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Palabras de S.M. el Rey a las Fuerzas Armadas en la Pascua Militar

Madrid, 06.01.1977

C

on motivo de la Pascua Militar quiero enviar mi más efusiva felicitación a todas las Fuerzas Armadas, exhortándolas una vez más a seguir por el camino del deber, del honor, de la disciplina y de la lealtad.

Me siento orgulloso de mandaros y sé con cuanto entusiasmo y abnegación os entregáis a esa labor maravillosa de formar soldados, que en definitiva son hombres que al consagrarse por completo al servicio de España, constituyen la esencia misma de los valores patrios.

Nuestra profesión exige una gran vocación. Es cierto que para el correcto desempeño de sus funciones, los ejércitos necesitan de unos medios modernos y eficaces, y por ello dentro de nuestras posibilidades vamos a tratar de potenciar a nuestras Fuerzas Armadas. Pero no podemos olvidar que es el hombre, vosotros, nuestros soldados, los que tienen que manejar esos medios que de muy poco nos servirían, si nuestra moral estuviera decaída o adormilada.

La disciplina, difícil de conservar en algunas circunstancias es el fundamento más firme en el que se tienen que apoyar nuestras Fuerzas Armadas. Sin ella no es posible la acción de mando. El principio de autoridad debe prevalecer en todo momento y circunstancia. No debemos concedernos flaquezas ni a nosotros mismos, ni permitirlas en nuestros subordinados.Pero la disciplina debe estar basada en el espíritu de justicia y en el prestigio del mando. Cuando se manda hay que hacerlo de la forma más justa que permita nuestra condición humana, pero en todo caso nunca se nos exime del cumplimiento de la orden recibida.

Somos profesionales del honor y la caballerosidad. Debemos sentirnos orgullosos del pasado histórico y la tradición de nuestros ejércitos y no podemos traicionar ese legado de elevado contenido espiritual del que somos depositarios y que debemos transmitir a las generaciones futuras.

Resulta especialmente duro, en ocasiones, el ejercicio de la lealtad, pero es el complemento insustituible del espíritu de disciplina que debe animarnos a todos.

Mantengámonos unidos, coordinemos nuestros esfuerzos, no nos dejemos intimidar por aquellos que desearían con buenos ojos vernos caer en el desaliento, la desmoralización y la desunión. Somos fuertes, pero vivimos en un mundo, ciertamente difícil y hemos de estar prevenidos contra la tentación y el engaño.

Os repito mi felicitación en tan señalado día y creedme, vuestro Rey os tiene muy cerca de su corazón porque sabe vuestro valer, vuestra abnegación y vuestro espíritu de servicio a España.

¡Viva España!

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