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Palabras de Su Majestad el Rey en el acto de recibir el Collar de la Orden de Quetzal

Guatemala, 10.09.1977

S

eñor Presidente:

Nos acabáis de imponer, a la Reina y a mí, las insignias de la Orden del Quetzal, símbolo sagrado y poético que con tanto acierto conserva Guatemala.

Rara vez en la Historia, ha mitificado el hombre un animal de más acabada hermosura. Permitidme rinda un homenaje a la sabiduría profunda de los pueblos mayas. El temple y la grandeza del hombre se manifiestan muchas veces en sus mitos y en sus símbolos. Optar por la belleza que la naturaleza ofrece, constituye una prueba inconfundible de madurez.

Los vestigios admirables legados por los mayas, su cerámica, sus pinturas, sus esculturas, sus obras arquitectónicas y sus técnicas textiles, encuentran en el quetzal su más auténtica representación. Esa civilización, que lograba precisiones admirables en la medición del tiempo y en el cultivo de la tierra, y en sus doctrinas filosóficas, nos brindan, en la agitada vida de hoy, niveles de armonía ejemplares que Guatemala hace muy bien en atesorar y difundir.

A la hora de las grandes empresas nacionales o cuando llega el momento de hacer frente a la adversidad, esa sabiduría, dinámica y constructiva, se une al espíritu esforzado y de empresa que desde el otro lado del Atlántico vino a fundirse con ella para configurar la nueva realidad.

Desde los albores del siglo XVI, ambos pueblos iniciaron una convivencia que pronto granó en un mestizaje fecundo. Los monumentos perpetúan esa compenetración de razas y de artes. La ciudad de Antigua se yergue como un testimonio de la voluntad de fundar y enraizar de Pedro de Alvarado; sus templos barrocos recogen la labor creadora de los pueblos que los labraron; sus ruinas revelan las inclemencias sísmicas que juntos tuvieron que afrontar.

En la madrugada del 4 de febrero del año pasado, la tierra volvió a asolar Guatemala. España se unió a vuestro dolor y aportó su ayuda. Nuevamente admiramos el espíritu de lucha del pueblo guatemalteco frente a la adversidad. Una vez más el mito del quetzal y el símbolo de Antigua afloraron como permanente lección histórica. Lección de serenidad maya y de impulso cristiano, que en la postración exige el resurgimiento a través del esfuerzo y la dignidad.

Esfuerzo y dignidad que también ejemplariza la Nación guatemalteca cuando se trata de defender sus derechos históricos y sus límites territoriales. España no duda que lograréis vuestros justos deseos, y hace votos para que le sean reconocidos, de una forma pacífica, a través de una solución negociada.

Señor Presidente:

Todo esto simboliza, para la Reina y para mí, estas insignias que nos habéis impuesto y que os agradecemos de todo corazón.

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