte de esperanza y que en el período legislativo que ahora se inicia, logréis los mayores éxitos para beneficio de nuestro pueblo.

Queda inaugurada la legislatura.

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